domingo 16 enero, 2022
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“Venezuela no es Suiza”

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Francisco Corsica

Ya lo he dicho en escritos anteriores y lo sostengo: vivimos saltando de una polémica a otra. ¡Qué torbellino de sentimientos encontrados! Aunque nos sobren motivos para ello, nos hemos vuelto una sociedad quejumbrosa. Y el problema no es ese, sino que nos hemos limitado a cuestionar cuanto evento acontece sin dar un paso adelante para salir de la inercia. Por supuesto, si fuere lo deseado.

Ustedes se preguntarán por qué digo todo esto. Hace poco, una dirigente política de oposición tildó como “racistas” unas declaraciones dadas por un funcionario europeo. En la antesala de un proceso electoral donde se elegirán más de tres mil cargos públicos, el segundo de ambos dijo que “las elecciones en Venezuela no son como las de Suiza, el régimen venezolano es el que es”. En términos sencillos, no somos Suiza.

El trasfondo de todo este meollo no es demasiado importante detallarlo. Lo conocemos bien y ya comienza a tornarse repetitivo. Para nadie es un secreto que nuestro país no mantiene en estos momentos las mejores relaciones diplomáticas con el resto del mundo. Igualmente, cada uno de nosotros va definiendo sus opciones para los diferentes cargos a elegir en noviembre. Quienes votemos, claro está.

Lo curioso del caso es que el aludido funcionario extranjero, si bien trató de menospreciar a nuestros funcionarios e instituciones idealizando las de otro país, pudiésemos inferir un par de cosas que pueden ser de gran utilidad para nosotros. Solamente por esa razón, apoyo parcialmente sus declaraciones. Y les voy a exponer los motivos.

Primero. Cualquiera que conozca ambos territorios podrá decir exactamente lo mismo. No es racismo, como lo plantea la dirigente. Se trata de simple observación. Ellos son menos de nueve millones de personas mientras nosotros rondamos los treinta. Allá se hablan cuatro idiomas oficiales —romanche, italiano, francés y alemán— y acá contamos con el español y las lenguas indígenas. Su clima y geografía distan de los nuestros. Y qué decir de la economía, religiosidad y forma de gobierno. Somos diferentes en casi todo. Por más que pueda desearse, no somos iguales.

Un segundo punto está estrechamente vinculado al anterior. Por las notorias diferencias entre ambos, su modelo de desarrollo y de bienestar no necesariamente nos conviene. La mejor prueba de eso la apreciamos en la misma Europa: es un esquema que solamente aplican los suizos. Mientras allá los miembros del gobierno se rotan la presidencia anualmente, en Inglaterra no saben lo que es vivir sin reyes vitalicios. O si no, España es reconocida por el turismo y Suiza por su sistema bancario. Por citar ejemplos concretos.

Fíjense en este último. Sus palabras no sugieren tampoco que debamos igualarnos a las sociedades más avanzadas de Europa. ¿Para qué establecernos como meta el nivel de vida de aquellos Estados? En muchos aspectos podríamos rebasarlos si trabajásemos en función de ello. Podría ser más conveniente que cuestionar a los pocos que se atreven a emprender y dejar de lado las excusas.

No es por el contexto general o particular que envuelve su comentario, sino por la frase en sí. Cualquier cambio que pueda plantearse en nuestro devenir político, económico o social debe atender a nuestra propia realidad. Esto no implica que seamos inferiores o superiores a alguien. Mucho menos que no merezcamos ciertos beneficios. Simplemente es entender que vivimos en un país distinto de todos los demás y que los modelos foráneos no necesariamente son aplicables dentro de estas fronteras.

¿Qué nos corresponde? Analizar experiencias en otras latitudes para aprender de ellas y saber cuánto de todo aquello nos conviene. Igualmente, valerse del ingenio. Si no me creen, miren el ejemplo de un alcalde capitalino: ante la falta de agua, inventó pozos profundos para surtir del vital líquido a sus habitantes. Tampoco podemos ignorar que existen varias ciencias sociales que pueden aportar mucho a la hora de exponer aciertos y tropiezos en esos procesos.

Resumiendo. El comentario del representante del Viejo Mundo no parece racista. Suiza es una de esas sociedades modelos en todo el planeta y solamente destacó que nosotros no somos iguales. Efectivamente, así es. Dejemos de buscarle las cinco patas al gato. Pero esto no tiene por qué ser malo. Venezuela debe darse su propio modelo de bienestar y desarrollo. Quizá de esa manera, algún día, sean los suizos los que quieran parecerse a nosotros en algo.

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