El crimen más abominable

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La calumnia, difamación e injuria, se agravan según quiénes sean los delincuentes y sus víctimas: más graves serán tan repugnantes delitos si recaen en personas prestantísimas.  El Derecho Penal honra así a quienes eleváronse a la excelencia por su historia de vida y manda castigar más severamente a los que denigren su alto honor y reputación. Aquellos criterios conmensurantes, instilados por siglos en la mentalidad de los pueblos, creoles, hasta en los más envilecidos, una conciencia de respeto por las personas más honorables…

Esa valoración jurídica y ética de honrar (“Honrar, honra” y deshonrar, deshonra) y saber distinguir lo respetable –para tributar el debido respeto–  de lo despreciable, también debe regir las relaciones internacionales entre esas otras personas que son las naciones o Estados nacionales o personas colectivas o sociales, o personas jurídicas públicas, cuya historia de vida importa sobremanera.

De antiguo ha habido grandes naciones como Cartago –de una esplendorosa cultura–  y antaño la primera potencia mundial, con grandes guerreros como Aníbal “ad portas”.

Polonia es una admirable nación que, por siglos, se ha defendido de modo bravío contra el acoso de sus vecinos: su himno principia con la estrofa “Polonia todavía no está perdida”. Notable fue la actuación de sus valientes pilotos en la II Guerra. El Libertador admiró mucho a Polonia y, en “El último rostro”, con toda razón Álvaro Mutis lo cita así: “Tengo una admiración muy grande por Polonia y por su pueblo (…) son los únicos verdaderos patriotas que quedan en Europa”. Muchos militares polacos pelearon a su lado (p.ej. Kaminski, Rowicki, Skolimowski, Maurycy, Marcinkowski, Borowski, Flegel, Brigard, Dombrowsk,  Piotrowski y Sierakowski), destacáronse por su arrojo y algunos llegaron a generales.

De Venezuela, Simón Bolívar es honroso símbolo de una de las más hermosas y heroicas gestas nacionales de la Historia Universal y, más aún, su tan colosal cuan inaudita acción libertadora de cinco naciones, sin robarlas, no tiene ningún precedente en la Historia del mundo. Óigase bien: ninguno. La prestigiosísima BBC de Londres lo consideró el hombre más importante del siglo XIX en América. (Bien titulado mi artículo de 16-8-2007 en El Universal sobre Bolívar –como lo llaman hombres– y sobre el Libertador, como lo llaman  pueblos: “Flor de raza y de siglo”). La BBC lo consideró el hombre más importante del siglo XIX, entre otras razones porque “Con solo 47 años de edad peleó 472 batallas y fue derrotado sólo 6 veces. Actuó en 79 grandes batallas, con gran riesgo de morir en 25. Liberó 6 naciones. Cabalgó 123 mil kilómetros o distancia lineal de 6.500 kilómetros o media vuelta a la Tierra.  Presidió 5 naciones. Recorrió 10 veces más que Aníbal, 3 veces más que Napoleón, y el doble de Alejandro Magno. Y el ejército que comandó NUNCA CONQUISTÓ… sólo LIBERÓ…”.

Con esa maravillosa historia patria, pletórica de guerreros valerosos e íntegros, liderados por ese incomparable héroe y genio que fulguró en el prodigioso suelo de Venezuela, ¿merecerá la patria del Libertador algún respeto?

Ha poco el presidente Trump expresó que sobre Venezuela hay la “opción militar”, esto es decir, en román paladino, un ataque militar. ¿Y no había dicho este señor Trump que en su Gobierno no invadiría EE.UU. a otros países? Él afirmó que EE.UU. no haría más la guerra; no invadiría más países, ni seguiría financiando planes bélicos; y que “no seguiremos imponiendo nuestro modo de pensar a otros países”. Los presidentes Obama y Trump aseguraron que Venezuela es una amenaza extraordinaria para la seguridad de los estadounidenses. Eso no es verdad: Venezuela “Et nunc et Semper”, nunca jamás atacó a ningún país, excepto para libertarlo sin saqueo colateral (como es sólito). ¿Cómo puede un país así ser una amenaza para otro país? Y en el supuesto negado y no concedido de que ahora Venezuela se proponga, al través de la guerra, conquistar otros países, ¿podría hacerlo con la potencia militar más grande que ha habido en la Historia? Esto es una soberana ridiculez. Y una falta de respeto el amenazar a Venezuela con invadirla por eso.

¿Qué diría el gran e integérrimo George Washington, cuyo mechón de cabello le obsequió a Bolívar la familia del prócer estadounidense en 1825? ¿Y el general Simón Bolívar Buckner, profesor en West Point y gobernador de Kentucky? ¿Y su hijo el general Simón Bolívar Buckner, comandante del X Ejército (180.000 hombres) que  tomó a Okinawa en la II Guerra?                   

Una áurea historia no inmuniza a una nación: puede ser invadida u hostilizada; pero que lo sea ¡por motivos serios!     El Derecho es justicia; pero no hay Derecho ¡sin pruebas! Harta razón tuvo Churchill cuando, en su elogio a Rommel, dijo que “las guerras de las democracias modernas no son nada caballerosas”.

Y a la conducta de colombianos, peruanos y panameños, les calza o ajusta o les cuadra esta frase del Libertador: “La ingratitud es el  crimen más abominable”… (Alejandro Angulo Fontiveros)