Venezuela radical

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Este artículo, aunque su contenido lo elaboré mentalmente hace varias semanas, decidí publicarlo y difundirlo al culminar el acto electoral del 15-10. Las razones se desprenden del mismo. Este artículo no se refiere al proceso fraudulento constituyente que se inició con la convocatoria espuria e inconsulta de Maduro, que pasó por todos los actos nulos de nulidad absoluta de alteración del Registro Electoral Único, de organización de sus elecciones por un CNE que no tenía competencia para ello (no vi que nadie se refiriera a ello, pero yo sí lo señalé), se rubricó con la elección de unos supuestos constituyentes y su juramentación, y que aún no ha culminado con todas las deliberaciones de un Asamblea que se considera un suprapoder, arrogándose atribuciones que no le corresponden. Por cierto, debo recordar que como apoderado judicial de una institución universitaria encabezo un grupo de abogados que demandamos la nulidad de todo este fraude constituyente. Esto lo digo, no solo para responder esas suspicaces preguntas sobre qué hemos hecho contra este régimen inconstitucional, sino para que quede también claro que no he saltado la talanquera, no me he plegado al régimen comunista y sigo aportando en lo que yo hago, ejercer el Derecho, reflexionar en las aulas y generar opinión en los medios, para conquistar la libertad usurpada.
Este artículo tampoco tiene que ver con la anulación de todas las actuaciones de la Asamblea Nacional, que elegimos con una amplia mayoría, para que nos representara en uno de los más importantes órganos del Poder Público, que ya no sesiona, que no existe en la práctica, que se dejó aniquilar y que sus diputados “representantes del pueblo”, sin nuestro consentimiento, prefirieron participar en unas elecciones regionales, que ejecutar las decisiones parlamentarias y cumplir con lo que estaban llamados a realizar, con rendición de cuentas. Este artículo tampoco se dispone a recordar que nos pintaron castillos en el aire el 16-J, en unas votaciones que por cierto no fueron organizadas por el CNE (ahora sí había que combatirlo el 15-10), y en la cual los políticos no se cansaron de pedirnos en esa consulta popular que debíamos exigir el respeto de la Constitución con base al 333 y el 350. Este artículo ni siquiera pretende incursionar en el análisis de los resultados obtenidos en la votación del 15-10, independientemente que se haya ganado una o 24 gobernaciones, o no se hubiere ganado ninguna por la oposición, ni tampoco en el examen de los efectos de los mismos, así los flamantes gobernadores electos de la oposición hayan obtenido su espaciocomo joya de la corona, y luego queden como muñecos de vitrina ante un usurpador paralelo que le impondrá la ilegítima ANC. Este artículo tampoco va a cansar al lector con la situación actual (aunque no menos importante y de extrema gravedad) de la Venezuela donde no tenemos nada, ni vida, ni comida, ni salud, ni empleo estable, ni producción nacional y con una familias que se están desintegrando, y otras que ya no saben cómo enfrentar una hiperinflación que las ha puesto al borde de dejar el último suspiro en las bolsas de basura que están esculcando.
Este artículo sí aspira a poner en el tapete a la Venezuela radical, esa que se acaba de expresar justo antes del 15-10 y que probablemente siga manifestándose estas próximas semanas. Es una Venezuela que desconocíamos, que estaba oculta, tal vez subyacente, pero que nos causa, como si ya no fueran pocas, la mayor de nuestras angustias. Es la Venezuela en donde los políticos de la oposición y muchos que no comulgan con el régimen devastador castro-comunista-madurista prácticamente intentaron ahorcar con epítetos, insultos y descalificaciones a quienes pudieran haberse atrevido a asumir la posición de votar o de no votar el pasado 15-10. Esos términos radicales de señalar con el dedo público acusador que quien no fuera a votar era poco menos que traidor a la patria, merecía la excomunión, le hacía el juego al Gobierno y era un maluco porque le estaría entregando al oficialismo los espacios regionales de la joya de la corona con su abstención, deben generar ahora una reflexión seria sobre lo que nos hemos convertido los venezolanos, o en qué nos han convertido. Sea una posición u otra en la decisión en cuanto al voto, esas imputaciones ofensivas parecieron olvidar que si estamos en la lucha por la libertad, esa conquista no sólo comprende la preservación de la libertad del voto (que no es un deber en esta Constitución, pero su ejercicio sí lo era en la de 1961), de la libertad de conciencia, y de la libertad de expresión del pensamiento y opinión, sino, asimismo, la defensa de valores y principios elementales, como el respeto a la disidencia, la aceptación del pluralismo, el convencimiento de que urge la tolerancia y la escucha de diferentes puntos de vista para la construcción o el restablecimiento de la auténtica democracia, y no imponer a la fuerza un arma en el pecho y en la mente al elector, que está ya bien grandecito, mayor de 18 años, para tomar sus propias decisiones.
Son lamentables estas actitudes radicales que se vertieron como hemorragia incontenible, especialmente en las redes sociales. Llevamos 19 años sufriendo con los extremistas que se apoderaron del país, para cambiarlos por otros. Antes que rescatar la libertad del país, debemos rescatar nuestras libertades individuales. De lo contrario seguiremos encadenados en este camino tortuoso que ya nadie soporta ni le hace feliz.
isaacvil@yahoo.com
(Isaac Villamizar)