domingo 31 mayo, 2020
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Repelencias 187

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No extrañemos, apreciados lectores, que con los saqueos, la invasión de fincas y la matanza de reses, sus dolientes busquen la manera rápida de evitar tales desmadres. Mucho cuidadito con repetir en nuestra patria experiencias trágicas que se han sufrido en otras tierras no tan lejanas.

Los amigos del magallinas y el cacaracas llegaron al salón de espera con los Tiburones. Nadie se acuerda del segundo, decía el gran Cochise Rodríguez.

Comentan que los maestros que salieron de sus planteles en comisión de servicio para trabajar en el gobierno rojo, no han aceptado jubilación en esos antes oficiales. Me alegra que sus palabras vayan acompañadas de acciones de verdad socialistas. Hacer lo contrario es evidenciar una farsa ideológica inaceptable.

La Vuelta al Táchira sigue su curso para disfrute de todos los aficionados. Son muchos años de tradición calapédica como para dejarla a un lado. José Antonio Muñoz va de primero en posiciones de conocimientos y maneras respetuosas al comentar cada etapa. Vaya mi reconocimiento a todos los responsables de estas transmisiones que nos mueven a seguir emocionándonos ante un remate en la raya de sentencia.

Esta orquesta roja suena horrible. Su director y el atrilero intentan explicar tal desmadre, diciendo que los instrumentos están desafinados y que los músicos no ensayan. Los que asistimos al concierto queremos que afinen y que ensayen. Creemos que hay que cambiar al director y al atrilero por malojillos.       

Siguen llegando solicitudes para la entrada al callejón de la plaza de toros. La mayoría lo que hace es estorbar la tarea de los mozos de espadas. En mi época, los mozos eran de bastos. Mucho guelefrito empujando pasiones desde allí.

Están fichando a nuestros  futbolistas en el exterior. Soteldo, Sosa, Martínez y otros muchachos  darán sus capacidades en clubes de mucha tradición futbolística para elevar nuestra estirpe en materia deportiva internacional.   

Dice mi tía Pulqueria que lo que falta es que el gobierno ahora le pague a los vagabundos un bono por cada arrinche que tengan. El viejo Melquiades sonríe desde la cocina. (Carlos Orozco Carrero)

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