Golpe con golpe

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                         Gustavo Villamizar Durán

Definitivamente la política posee una lógica especial por su carácter no lineal y sorprendente. Quizás por eso hay un antiguo decir que afirma:  “en política dos más dos, no son cuatro”. Y si algún estimado lector quisiera cerciorarse de la verdad que guarda tal sentencia, sin ir muy lejos, basta con echar una miradita al sector extremista de la derecha venezolana y sus aliados internacionales. Igualmente, hay que aceptar la razón del Presidente Maduro cuando lanzó la denuncia, en apariencia exagerada para aquel momento, sobre la existencia de un “golpe continuado”. Resultó cierta y mire que hay un ovillo de ese hilo.

Es bueno recordar que en el propio inicio del año que transcurre, el 5 de enero, cuando tomó posesión la directiva de la Asamblea Nacional en desacato, comenzó el desarrollo de este prolongado golpe que ya cuenta seis meses sin alcanzar los resultados propuestos. Para no perder la continuidad, el 10 de enero, cuando tomó posesión para un segundo período presidencial Nicolás Maduro, inmediatamente desconocieron su legitimidad, declararon, una vez más, la dictadura y se le dio la condición de usurpador al jefe de estado recién juramentado. El 23 de enero convocaron a una de sus consabidas supermegaenormes marchas, que luego resultan marchitas y en aquella plaza, aprovechando el simbolismo político de la fecha, el diputado se autoproclamó presidente interino, contando previamente con un selecto comando propagandístico instalado en la Casa Blanca de la ciudad de Washington y luego, el  reconocimiento inmediato del autoproclamado por el gobierno de EEUU y una supuesta enorme cantidad  de tan solo 50 países, incluido el promotor.

Después vino el aluvión de anuncios  como el de la llegada de la “ayuda humanitaria” y las fantasías que llevaron a una periodista de televisión a imaginar la encantadora preñez de venezolanas por los catiritos de ojos azules que vendrían a traernos tan exquisitos manjares sintéticos. Se dio el concierto internacional de Cúcuta, el cual devino en piñata de billetes verdes con todo y rumba con burundanga. Al día siguiente, 23 de febrero, previo el anuncio de que la ayuda ingresaría “sí o sí”, “que se tenga la dictadura” y “el mundo se sorprenderá” con el humanísimo cargamento de pertrechos para las guarimbas que resultó ser el envío incendiado antes de que se dieran cuenta de su contenido. Ante tan rotundo fracaso por la derrota asestada por el pueblo venezolano apostado en los puentes internacionales, han ideado infinidad de estrategias de la torpeza y el ridículo difíciles de imaginar por mentes de mediano raciocinio. Ha sido una avalancha de ellas, como la fallida de tomar posesión de su oficina en Miraflores, el nombramiento de funcionarios de alto rango que no se sabe donde despachan, la designación de representantes diplomáticos cuyas cartas credenciales, sin sello ni membrete, fueron guardadas en los archivos de soserías históricas y pare usted de contar porque produce pena ajena y de la buena. Todo esto sin entrar a considerar la rapiña de los reales del país en las empresas confiscadas o controladas para su “protección” en el exterior, las cuales han quedado en la inopia apenas de arrancada.

Pero lo que resulta más atractivo por novedoso, son los últimos golpes del golpe continuado. El primero de ellos, el del 30 a abril, porque fue con todo vigor una escena patética esa de ver parapetados en el distribuidor de Altamira al autoproclamado y su jefe tecleando por sus celulares o informando a través de la TV, de tomas de instalaciones militares que no ocurrieron, contingentes castrenses que resultaron un puñadito y millares de venezolanos apoyándolos que nadie atinaba a observar. Un poco más tarde la conmovedora escena trocó en un carrerón hasta las embajadas amigas a pedir refugio, las cuales ante las copiosas solicitudes, optaron por colocar en la puerta el cartelito de “No hay cupo”.

El último golpe frustrado, fijado para el 23 y 24 de junio, es para coger palco. Resulta que un grupo de obsesos conspiradores, la mayoría esbirros de la cuarta, estaban listos para lanzar su acción cuya atracción fundamental era matar “rapidito” a 50 o 60 personas, asesinar a altos funcionarios del gobierno y la FANB, arrasar los colectivos y demás organizaciones populares, para garantizar su triunfo. De esta frustrada acción y he ahí lo culminante del hecho, quedan dos interrogantes que no deben quedar sin respuesta “cueste lo que cueste”: ¿Cómo es que los que empollaron, deformaron, prepararon, financiaron y  alentaron al autoproclamado ahora resultan apoyando, organizando y financiando a unos conspiradores que iban a proclamar presidente a un militar preso por corrupción? ¿Y si tenían tal candidato que iban a hacer con el interino, o el golpe era contra él?