domingo 19 septiembre, 2021
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¡Ánimo soy yo, no tengáis miedo!

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Pedro Alejandro Parra Fernández


“Sé humilde y nunca te creas más que los demás. “… Pues polvo eres y al polvo volverás”.

¡Señor! Tenemos miedo, mucho miedo; tenemos hambre y tenemos sed; nuestros hijos en manada nos están dejando solos; la justicia es inexistente; nos estamos matando los unos a los otros; estamos dentro de un túnel y no vemos la salida;  cuando tus amigos los apóstoles estaban en una Barca y ésta, se alejó mucho de tierra firme y era azotada por las olas, porque tenía el viento en contra, y era de madrugada, tú, Jesús fuiste hacia ellos andando sobre el agua y dijiste aquella frase: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

¡Jesús! Te interesaste por lo que les sucedía a los Doce cruzando el Mar de Galilea, (mar símbolo de las fuerzas del peligro, de dificultad, del caos, de la muerte) para llegar a la otra orilla y te acercaste a ellos. Hoy, necesitamos que te acerques a nosotros, aun cuando nosotros nos hemos alejado de ti. Estamos caminando sobre una gran dificultad; estamos impotentes para reaccionar; no nos preocupamos sino por el día a día: por la gasolina, por el diesel, por la caja clap, por la rumba de carnavales, por el cumpleaños del amigo; estamos hambrientos y sedientos de liderazgo; necesitamos un líder, un conductor de verdad, un verdadero pastor que tenga la experiencia de conducir y proteger a sus ovejas para que el lobo no se las coma. ¡Esta Barca llamada Venezuela ya no aguanta más; está haciendo agua; se está hundiendo!

Cuántas veces nos hemos metido por un golpe de confianza e intuición en tareas que nos superan y, al rato, por miedo, nos hemos echado para atrás… “Señor sálvanos… nos está tragando la dificultad”. ¿Somos acaso hombres de poca fe? Cuando Pedro mira a Jesús, camina; cuando mira a la fuerza de las olas, sucumbe al miedo. Hay un momento en que reconocemos la mano de Dios. ¿Dónde está Dios? Yo se ¡Señor! Que tú llegas en medio de nuestras dificultades; pero, no hemos aprendido a descubrirte en las dificultades y tampoco hemos aprendido en confiar el Ti.

De la Oración sale Jesús con la preocupación por la suerte de los suyos que están yendo en Barca y de noche al otro lado del lago… acercándose a conocer cómo les va. Con la imaginación me situó en la escena y busco mirar la situación como él la mira: Veo la Barca zarandeada, miro la cara de preocupación de los remeros haciendo frente como pueden a las dificultades… escucho el ruido del viento fuerte y el crujido de la Barca y el chasquido de los remos.

Aprendo de lo que hace: Caminar por la dificultad, por lo que parece que nos engulle… Escucho la reacción de los Doce, con quienes me identifico: Veo sus caras de angustia… escucho los gritos de miedo. Me hago presente en situaciones que hasta hacen gritar. Y, de pronto, la palabra de Jesús: “No temáis, soy yo”, tranquilizando en cualquier situación por imposible que parezca.

¡Señor!, tenemos mucho miedo; estamos verdaderamente angustiados y presionados por esta situación que estamos viviendo; ya que “Estamos viviendo sin vivir”, y, para colmo esta pandemia nos está terminando de hacer desaparecer, nos está extinguiendo. Queremos caminar junto a ti, queremos estar personalmente contigo; queremos que nos mires y que nos des la mano amiga para poder salir de esta gran crisis y de estas dificultades. ¡Solos, no vamos a poder! Quiero aprender a encontrarte en esta serie de dificultades; quiero que nos ayudes  para que nuestros hijos, hermanos y familiares vuelvan a la patria; quiero que nos devuelvas la sonrisa que ha desaparecido de nuestro rostro; quiero volver a ver a nuestros vecinos como grandes hermanos; quiero ver a mi familia integrada y contenta; quiero disfrutar de la vida en este Paraíso que tú nos regalaste; quiero que nos ayudes a recobrar el sentido de la vida con sus principios y valores; quiero mi libertad.

Comprendo que te estoy pidiendo mucho; pero, somos más de treinta millones de habitantes que lo hemos perdido casi todo, creo que hasta la esperanza y la fe; hemos sido engañados por Tirios y Troyanos; nos han ofrecido de todo; nos tienen arrinconados; nuestro país se está derrumbando, y, lo peor del caso ¡Mi Señor!, los valores morales, que son básicos para que una sociedad pueda prosperar, han desaparecido, casi por completo. ¡Sí, tenemos miedo, mucho miedo y necesitamos que nos visites y nos digas: “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo”!  

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