lunes 14 septiembre, 2020
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125 días que cambiaron al Táchira | El vaivén de la frontera

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Esta semana se registraron tres nuevos casos comunitarios en San Antonio del Táchira

De lunes a viernes siguen ingresando retornados, en grupos de 350 por día


Por Jonathan Maldonado

Nathalia Fuentes, de 23 años, se hallaba apostada en la avenida Venezuela, en San Antonio del Táchira, muy cerca de la pared metálica que recientemente fue reinstalada en la zona y que deja un margen muy estrecho para quien desee cruzar hacia la aduana principal de la ciudad, que funge en la actualidad como Punto de Asistencia Social (PAS).

Eran cerca de las 9:00 a.m. de aquel jueves, día 123 de cuarentena social. La joven portaba un tapaboca de color negro, y a su lado tenía un carrito cargado de cuatro termos de café. “Los funcionarios de la GNB me pidieron que me retirara del lugar, pero aquí es donde suelo vender algunos vasos”, dijo algo resignada ante el escenario provocado por la pandemia.

A esa hora, las calles y demás vías lucían solas. Alguno que otro transeúnte o vehículo interrumpían el silencio ocasionado por el toque de queda, el cual va desde las 4:00 p.m. y hasta las 10:00 a.m. del día siguiente. “Antes salía con el triple de termos y vendía todo”, aclaró Fuentes.

Ese antes, data de cuatro meses atrás, cuando los puentes binacionales, en especial el Simón Bolívar, seguían abiertos para el tránsito peatonal. El río de gente que se registraba a diario y que surcaba la avenida para poder cruzar el tramo binacional, era la principal clientela de quienes se dedicaban a la economía informal, entre ellos Nathalia.

La dama, pese a las adversidades, no se amilana, sigue adelante. Vocifera la frase “vendo café sabroso, a 500 pesitos”, al observar a los pequeños grupos que se acercan a la avenida: la mayoría pacientes crónicos o con alguna otra patología grave que requieren ir a Colombia para seguir con el tratamiento.

Ya cuando el reloj marca las 10:00 a.m., suele aumentar el flujo de personas y vehículos en la ciudad fronteriza. Gran parte de los ciudadanos busca cumplir con sus diligencias en el margen establecido para la circulación: de 10:00 a.m. a 4:00 p.m.

Priorizados y no priorizados

En la zona de frontera, los negocios priorizados y no priorizados suelen abrir sus puertas en el lapso que prevé el decreto. Cierran antes de las 4:00 p.m.,  para evitar ser sorprendidos en las calles por funcionarios de los organismos de seguridad.

Y es que cierta flexibilización ha habido a lo largo de estos 125 días de confinamiento para frenar la propagación de la covid-19. El dueño de una zapatería sube la santamaría, mientras el local vecino hace lo mismo para ofrecer su venta de víveres. Todos están conscientes del nuevo ritmo y de la dificultad al momento de las ventas.

El coronavirus también ha sacudido a la frontera, la ha enmarcado en un escenario bastante complejo y con matices que han golpeado los bolsillos de la mayoría. “Hasta cuándo la pandemia”, es la pregunta que se hacen casi todos. La paralización de la economía informal y las pocas opciones para obtener el sustento diario, incrementan la preocupación en los residentes.

Algunos, pese a la radicalización de las medidas para frenar el virus, abren sus negocios antes de la hora pautada, esto con el propósito de aprovechar el día. Las ventas, en todas las áreas, cayeron considerablemente como consecuencia de una pandemia que no ha dado tregua y sigue cobrándose miles de vidas.

Trochas, el talón de Aquiles de la frontera

Pese a los controles que se han anunciado para evitar el ingreso al país por las llamadas trochas, el goteo persiste en horarios específicos. Recientemente, en un operativo efectuado por la Alcaldía, Cuerpo de Bomberos y la Policía del estado Táchira, se sorprendió a cerca de 58 ciudadanos en un estacionamiento clandestino, ubicado en el barrio Ocumare.

En ese instante, los connacionales, cargados de productos adquiridos en el vecino país, reconocieron que habían entrado a la nación por los caminos verdes y esperaban a que se dieran las 11:00 o 12:00 de la madrugada para salir de la ciudad. Se dirigían hacia municipios como Los Capachos, Junín y San Cristóbal.

Frente a este panorama, los caminos irregulares se están convirtiendo en el talón de Aquiles de una frontera receptora de retornados que son trasladados a los puntos de alojamiento para cumplir con los protocolos de bioseguridad y de aislamiento.

De acuerdo con un ciudadano que prefirió no ser identificado, las trochas tienen sus horarios para que la gente pueda ir a Colombia, hacer sus compras, y regresar a Venezuela. “Ya no se registra el mismo ritmo de antes, pero siguen activas”, recalcó, para luego dejar por sentado que la necesidad lleva a muchos a pasar por estas rutas irregulares.

Paso intermunicipal suspendido

Nathalia Fuentes recuerda que el paso intermunicipal está suspendido. Mira a lo largo y ancho de avenida. La soledad reinante le hace soltar un suspiro de preocupación. “Es difícil seguir así, pero prefiero esto a regresarme a mi ciudad. Allá no hay nada que hacer”, indicó la joven al tiempo que agradecía a la dueña del alquiler por no presionarla con el pago.

Mientras la jornada de Fuentes avanzaba, sin que los resultados fueran los más deseados, el vaivén fronterizo sigue marcando la pauta del día ante medidas que se han agudizado para bloquear la pandemia.

“Hay días que no vendemos nada”

José Luis Prado, Luz Durán y Marcos Suárez son tres sanantonienses que viven de lo que logran vender a diario. El primero recorre la ciudad de San Antonio del Táchira, ofreciendo café, mientras los otros dos tienen sus negocios en la avenida Primero de Mayo, donde convergen otros comerciantes.

Prado, de 55 años, lleva más de dos lustros ofreciendo café, chocolate y té. “Anteriormente salía con 16 termos, ahorita, por la situación que se vive con la pandemia, solo saco seis”, precisó quien se levanta a las 4:00 a.m. para poder estar antes de las 6:00 a.m. caminando por las calles de la frontera.

José Luis Prado. (Foto/Jonathan Maldonado)

“En los meses de no pandemia, todo iba bien, se vendía más y el dinero alcanzaba para varias cosas”, indicó el caballero, al tiempo que dejó claro que siempre está atento al cumplimiento de las medidas de bioseguridad para no exponer su salud, ni la de los demás. “Esto está bravo, pero hay que hacerle, no hay de otra”, enfatizó.

Entretanto, Luz Durán, encargada de una zapatería en la avenida Primero de Mayo, aseguró que hay días en los que no vende nada. “Esta semana solo he vendido un par de zapatos, y fue el lunes; el resto de los días no ha salido nada”, detalló con tono de preocupación mientras terminaba de organizar parte de la mercancía que ofrece.

Luz Durán. (Foto/Jonathan Maldonado)

La variedad en modelos y precios, tanto para damas como para caballeros y niños, está presente en su local. “La idea es que cuando el cliente entre, tenga varias opciones y compre el que más le guste. Los precios varían, desde los 25.000 y hasta los 50.000 pesos”, puntualizó quien suma más de 12 años dedicada a la vente del producto.

(Intertitulo)

“La alternativa fue el tapaboca”

Marcos Suárez, comerciante y profesor, tuvo que ingeniárselas, junto con su esposa, para mantener abierto su negocio de ropa, ubicado en la avenida Primero de Mayo. “El tapaboca fue la alternativa”, señaló quien en la actualidad tiene una gama de modelos, para todos los gustos y bolsillos.

Marcos Suárez, comerciante. (Foto/Jonathan Maldonado)

“Vendemos desde unos sencillos, en 1.500 – 2.000 pesos, hasta los más sofisticados en 15.000 pesos”, señaló Suárez, para luego acotar que hay días en los que nadie compra, ni siquiera un tapaboca, afectando el sustento de los suyos, que dependen de lo que hace a diario en el local.

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