martes 31 enero, 2023
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El Día Internacional del Trabajador: homenaje a la vida y a la lucha laboral

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Humberto Contreras

El Día Internacional del Trabajador es un homenaje a los “Mártires de Chicago”, ocho activistas anarquistas que fueron ejecutados en Estados Unidos por participar en las acciones de lucha obrera por la jornada laboral de 8 horas, que tuvieron su origen en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y alcanzaron su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la Revuelta de Haymarket.

Para finales del siglo XIX, Chicago era la segunda ciudad más grande de Estados Unidos y el más importante centro de desarrollo industrial, hacia donde convergían miles de personas en busca de trabajo. En la época, los trabajadores laboraban jornadas diarias de 12 a 18 horas. Incluso, mujeres y niños, quienes, sin embargo, tenían salarios menores.

En esta oportunidad se convocó para el primero de mayo de 1886, a una huelga nacional que involucró a unos 300 mil trabajadores en todo el país. La consigna: “Ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho de descanso”.

En Chicago, las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la de maquinaria agrícola McCormick, la cual había contratado un personal “rompehuelga”.

El día 2, la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50 mil personas y el día 3 se celebraba una concentración frente a la fábrica. A la hora de salida de un turno de los “rompehuelga”, los manifestantes se lanzaron sobre ellos, comenzando una pelea campal. La policía intervino, disparando a quemarropa, lo que dejó 6 muertos y varias decenas de heridos.

Los líderes de la huelga convocaron a un acto de protesta para el día siguiente, en la plaza Haymarket, evento que contó con el permiso del alcalde, hasta una hora determinada. Pero gran parte de la concurrencia, más de 20 mil personas, continuaron en la plaza.

El inspector al frente del grupo policial consideró que, habiendo terminado el acto, no debía permitir que los obreros siguieran en ese lugar y con 180 policías uniformados avanzó hacia el parque y empezó a reprimirlos.

De repente, alguien lanzó entre los policías un artefacto explosivo que mató a un oficial e hirió a otros agentes. La policía abrió fuego sobre la aglomeración, causando muerte y heridas en un número aún no precisado de manifestantes. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda, y en los días siguientes se detuvo a centenares de obreros, que fueron golpeados, torturados y acusados del asesinato del policía.

El juicio

El 21 de junio de 1886 se inició la causa contra 31 presuntos responsables. Luego se redujo a 8. La historia señala que ese juicio fue prácticamente una farsa y un acto de injusticia, pues se realizó sin respetar norma procesal alguna. Con testigos amañados, se dejaron de lado normas procesales, y los miembros del jurado, según se demostró pocos años después, fueron seleccionados fraudulentamente.

La prensa amarilla presionaba e insistía en la culpabilidad de todos los acusados, y en la necesidad de “ahorcar a los extranjeros”, pues los acusados eran inmigrantes. El fiscal no tenía prueba alguna de conexión entre ellos y quien lanzó la bomba. Pero argumentaba que eran culpables “por no haber tratado de desanimar al agresor, lo cual los hace conspiradores e, igualmente, responsables”.

De modo que, aunque nada pudo probarse en su contra, los “Ocho de Chicago” fueron declarados culpables, acusados de ser enemigos de la sociedad y del orden establecido. Así, el 11 de noviembre de 1887 fueron llevados a la horca los periodistas alemanes Adolph Fischer y August Spies, y su colega estadounidense Albert Parsons, junto con George Engel, un pastor alemán. Louis Lingg, carpintero, también alemán, se suicidó en la celda para no ser ejecutado.

Por cierto, Parsons, quien ni siquiera estuvo presente en el lugar de los hechos, se había entregado a la policía, solo como una forma de respaldar a sus amigos. Y fue ajusticiado.

Por su parte, Samuel Fielden y Michael Schwab recibieron cadena perpetua, y Oscar Neebe, quince años de trabajos forzados.

Una descripción

El poeta cubano José Martí, quien fungía de corresponsal de un diario argentino, describió la escena pública del ahorcamiento, y cuenta que los espectadores estaban sentados en sillas delante del cadalso, como en un teatro:

“… salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos”.

Continúa: “Firmeza en el rostro de Fischer; plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons. Engel hace un chiste a propósito de su capucha; Spies grita: “la voz que van a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora…”

Y, finalmente: “… les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable”.

Los logros

A finales de mayo de 1886, varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de 8 horas a centenares de miles de obreros en todo Estados Unidos.

Posteriormente, a lo largo de los años y como consecuencia de los eventos de mayo, los trabajadores disfrutan de beneficios, como jornada laboral de 8 horas, seguro para atención de enfermedades, accidentes de trabajo, invalidez y vejez; igualdad salarial, con derecho a salario mínimo; disfrute de vacaciones, bonificaciones, pago de días festivos, derecho a sindicalizarse, y

derecho a huelga.

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