Opinión

Rememoremos los 191 años del fallecimiento de Simón Bolívar

14 de diciembre de 2021

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Alejo García Sierra


Ha sido considerado como el paradigma y el líder más importante y trascendental de la historia de Venezuela, de América y a nivel mundial. Simón Bolívar tuvo grandes dotes de estadista, sobresaliente jefe militar, hacedor de Republicas gobernante de varios países liberados por el  yugo español y a además visionario. Entre los años de 1811 a 1825, El Libertador Simón Bolívar leyó excelentes clásicos, escribió, ejecutó y fue factor sobresaliente en la sensacional Epopeya Revolucionaria para la liberación y consolidación de los gobiernos de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y la creación de Panamá al separarse de la Gran Colombia. Junto a esa brillante activación militar y de gobernante redactó una prodigiosa obra literaria como: “El manifiesto de Cartagena en 1812, la carta de Jamaica en 1815, Mi Delirio sobre el Chimborazo en 1822, la Constitución del Congreso de Angostura en 1819, la de Cúcuta en 1821, la de Bolivia en 1825 y el Decreto Orgánico de la dictadura en Bogotá en 1828.

En cuanto a su gesta militar y de estadista no hay similitud en América con otros preclaros hombres de armas y de gobernantes. Su actuación en el campo militar, algunos historiadores afirman una descollante participación así: 427 combates, dirigió 37 campañas, con un desenlace de 28 victorias, 8 derrotas y una con resultado incierto, hizo un recorrido a caballo, mula o a pie aproximadamente de 90 mil Kilómetros de longitud, escribió alrededor de 10 mil cartas, 189 proclamas, 21 mensajes, 14 manifiestos, 18 discursos y una somera biografía del Mariscal Antonio José de Sucre. Durante un periodo de 20 años de lucha para libertar a su patria Venezuela y otros  países latinoamericanos, padeció una serie de acontecimientos que amargaron y mermaron su existencia, obstaculizaron su espíritu de libertad que pregonaba, practicaba y finalmente lo condujeron a un desenlace fatal. Entre las más notables se destacaron: reiteradas intrigas de varios jefes patriotas para terminar con su gran sueño, la creación y consolidación de la Gran Colombia, el frecuente antagonismo entre los bandos conservadores y liberales para levantar voces  airadas contra El Libertador Simón Bolívar, la prescripción inesperada del Padre de la Patria por el Congreso de Valencia de Venezuela en 1830, la profundización de diferencias entre El Libertador y el general neogranadino Francisco de Paula Santander, el fracaso del congreso Anfitiónico de Panamá en 1826, el intento de atentado contra el Líder de América, el 25 de septiembre de 1828, en el Palacio de San Carlos en Bogotá y por último la proclamación de su dictadura, exacerbaron los ánimos en la clase política de la Nueva Granada, lo cual acentúo difícil para entonces la situación de Simón Bolívar.

Ante el clima de hostilidad desatado en Bogotá por su dictadura, El Libertador decidió terminar dicho mandato en esa condición. En ese sentido, convocó un Congreso Constituyente el 24 de noviembre de 1828, para reunirse a partir del 2 de enero de 1830. El mismo se instaló el 20 de enero de ese año.   Se nombra Presidente del Congreso al Gran Mariscal Antonio José de Sucre y Vicepresidente al obispo de Santa Marta José María Esteves. Ante lo complicado de acontecer político de Santa Fe de Bogotá para esos días y a su débil y complicada salud que padecía Simón Bolívar renunció a la presidencia del gobierno. El primero de marzo del año en curso entregó sus funciones a Domingo Caicedo, a la sazón presidente del Consejo de Estado.

A partir de ese momento todo estaba consumado. Después de 20 años de gloria, su salud empeoraba y solo tenía una amarga realidad: odiado cada día más por muchos, no tenía recursos económicos, desprovisto de poder pasaba a la similitud de pordiosero. Para colmo de su destino, recibió la infausta noticia del vil asesinato del más capaz y apreciado de sus generales del ejército patriota, el Gran Mariscal Antonio José de Sucre, en la montaña de Berruecos, el 4 de junio de 1830 a manos de varios de sus adversarios patriotas. Mucho de ellos veían en el Abel de Colombia, el futuro sustituto del genio de América, del forjador de varias republicas, del hombre de las dificultades y del Líder más notable de América.

Al comprobar que era maltratado por la clase política grancolombiana, en condiciones de salud lamentables  y sin porvenir confiable, abandonó a Santa Fe de Bogotá el 8 de mayo de 1830. Emprendió el viaje con un exiguo séquito y al pasar por las vías públicas era vilipendiado por unas cuantas personas. Vende algunas cosas personales para reunir dinero con la finalidad de usarlo para la travesía, como sus caballos, vajillas de plata, alhajas y otras pertenencias.

Luego de un penoso periplo el moribundo Padre de varias Republicas arribó a Cartagena y de allí se traslado a Santa Marta, alojándose en la Quinta de San Pedro Alejandrino, propiedad del español Joaquin de Mier. Su estado físico empeorada a medida que transcurrían los días y en cierto grado de lucidez dictó su testamento y su última proclama. En la cual arengó por la consolidación de la unión de los pueblos y la desaparición de los partidos, que tanto daño le habían producido a la estabilidad de Colombia.

Su estadía agonizante en Santa Marta le permitió conocer a quien fuera el médico de cabecera el cirujano de guerra  Alejandro Próspero Reverend. El primer pronóstico del médico no fue nada alentador, porque el paciente informó al galeno, el poco cuidado y desinterés por el tratamiento de la enfermedad de tuberculosis que padecía. A los días los amigos del aquejado le pidieron al facultativo que informara al convaleciente la gravedad del estado de su salud. La finalidad era para que preparara los asuntos de importancia y asimismo diera instrucciones para proceder una vez fallecido.

Al pasar los días de reposo la salud empeoraba y mediante los boletines médicos anunciaban un fallecimiento inminente. Finalmente un comunicado oficial del gobierno neogranadino anunciaba que falleció “El Sol de Colombia”; el 17 de diciembre de 1830, a los 47 años, 4 meses y 23 días de edad y entregaba su alma al creador.   Es sepultado en el altar mayor de la Catedral Basílica de Santa Marta. En este lugar permaneció hasta 1942, cuando por solicitud del gobierno de Venezuela fue trasladado a su Patria. Sus restos fueron inhumados en la cripta de la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas. En 1876 por disposición del primer magistrado de la República Antonio Guzmán Blanco son trasladados al Panteón Nacional.

Al cumplirse un nuevo aniversario de su desaparición física, Rememoremos los 191 años del fallecimiento de Simón Bolívar. Los auténticos bolivarianos debemos honrar, respetar y practicar su legado que nos dejó, con el propósito de evitar una catástrofe a la patria grande y hermosa liberada por nuestro Libertador, en estos momentos difíciles que padecemos los venezolanos.

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