miércoles 20 octubre, 2021
InicioOpiniónLa canción de Silverio

La canción de Silverio

122 views

Néstor Melani


Por cierto, Agustín Lara la inmortalizó con la canción al torero de las mujeres hermosas…

Y siendo Silverio Pérez ya muy anciano, iba a las corridas de toros en la Plaza de Insurgentes de Ciudad de México. Y en el momento que aparecía el viejo maestro ante el público, la plaza entera se colocaba de pie para aplaudirle.

Aun viejo, fue un seductor…con gracia y ángel.

«Vaya la tarde de amor por María Félix». Amor de Agustín Lara, a quien Silverio Pérez en secreto enamoraba…

«María bonita» canción escrita por el pianista autor de «Noche de Ronda», quien llevó en su cara una cicatriz hecha por una prostituta una noche en una cantina de la colonia de Tapito. Y lo más cruel de los sueños, el pintor Diego Rivera. El más grande muralista mexicano, casado con la surrealista Frida Kahlo y gran amante de las corridas de toros, pues en su época de vivir en España realizó obras alegóricas del «arte que une todas las culturas», compañero de Sorolla y amigo de Juan Gris. Diego Rivera le robó a Agustín Lara a su María Félix.

Hace años, en una de mis visitas a Caracas, al Museo de Bellas Artes, inauguraba una exposición con apuntes y bocetos del muralista mexicano.

Miren, por Dios, ustedes, cuántos apuntes y desnudos de la hermosa mujer del cine azteca.

¡La dama que estremeció a América!

Presencias que fueron almas. Y más de las ceremonias taurinas, donde surgió un poema con el nombre de «Silverio»… El pasodoble más hermoso de una leyenda…

¡Recuerdos amasados de mármol en el alma!

¡En las vidas!

Estas historias las aprendí de niño, cuando me las narraba mi tío Benedicto Orozco, con aquella eternidad vasca, mas en sus pasiones por el mundo mexicano…

Mientras la canción al torero permanecía en las armonías de las orquestas…

Era la melodía de la otra rivalidad, como si de amores una mujer se había vestido para el poeta y también para el torero, entre los tequilas y el dolor de un pueblo. Entre la purificación del ser y un juramento de amor en una de las 365 iglesias de la ciudad de Puebla.

En lo murales del Palacio federal, en el Zócalo, se puede sentir y ver a María vestida de soldadera, como si «María Candelaria» fuese en la guerra con el legendario José Emiliano Zapata. Y el arreo en bronce de la Monumental de Insurgentes se convirtiera en un llanto a los siglos. Porque de allí una flor estará viva de amor en la solemnidad de una belleza y en la leyenda casta de los albores de México, para que grite aún toda América…

En aquellas preciosas noches de encuentros, en mi casona, logramos apreciar cómo Bernardo Valencia nos narró sus años en Jalisco y el candor de Silverio apareció en sus memorias. Tan igual de saber que Alfredo Sadel, una tarde de Maracay en la Maestranza, le cantó su promesa del santuario de los toreros.

Y días después llegó a mi casa un paquete de correos y al abrirlo era un traje de luces de regalo y en un sobre con letra de Bernardo decía: «Este traje, nazareno, oro y plata, fue de Silverio».

¡Cantaron los gallos en el rostro de los amores y los amaneceres cobijados en todas las almas!

¡Hermosos recuerdos!

Vestidos de imágenes y de amor eterno… para digerirlos con vino, entre amigos, y saber de los juramentos de una tarde de sol con luces de diestros y la magia divina de la que solo saben las eternidades…

_________________

De La Grita al cielo

- Advertisment -