“Los inmigrantes cargamos la patria en la maleta”

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Soraya Benítez, inmigrante venezolana, se enamoró de Montreal desde el avión, porque afirma ser una profunda apasionada, romántica. Hace cuatro años, cuando llegó a la ciudad canadiense, se celebraba el Día de la Reina. “Al ver la belleza de los fuegos artificiales, le dije a la persona que venía a mi lado: ‘De aquí no me saca nadie’.

Autor: Carmen Sofía De La Torre

A Soraya la conocí en foto, luego de una entrevista que le hiciera Cédric Thévenin del periódico “Quartier Libre” a la Lic. María Alejandra Lacruz, el pasado 25 de abril de 2019, sobre el grupo de voluntarios que trabaja para la organización sin fines de lucro ‘Canadá Venezuela Democracy Forum (CVDF)’, dónde Soraya funge como Directora Ejecutiva.  Pero, realmente quedé impresionada con su personalidad cuándo leí la entrevista que le realizó nuestra colega Lacruz a propósito de su experiencia como inmigrante en Canadá. Antes de esta publicación, curiosa por conocerla, la contacté virtualmente cara a cara y me respondió muy sonriente, “estoy en la playa”. Entonces, me di cuenta de su bronceado, de su iluminado rostro y de su fuerza de ánimo que posiblemente dejaba al descubierto su traje de baño. Lo único que atiné a decirle fue ‘disculpe’.

¿Pero, quién es Soraya Benítez?

Soraya Benítez, inmigrante venezolana.

–Soy artista. En Venezuela, hice muchas cosas. Antes de salir del país, era directora artística y además profesional de la canción clásica. Vengo de la ciudad de Caracas; cantaba en el coro de la ópera del teatro Teresa Carreño. Trabajé en diferentes municipalidades justamente en la producción general en Caracas y en la dirección de la coordinación de cultura del Hatillo. Siempre hice gestión artística, también soy actriz de teatro. Mi formación se dio sobre las tablas, y en general, experimentando, primeramente. Después, ya vino la teoría. Primero la práctica y luego la teoría para saber y entender qué era lo que estaba haciendo. Soy autodidacta, autodidacta en muchísimas cosas en muchísimas cosas. Evidentemente como autodidacta hago la práctica y después me voy a saber qué fue lo que hice.

Una decisión nada común

-Percibo que tenías una vida que te agradaba y hacías lo que realmente amabas. ¿Qué te hizo abandonar el país?

-Estaba cansada de ver a la gente que no le importaba más que su vida. Creo que, aunque en Venezuela todavía permanece un resto de nuestras tradiciones y de nuestra cultura, se ha perdido mucho de nosotros mismos. La crisis no es tan sólo económica, de salud, de supervivencia; es una crisis social que afecta directamente los valores del ser humano. No crecí en un ambiente de egoísmo, yo crecí en un ambiente de convivencia, de un verdadero compartir, de ayudar, de colaborar, de ser solidario, entre otras cosas. Crecí con la idea de que mi mundo estaba bien si los que estaban alrededor de mí estaban bien. Siempre viví de esa manera, así me enseñaron mis padres, así me enseñó mi familia.

-Soraya. Tu respuesta es muy particular. La mayoría de las personas que migran lo hacen por una situación económica muy grave, por un problema de salud difícil de resolver en sus países de origen, por una amenaza a su vida, por una persecución política. En el caso venezolano, todas estas variables se dan en conjunto y han propiciado la fuga de casi cuatro millones de compatriotas. Sin embargo, es la primera vez, que escucho a alguien salir de su país hastiado por el comportamiento de sus semejantes. La pregunta ahora es: ¿tu profesión dentro del mundo del arte no logró minimizar esta causal de abandono, cuando se podría pensar que el comportamiento versátil de un artista le permite sortear este tipo de dificultades, más aún de superarlas con su ingenio, con su creatividad?

–Todo lo contrario. Independientemente de lo que pueda creerse, el artista es quién más sufre la dolorosa pérdida moral, ética, afectiva de su grupo social. El artista se da, el artista vive intenso, el artista vive sus personajes y vive su vida, pero sobre todo vive su vida a través de los demás.  Repito, llegó un momento en el que estaba decepcionada de tantas cosas, que tomé la decisión de partir. Mi hermano estaba acá, simple y llanamente me habló un poco de su experiencia y decidí venirme a ver qué pasaba.

Un paso firme

No venía con la idea de quedarme sino de ver qué pasaba. Pero, luego de mi primera impresión de la ciudad, decidí quedarme. A partir de entonces, creció en mí la sed de conocer, de saber qué era Quebec, qué era Montreal, quién era la gente de la ciudad, quién era el quebeco, quién era el canadiense. Con ese ímpetu, con esa disposición, más que hacer comparaciones con lo pasado, uno termina enamorándose. Y mi historia con Quebec y mi historia con Montreal es una historia de amor; de ellos hacia mí y de mí hacia ellos. De ellos hacia mí porque yo lo que encontré fue la escena, y la escena que encontré la primerita, fue la escena del metro; me regalaron una guitarra, porque no había traído la mía.  Me fui al metro de Montreal y en el metro de Montreal empecé a cantar.

Mi vida cambió

Quince días después, ya me había descubierto Radio Canadá; me había descubierto una organización que justamente promocionaba y les daba espacios a artistas de la música del mundo, espacio dónde podíamos más o menos inscribir mi tipo de música.

Conocí a la gente de Montreal en el metro, la gente. Cuando digo la gente de Montreal, no hablo de los que son de Montreal, exactamente, sino de los que viven aquí. Todos en Montreal. Esta ciudad está hecha de la riqueza de la gente que viene de todas partes. Ellos, como no sabían de qué país venía, como no sabían que yo venía de ese país tricolor, simple y llanamente, a veces me ponían en el piso estampillas postales de diferentes países de América Latina, porque me oían cantar en español.  Cuando llegué, apenas medio hablaba francés. Decía unas cuantas palabras que me sirvieron para sobrevivir durante unos días mientras comencé a estudiar.

Desde hace 4 años esta venezolana se radicó en Montreal, Canadá y se enamoró de la ciudad.

Subiendo peldaños

Mi vida profesional en Montreal comenzó desde cero. ‘Ok, te descubren, das todo’; yo daba todo. Iba al metro unas tres veces por semana y cantaba una hora y media, máximo dos horas y cuarto, por sesión. Allí empecé a hacer mi público; el público lo hice allí, y no solamente fue que yo hice al público, el público me hizo a mí. Viendo lo que la gente daba, viendo que me preguntaban qué era lo que yo cantaba con tanta pasión, tuve que dar lo mejor de mí cada día, amén de que pude percibir que esta gente es gente sensible, con ansias de conocer al otro, de viajar a través del sonido, del lenguaje o de las cosas que nosotros les podemos ofrecer. ¡Y bueno algo muy gratificante para mí !, después de cada sesión regresaba a casa con unos cien dólares en el bolsillo.

Mi relación con el canadiense, en definitiva, ha sido muy positiva desde un principio. En ningún momento me he sentido marginada, discriminada. Más bien, como profesional del canto, la gente se me acerca, gente de diferentes nacionalidades, igualmente, las compañías de disco, etc., yo no los busco.

Definitivamente Soraya, tu caso es excepcional. Quizás el hecho de hacer música te ha ayudado enormemente porque la música no necesita traducción. Las notas musicales, la pasión y el talento son reconocidos a distancia y entran a nuestro espíritu y a nuestro corazón directamente sin que para ello medie un color, un credo, una cultura, una ideología.

No obstante, para la mayoría de los migrantes, la situación no es la misma. Comenzando por el idioma, la barrera se amplía con las diferencias étnicas, económicas y/o sociales, en otras palabras, con los distintos modos de ser, de hacer y de pensar. A ello, indudablemente se agrega el estrés por el trámite de regularización en el país. Y haciendo referencia a este asunto, quisiéramos preguntarte mediante qué proceso migratorio legalizaste tu estatus en Canadá.

Jurisprudencia en mi caso

Debo señalar que tenía un dossier para pedir el refugio, sin embargo, mi solicitud no fue tratada como debió serlo y fue rechazada. Hoy en día, doy gracias a la decisión que me negó el recurso legal. Hoy, reconozco lo que es ser un refugiado y las limitaciones que ello implica, entre las que se cuenta la prohibición de regresar a tu país.  Después de eso, solicité otro recurso, que en primera instancia fue rechazado también. Ello, lejos de mermar mis esfuerzos, me llenó de más ánimo para seguir luchando.

Y seguí luchando, ya no solamente por mí, sino porque mi reclamo legal favoreciera a otros. Sin embargo, llegado un punto, me resigné: ‘me voy’.  De repente alguien apareció y me dijo ‘puedes hacer jurisprudencia’. Si es así, entonces ‘me quedo’ ‘me quedo’. (Su risa delata su humor).

Entonces, me concentré en hacer pasar mi solicitud como un caso de jurisprudencia para que otros inmigrantes bajo mi mismo estatus (turistas profesionales que deciden quedarse en el país) pudieran legalizar su permanencia aquí. Vale aclarar que las leyes de inmigración en Canadá cambian frecuentemente.  Dicho de otro modo, la legalización de los inmigrantes no es la misma todo el tiempo. La jurisprudencia, finalmente, falló con un Si, 2 años después. De allí en adelante quedé con residencia permanente como “trabajador calificado’. Tres años pasaron para poder ir a Venezuela y visitar a mi mamá y a mi familia.

Mi Trabajo hoy

–Trabajo en una compañía de gestión de información con una serie de proyectos.  Este trabajo no lo busqué. Él me buscó. Estaba atareada en la grabación de un cuarto disco, que tuvimos que anular, porque acabábamos de lanzar un tercero. Decidimos que no podíamos hacer la promoción de dos discos a la vez. Ese cuarto disco era el Disco de Navidad, que requería de una promoción particular. Por lo tanto, el otro iba a quedar rezagado.  Dado que cuando estoy grabando, sólo me dedico a esa mera faena, no me comprometo con ningún espectáculo. Así pues, estaría libre en el mes de septiembre y de una vez me pregunté: ‘qué voy a hacer’? De pronto, supe que estaban buscando a alguien para un trabajo de logística en el mes de septiembre. Justamente, quién me lo informó me dijo: ‘tú hablas varios idiomas, conduces, te gusta la gente y qué sé yo’. ¡Ah qué bueno!, respondí. Perfecto voy a conocer gente que viene de otros países.

Mi responsabilidad unida al arte y al voluntariado

En definitiva, hago un trabajo de logística, un poco ligado al turismo y a una serie de otras cosas. Cuando entré allí, mi carácter, mi manera de ser, mi personalidad, encantó a los jefes, tanto que al año siguiente decidieron, no sólo darme trabajo, sino inclusive colocarme como la jefa, la responsable del departamento. Y allí bueno, he tenido la oportunidad de interactuar con otras culturas, tales como la africana y la asiática. Y eso es muy importante cuando hablamos de riquezas culturales; esas experiencias son únicas. Por otra parte, he descubierto la cercanía entre la cultura Africana y la cultura latinoamericana; entre otras cosas, la alegría, la sinceridad en el trato, la familiaridad. Además, lo que hago, lo inserto evidentemente dentro de mi trabajo artístico, y sobre todo lo asumo, como parte de ese voluntariado al servicio de muchísimas causas.

Innumerables citas con causas humanitarias

Por ejemplo, en más de una oportunidad he cantado en eventos sin fines de lucro, son tantos, ¡la verdad! Olvido, enumerarlos; es difícil. Recién llegada canté en un acto con motivo de la ‘Celebración de la Declaración de los Derechos Humanos’. Allí fui la representante de América Latina en escena.  Luego, me he presentado en diferentes espectáculos, organizados por ‘CUSO’, ‘Amnistía Internacional’, ‘Crían de Femmes’. Allí, he prestado mi voz, y a veces inclusive, organizado eventos a beneficio de diferentes causas, como la de ‘Médicos descalzos’.

Portos d’eau

Actualmente, bueno desde hace un montón de años, soy lo que llaman un portos d’eau,  (literalmente quién porta el agua), un portavoz de una coalición llamada: ‘Eau secours’ (Socorro del agua), dedicada a la conservación y a la defensa del agua en líneas generales: lagos, ríos…,.). Luchamos contra la  contaminación, contra la privatización del agua, por su conservación. Esta coalición la comporta una serie de organismos, artistas, científicos…,. Somos unas cuantas decenas de personas portavoces de esta noble causa. Mi caso, por cierto, es muy particular. Jajaja ‘yo soy la única portadora de agua que realmente ha portado agua’. En Venezuela, tenía que cargarla, tenía que portarla para poder utilizarla, tanto para mí como para mis vecinos.  Allá, ese es un oficio diario en la mayoría de las comunidades. En cambio, la gente aquí no conoce eso, ellos no saben lo que es tener que ir a un lugar para buscar agua o tener que guardarla en pipotes para su consumo posterior.

_Finalmente ¿Qué significa Venezuela para ti en estos momentos?

_Cuando nosotros nos vamos, dejamos la tierra, pero a la patria nos la traemos en las maletas, nos la traemos en el corazón y hacemos un matrimonio con la nueva cultura. La patria duele y duele tanto que cuando te das cuenta descubres lo que es ser, en mi caso, una venezolana. Colaboro un poco con mi gente a través de la organización Canadá Venezuela Democracy Forum. Allí, recogemos insumos y dinero para enviarlos a las personas y a los lugares más urgidos de ayuda.

Soraya es un Soy que porta canciones, porta generosidad, porta riqueza cultural, porta solidaridad. Además de ser una AUTÉNTICA cargadora del líquido de vida, porta a Venezuela en su corazón, la maleta más preciada de su vida. (Carmen Sofía De La Torre, Corresponsal en Canadá).

Trabajo  publicado en

“Los inmigrantes cargamos la patria en la maleta”