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Pasión por el Táchira …otros sonidos

 Julieta Cantos

No lo recuerdo…pero quizás en algún artículo anterior, hablé sobre los murmullos de la ciudad. Hoy quiero hablar de esos otros susurros, y es que la ciudad adquiere sus sonidos a partir de sus habitantes…incluso aquellos no humanos…los de la naturaleza. Son diferentes y le dan un carácter especial según las épocas del año. Solamente hace falta desarrollar los sentidos para percibir las diferencias.

Un mismo espacio cambia y es percibido en forma diferente según los sonidos que emita. Los días previos a la Navidad, había un bullicio producido por el comercio, el ajetreo de las compras, los tarantines improvisados, instalados para las ventas locales, el transitar de la gente entre unos y otros. Las motos con sus ruidos al desplazarse entre calles y avenidas, los carros circulando, pitando para advertir de su paso raudo y veloz, la música estruendosa saliendo de las cornetas estratégicamente ubicadas para llamar la atención sobre determinados negocios y la mercancía que ofrecen…generando el efecto contrario y produciendo fastidio, ante esa música convertida en ruido molesto

El ambiente festivo envuelve a la gente y la contagia, todo se vuelve posible en nuestros espacios urbanos. Es posible vender, es posible comprar, es posible tener una sensación ficticia de felicidad consumista, por tiempo determinado.

Días después, pocos días después, apenas pasada la fiesta decembrina, y el recibimiento del nuevo año, nos asomamos tímidamente a esos mismos espacios y son otros. Se comportan diferentes, se perciben diferentes. La ciudad además nos ofrece un aspecto extraordinario, gracias a sus desniveles. Desde cualquier parte un poco más alta que cualquiera ubicada más abajo, podemos asomarnos y mirar con inocencia, con curiosidad, calles, tejados, terrazas, parques, plazas, árboles, cemento, construcciones en remodelación, pero sin ruidos, solo flotando con sonidos diferentes. No se escuchan los carburadores, ni los pitazos, ni los frenos, tampoco los gritos ofertando, ni a los transeúntes negociando, ni las cornetas estruendosas con ruidos en lugar de armonías. Se distinguen mejor los sonidos del viento, de los árboles mecidos por la brisa; la voz baja, cómplice de vecinos contando sus historias, los trinos de los pájaros, el aletear pesado de gavilanes, bandadas de loros, que transforman y llenan de colores a esos mismos espacios, cosa que hacen casi diariamente, pero que no alcanzamos a observar, distraídos como estamos en el ritmo de nuestra vida urbana. Es una confesión íntima que nos ofrece nuestra ciudad, si nos permitimos escucharla, aceptarla.

Entre el 26 y el 27 de diciembre del pasado año…el 2019, celebraron un encuentro los arquitectos egresados de la UNET, de las últimas 10 promociones. Hubo un conversatorio, en donde parecía haber una idea generalizada, del modelo de estudiante UNET, como lo mejor, diferente e integral. Habría que revisar en los 36 años de la carrera de Arquitectura, cuáles han sido los aportes de esas generaciones en la construcción y mejora de nuestra ciudad. Cuántos de nosotros nos detenemos a escuchar lo que la ciudad y sus habitantes quieren íntimamente decirnos.

Me siento tranquila hoy, tratando de descifrar esos sonidos que el espacio en el que habito intenta confesarme. Bienvenido el 2020, con nuevos propósitos de lo que como ciudadanos, es decir, aquellos que habitan, conviven y dialogan en esta nuestra ciudad, pretendemos aportar para una mayor y mejor felicidad individual y colectiva, más humana, más generosa, más compartida, más tolerante.

Postdata: Mi deseo para el 2020 es conseguir el repuesto de mi camioneta… // Comentarios bienvenidos a: julietasinlimite28@gmail.com

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