jueves 27 enero, 2022
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El turismo emigró de San Pedro del Río

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Juan José Contreras


San Pedro del Río, en el municipio Ayacucho del estado Táchira, es una de las joyas turísticas de la entidad. Sus casas de estilo colonial y calles empedradas son de una belleza particular. Pero hoy, sus habitantes se enfrentan a una serie de circunstancias que pulverizan el turismo, su principal fuente de ingresos.

Hasta hace algunos años, el pueblo se llenaba de visitantes para disfrutar en familia de dulces típicos, restaurantes, posadas, ventas de artesanías y paseos a caballo. Fue incluso, en el año 2001, el escenario de la telenovela de época de Radio Caracas Televisión “La Soberana”. Diecinueve años después, espera por nuevos y mejores tiempos que reactiven la actividad turística.

Hiperinflación y escasez de gasolina son algunas de las situaciones que han cambiado la dinámica de la emblemática población tachirense.

Dificultades

Berta Casanova

Berta Casanova lo recuerda. “Antes las navidades eran muy concurridas, el ambiente del 24 y el 25 de diciembre, la quema de pólvora de fin de año o el primero de enero, hacían pequeño al pueblo. Los carros se estacionaban en la autopista y los visitantes caminaban hasta aquí. El diciembre pasado fue como un día de semana”.

El máximo de visitantes registrado en San Pedro del Río en un día fue durante la quema de pólvora de diciembre de 2010. Se estimaron 18 mil personas. El congestionamiento en la autopista vía Colón por la celebración del nuevo año en la población turística generó una fila de automóviles que llegó hasta Copa de Oro en el municipio Guásimos. En la actualidad, antes de la cuarentena ya las calles empedradas lucían vacías.

Para la propietaria de la posada turística y dulcería “Mi Vieja Escuela”, la situación con la gasolina en el estado Táchira -ahora palpable en gran parte del territorio nacional- fue uno de los detonantes del poco movimiento de los turistas.

Aunque el pueblo conserva sus atractivos, hoy se mantiene en suspenso. Berta Casanova lamenta que todo esté prácticamente paralizado. “Ya ni de Colón vienen visitantes, que es aquí en el mismo municipio. No hay viajeros como antes y San Pedro del Río vive del turismo”.

Al paisaje de fachadas con tejas y postes con faroles antiguos ahora se suman los tapabocas por la pandemia, que ha afectado aún más la situación del pueblo. Los habitantes de San Pedro del Río se esfuerzan por sobrevivir en una localidad que no cuenta con abastos o supermercados, pues todos están en San Juan de Colón, capital del municipio Ayacucho. Solo cuentan con bodegas, que se surtían en su mayoría de Cúcuta y ahora la frontera está cerrada.

A Berta Casanova le preocupa que la gente está gastando sus ahorros porque no hay ingresos. Para ella es una situación difícil como pueblo turístico. “El que posee una tienda de artesanía pero también tenía un solar, se ha puesto a sembrar, por lo menos para tener la comida de ellos: guineo, yuca, maíz, verduras y hortalizas”.

Desde siempre los jóvenes de San Pedro del Río percibieron ingresos y hasta costearon sus estudios universitarios trabajando en el turismo, como personal de las posadas, mesoneros en los restaurantes. Desde hace unos años, la crisis los obligó a emigrar. Otras generaciones se quedaron por su patrimonio de tantos años.

Pero la gente no se rinde. Casanova contó que algunos artesanos que tenían material han estado trabajando, haciendo piezas y mercancía en espera de mejores tiempos. Otro de sus conocidos, dueño de un restaurante, cerró y se puso a sembrar en un terrenito. “No nos rendimos, no tiramos la toalla”.

Pero Berta Casanova es optimista, pues recuerda que cuando en el Táchira no se creía en el turismo, los habitantes de San Pedro fueron pioneros. “Yo desde los años 80 me he movido en ese ámbito, viendo desarrollos turísticos en todo el país. Ahora estamos en estas circunstancias, pero vienen los relevos generacionales, el turismo va ser el futuro de Venezuela”.

Reinventarse

Desde agosto de 2018, fecha de la reconversión monetaria, San Pedro del Río ha visto disminuir el número de visitantes. Aimara Duque suma a eso la hiperinflación, más antigua que la reconversión, que fue el elemento que acentuó todo. “En diciembre de ese 2018 ya se vieron menos turistas en el pueblo”.

Aimara Duque

La emprendedora Aimara Duque creció en San Pedro del Río, es propietaria de una dulcería y artesanía, negocio en principio familiar iniciado por sus tías y su madre, Modesta Ramírez, quien hoy cuenta con 83 años de edad.

Dadas las circunstancias, Aimara buscó nuevos escenarios. “En mi caso, tuve que reinventarme con mayoristas, llevando el dulce a los lugares donde podía haber un poco más de gente, como en San Cristóbal”.

Ella cree que la situación actual es coyuntural. “Si de algo tengo certeza al 100%, es que de esta, primero Dios y la Virgen, salimos”.

El ambiente de San Pedro del Río es muy tranquilo. Aimara Duque cuenta que algunos negocios se han mantenido, otros han tenido que cerrar y muchos se han reinventado.

Con la cercanía del pueblo a la carretera vía Ureña, lugar muy transitado en tiempos de hiperinflación por ser uno de los pasos fronterizos para la ciudad de Cúcuta, viajeros de ida y vuelta consideraban a San Pedro del Río como el lugar ideal para pasar la noche. Por ello Aimara Duque incursionó en el negocio hotelero. Ahora con la frontera coyunturalmente cerrada, los posaderos del pueblo ven esa industria paralizada. Aun así están preparados para reactivarse una vez se den las condiciones.

Elementos como la hiperinflación y la falta de gasolina son elementos que cambiaron la dinámica del lugar turístico por excelencia en el Táchira. “Ahora está todo paralizado, así como abrimos cerramos, sin vender ni un dulce”.

Pero la gente en San Pedro del Río no se rinde. “Las personas son  de mucha oración, se le reza a la Divina Misericordia, por eso es que de repente la gente sale adelante, ante las circunstancias”, atestigua Duque.

La fe es una de las características de los tachirenses. San Pedro del Río desde sus mejores tiempos ha sido testimonio de ello. La iglesia luce sus características de antaño, igual que las calles y casas. Allí, los oficios religiosos desde bautizos, pasando por misas de acción de gracias, hasta bodas, tienen una originalidad que cautiva.

Aimara Duque dejó un mensaje de reinvención para los años por venir: “Venezuela va a ser un ícono a nivel mundial en la parte turística, podemos tener petróleo, pero poseemos bellezas naturales impresionantes. San Pedro del Río sin duda alguna va a ser un ícono más importante de lo que anteriormente fue. De la experiencia actual hay una lección, debemos ser más humanos. Yo con todo esto de ahora en adelante no voy a vender un producto, voy a vender una sonrisa, un recuerdo, un estar. Hay que ser felices y darle gracias a Dios por estar vivos”.

Los habitantes de San Pedro del Río se han enfrentado a la peor crisis que la localidad ha podido conocer en tiempos recientes. El entorno de ensueño del pueblo ahora es escenario de preocupaciones por el sustento familiar, pero a la vez ha sacado los mejor de sus habitantes, quienes son un modelo de entereza, de tesón, de reinvención, y el mejor mensaje que dan es predicado con el ejemplo, el de su preparación de cara a mejores momentos para resurgir como el Ave Fénix.

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