Compromiso zuliano

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Es imposible pensar en el Zulia sin sentirnos llenos de esperanzas, de proyectos, de certeza en un futuro mejor, de progreso y bienestar que irradie y nutra a todo el país. Con trabajo, eso sí, con empeño y compromiso. Y es que cada rincón de esta región generosa, biodiversa y de múltiples potencialidades, anida una oportunidad para la diversificación de nuestra economía venezolana.
Dicen que en las tierras del sur del Lago de Maracaibo tiran un clavo y nace un riel, por la fertilidad portentosa que las distingue. Carne, leche, cacao, café y plátanos son solo algunos rubros que fueron y deben ser otra vez puntal de la nueva economía, que junto a la industria petroquímica marcará una nueva era para Venezuela, de soberanía e independencia.
Escenario similar se replica hacia el norte, con la oferta de maravillas para el turismo que nos ofrecen las islas a la entrada al lago, y la tradicional práctica de pastoreo, fruticultura y pesca de nuestras etnias indígenas añú y wayúu; en la húmeda y verde Sierra de Perijá, con sus cuevas y ríos para el ecoturismo, y sus pobladores ancestrales, los centinelas japreira, barí y yukpas. Hacia la COL nos encontramos con sus paisajes de balancines y manglares, la ganadería y los múltiples cultivos de tierra y agua.
Paisaje urbano y natural donde vive gente laboriosa, que lleva en su sangre la herencia de Rafael Urdaneta, y de pioneros en las ciencias –como Humberto Fernández Morán– en las artes, en el comercio y en el humanismo.
El Zulia es, pues, una región encantada y encantadora, encrucijada marítima y terrestre para la integración latinoamericana, como la soñó Bolívar, como la visualizó Chávez, como la queremos nosotros, los que nos sentimos venezolanos de corazón. En el Zulia nació el nombre de patria, e imbuidos en ese espíritu de soberanía y amor, conscientes de nuestra responsabilidad asumimos el compromiso de seguir trabajando los próximos cuatro años y lo que haya de vida, para que sea lo que en esencia es: Nombre y Luz de Venezuela, más resplandeciente que antes.

Francisco J. Arias Cárdenas