Auge y decadencia de partidos políticos (conclusión)

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Alejandro Bautista G.

Algunas de las interrogantes formuladas a comienzo del artículo (primera parte-edición anterior) son determinantes en el análisis del auge y desmoronamiento de los partidos políticos en Venezuela. De manera sucinta trataremos de descifrar: ¿Por qué se ha perdido la credibilidad en los partidos? ¿Cuál ha sido su mayor falta?

Si miramos retrospectivamente en el tiempo, observamos que los partidos políticos vivieron su mayor esplendor e influencia en el acontecer democrático venezolano a partir de la caída del gobierno del general Pérez Jiménez. El Pacto de Punto Fijo, firmado entre los más importantes partidos de la época: AD, Copei y URD, fue un acuerdo que facilitó la gobernabilidad y la pacificación del país; hecho que catapultó decididamente a dichas organizaciones, les dio poder e influencia y dirigieron con relativo éxito el desarrollo del país, hasta mediados del 1985, cuando el país comenzó a ser ingobernable, ocurriendo los desafortunados acontecimientos de todos conocidos.

A las circunstancias y efectos señalados se suma el evidente divorcio de la dirigencia política con su militancia, poco a poco se empezó a percibir el reclamo por el desinterés de los partidos en los planteamientos de la sociedad civil organizada y no organizada. Más lucrativo resultaba a la alta dirigencia partidista dedicar, generalmente, su tiempo a obtener o intermediar en contrataciones con el gobierno, a través de lo cual se fortalecían sus recursos pecuniarios particulares. De los valores éticos pregonados por las organizaciones se cayó en la corrupción, que aumentó escandalosamente y se ignoraron las demandas de la ciudadanía: ahí comenzó la pérdida de credibilidad en los partidos políticos. Ahora muestran un bajo perfil y escasa aceptabilidad en las encuestas.

En efecto, la gobernabilidad implica una forma de convivencia y consenso, en la que los diferentes actores económicos, sociales y políticos, públicos o privados, desempeñan un papel particular, por lo que si no existe un mínimo de convivencia y de consenso entre los actores, es casi imposible que podamos avanzar como sociedad.

La mayor falta: Hoy día, son los denominados “diálogos”, la participación en mesas, mesitas e injerencia en conversaciones clandestinas de algunos dirigentes y organizaciones políticas con el gobierno y asesores internacionales. Sin trasparencia ni rubor, concluyen acuerdos, considerados indebidos e inconvenientes al interés nacional, razón por la que han sido repudiados y señalados por el soberano, al desoír y contravenir la opinión del pueblo mayoritario.

Actualmente, un grupo de partidos, conocido comúnmente como el G-4, u otros, los de la mesita del “diálogo nacional”, autodenominándose como representante de la oposición -lo que suena a usurpación-, le hacen el juego al gobierno, al aupar la participación en las próximas elecciones parlamentarias, contrariamente al criterio general mayoritario que sostiene una elección presidencial o no participación, en tanto se designe un nuevo CNE confiable e imparcial, con conteo manual, no electrónico, nuevo sistema electoral, con nuevo registro electoral e inclusión de los millones de venezolanos que se han visto obligados a emigrar. Adicionalmente, con la presencia de la necesaria e idónea representación internacional que garantice transparencia, confianza, credibilidad y respeto a los resultados. He aquí una oportunidad para los partidos políticos de contribuir a aplicar una Consulta Popular, conforme a la Constitución, para determinar, en esta materia electoral o en otras trascendentales para el país, sobre cuál es la opinión y lo que aspira el pueblo venezolano para salir del presente atolladero. ¿Por qué no lo hacen? Todos ganaríamos, y sobre todo ellos, para recuperar la credibilidad y confianza en los partidos.

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            *Doctor en Cooperación Internacional. Integración y Descentralización: Los Desafíos del Desarrollo Internacional