domingo 16 mayo, 2021
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4×4 espiritual: comunicar sin romper el aislamiento social

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Angel Ramón Oliveros S. *

Desde la Catedral de San Cristóbal surgen buenas noticias. Monseñor Mario del Valle Moronta R., biblista por vocación, formación y misión, imparte clases al pueblo llano desde la tarima virtual. Justo, cuando el “distanciamiento social” es el mejor remedio para el mal de turno.

El obispo del Táchira @mmorontar retoma su rol de profesor ¿o maestro? para llevar Buena Nueva ante la Cuaresma-Cuarentena, tiempo duro de 4×4 espiritual donde la Red se multiplica. El desafío en terreno desconocido requerirá fuerza extraordinaria para librarnos del pantano viral. Monseñor lo hace oportunamente desde “Los Relatos de la Pasión del Señor”, sin romper el aislamiento social.

Allá por los 90 quien hoy es obispo de San Cristóbal @DiocesisSC se mostraba entusiasmado por “La Pasión”. En el libro “El Cristo de nuestra fe” (Moronta, 1991) muestra a Jesús desde la mirada popular, tal y como lo ve el pueblo humilde. Este mismo “Cristo que comparte la vida” nos lo enseña hoy desde el “Curso Bíblico” virtual. El nuevo entorno de enseñanza es único: El “Coronavirus” en fase pandémica; disponer de recursos de comunicación que no existían durante los 90 (al menos en la forma actual) y un pueblo ávido de esperanza.

Corren días en que cualquier casa, la propia o la ajena, la calle, el trabajo y cualquier otro ámbito sanamente respirable resultan “sospechosos”. A todos nos agobia. Que el propio obispo salga a enseñar es bendición. Se augura una nueva realidad eclesial, aún después de que Dios haya librado del “Coronavirus” al país y al planeta.

Si un provecho puede atribuirse a la temida enfermedad,  es esa especie de “empoderamiento virtual consciente” que suscita encuentros impensados. Es lo que tiene de refrescante esta experiencia novedosa. El móvil, ese artilugio infaltable, por estos días se ve libre de tanta majadería, para cobrar importancia vital durante el encierro obligatorio.

Nuestra cuaresma-cuarentena 4×4 ofrece nuevas formas de cercanía y encuentro (para usar los verbos de Francisco): Se colabora y se ayuda; los “adversarios” se encuentran; afloran gestos solidarios, aumenta el interés por los otros; todo converge justo donde se prohíbe acercarse.

El gesto del obispo no calma el hambre física, pero estrecha vínculos desde “la cátedra” pública. Verle enseñar desde los espacios virtuales es señal de que corren tiempos nuevos. Tiene apoyos formidables: diocesisdesancristobal.online; @notiucat; www.diariocatolico.press; Natividad 101.7…

La enseñanza abierta también aleja la temida “semana santa a puerta cerrada y sin gentes”. Desde sus inicios, Francisco @pontificex impulsó la idea de una “Iglesia en salida”, de puertas abiertas, que va a las periferias, (como suele llamar a los nuevos “lugares de misión”) aun en nuestra propia casa.

Cada mañana (o noche, según la preferencia del usuario) los fieles “precavidos” y ansiosos apelan a su radio, el PC, la laptop o el celular para ver (o escuchar) al obispo disertar sobre “La Pasión”.

Se cuenta que en 1938, oyentes estadounidenses entraron en pánico colectivo cuando un ocurrente Orson Welles narraba en la radio de manera verosímil “La guerra de los mundos”. La de monseñor ha sido una historia reconfortante, la mejor de todas.

El impacto de esta experiencia con “La Pasión” “acoplada” a los 4 evangelios reanima y alienta. A partir de esta experiencia, fieles usuarios se comparten archivos y comentarios desde sus redes para llevar sosiego en la persona de Jesús,  allí donde se necesita un encuentro real, cálido, sincero.

Desde el comienzo, muchos obispos han optado por los medios. Monseñor Fulton Sheen, predicador y escritor erudito alcanzó al público estadounidense en la naciente TV de los años 50. José Ignacio Munilla, lo hace  desde su Diócesis de San Sebastián en España, y otros tantos prelados ganan adeptos en redes. El propio pontífice argentino está entre los líderes con mayor número de seguidores.

Buena por esta iniciativa diocesana. Sigue siendo proporcionalmente precaria la base de seguidores en las fuentes oficiales católicas, como las de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), en contraste con el alto perfil con que es percibida por la mayoría de los venezolanos. A lo mejor falta carpintería y seguimiento.

La urgencia de conectar no es reciente. Líderes o dirigentes en muchos sectores amplían día a día su base y con ella, las posibilidades de “nuevos encuentros”. Ha sido un acierto del obispo, sin olvidar el crédito a su gente.

¿Tendrá sentido este esfuerzo por conectar? Si no me falla la memoria, se atribuye a San Juan Crisóstomo aquella animación sobre tres clases o categorías de cristianos: las libélulas, tocan sin incidir; las moscas, dañan donde se posan y las abejas, toman y convierten en rica miel. Es lo que corresponde en estos tiempos difíciles.

Un Curso Bíblico es novedad; hasta ahí. Tiene de útil y pertinente. Lo que lo hace relevante es su respuesta ante un momento inédito.

Cuentan que cuando el severo régimen comunista de Saigón confinó a monseñor Jean Francois Van Thuan en un estrecho calabozo, el prelado se veía obligado a acercar su nariz al “sifón” para respirar algo de “aire fresco”. Su queja permanente de por qué el Señor le había alejado de su Catedral, le fue respondida sin atenuantes. El Señor, en plena oración le dejó ver que “esta era su catedral”, de 3 por 3. Desde allí empezó a pastorear a sus fieles, guardias y presos comunes, hasta formar su grey carcelaria.

Van Thuan alcanzó a predicar uno de los retiros cuaresmales más apreciados por Juan Pablo II hacia el final de su vida. En prisión, celebraba la eucaristía depositando migas de pan y gotas de vino en la palma de su mano como altar. No hay, pues, catedral chica o grande cuando se viene la prueba. La de Saigón, se estrechó; la nuestra se expande por motivos diferentes.

Que las migas de la Palabra trasciendan la faena cotidiana de este 4 x 4 cuaresmal 2020. Oramos porque la experiencia de “Iglesia en salida” emprendida en el Táchira cunda en esperanza. *(@oliverosar) periodista. San Cristóbal, Venezuela. [email protected]

 

 

 

 

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