La Revolución del voto Marco Tulio Arellano

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“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

Simón Bolívar

(Angostura, 19 de febrero de 1819)

El surgimiento de un sistema democrático y la consolidación de una cultura del voto no son fenómenos nuevos en Venezuela, solo que con la llegada de Hugo Chávez, como líder después de su “Por Ahora” en 1992 y su ascenso a la Presidencia de la República en 1999, la democracia en nuestro país retomó vida y encontró su verdadero rumbo.

El concepto y significado de democracia representativa, enarbolado por los Estados occidentales (Estados Unidos. Europa y de América Latina) y expresado en sistemas presidencialistas y parlamentarios, cambiaron con la llegada de la Revolución bolivariana, en el marco de un proceso constituyente en Venezuela.

El ascenso de las fuerzas populares al poder, impulsadas por el liderazgo del comandante Chávez, cambió las reglas del juego y les brindó un verdadero impulso a través de una nueva Constitución; la Constitución Bolivariana de 1999, aprobada a través de una Asamblea Constituyente, la cual le dio alma popular y la blindó con el sello de una auténtica democracia participativa y protagónica.

No ha sido nada fácil para el gobierno revolucionario el hecho de haber asumido el reto de impulsar los cambios. Su aliento motorizado por el comandante Supremo ha generado sacrificios irreparables, como la propia pérdida del líder vital del proceso, el hijo de Sabaneta, el presidente Hugo Rafael Chávez Frías.

El camino recorrido y el que falta por recorrer no han sido ni serán concha de ajo, como acostumbra parafrasear el presidente Nicolás Maduro, quien tomó la bandera del relevo y asumió las riendas para conducir la nave del Estado venezolano en aguas turbulentas, para alcanzar un proceso auténticamente democrático, libre y soberano.

Buscar la independencia y romper las ataduras del Imperio, definido por el Libertador Simón Bolívar desde la época de independencia del Imperio español, es algo más que una profecía:

“Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.

La sentencia ha prevalecido en el tiempo y los mandatos de un nuevo imperio (el Imperio norteamericano) nos habían considerado como su patio trasero, a pesar de tener varios traspiés en la historia de los pueblos de América Latina.

Venezuela, “la estrella del Sur”, ha surgido nuevamente como un faro de luz en el concierto de las naciones del mundo. En su camino hacia la búsqueda de una consolidación de su sistema político socialista y revolucionario, hoy enfrenta los peores ataques de sus enemigos internos y externos.

En una nueva encrucijada, la patria de Bolívar atraviesa los riesgos más inverosímiles y las guerras más impredecibles de los nuevos tiempos (sicológica, de IV, V y VI generación, asimétrica, etc.) impulsadas por el Departamento de Estado, la OTAN y los perritos falderos de la patria grande, lacayos del Imperio como Colombia, Perú, México, Chile, Brasil y Argentina.

No la hemos tenido fácil, pero la herencia y la siembra del comandante Chávez abrieron los ojos al pueblo venezolano e iluminaron el camino para marcar un nuevo destino, en las próximas edades y en los venideros años de la Revolución bolivariana.

Desde los cimientos del Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200), hasta nuestros días, con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el Gran Polo Patriótico (GPP), el pueblo venezolano cruza el desierto y atraviesa nuevas adversidades para enfrentar la guerra económica y asumir así su defensa por el camino de los votos.

El reto no es cualquier cosa y la Revolución bolivariana enfrenta una nueva prueba de fuego. Sus bases están bien sólidas y el árbol de las tres raíces se ha fortalecido al paso del tiempo, como lo pensaron nuestros héroes.

“¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original. Originales han de ser sus instituciones y su gobierno. Y originales los medios de fundar unas u otros. O inventamos o erramos…”

“La América no debe imitar servilmente, sino ser original”

Simón Rodríguez

“Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Usted me enseñó”

Simón Bolívar

“La causa que sostenemos, que no es otra que la verdadera causa de los pueblos, la República genuina, la Federación, vuestro heroísmo debe ser premiado con el triunfo de los principios y el derrocamiento consiguiente de la tiranía ¡Viva la Federación! ¡Viva la verdadera República! ¡Viva y para siempre la memoria de los patriotas de nuestra independencia, de los hombres del 5 de julio de 1811, los que en el acto glorioso dijeron a los pueblos FEDERACION!

Que se cumpla después de tantos años…”

Ezequiel Zamora

Las sentencias siguen vigentes para los revolucionarios en el legado del Plan de la Patria que nos dejó el comandante Hugo Chávez. Hoy más que nunca y ante un nuevo reto del pueblo soberano contra los enemigos de la patria y la burguesía, representada por una oposición mutante, lacaya del Imperio y enemiga del pueblo, debemos enfrentar una nueva batalla.

La fecha está fijada. No hay vuelta atrás y los días están contados. El pueblo venezolano, impulsado por su conciencia y su afán de libertad y soberanía, demostrará el próximo 20 de mayo que llegó la hora de consolidar la auténtica revolución: la Revolución bolivariana que no tiene vuelta atrás.

Nuevamente el pueblo de Bolívar, Rodríguez y Zamora, junto al espíritu indomable de Hugo Chávez Frías, gritará a los cuatro vientos, a los países de la patria grande y del mundo, ¡Unidad, lucha, batalla y victoria!

En esta nueva oportunidad lo hará a través de la Revolución del voto. ¡Venceremos!

¡Amanecerá y veremos! (Marco Tulio Arellano)