martes 18 mayo, 2021
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¡Vuelvan caras!

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Antonio José Gómez Gáfaro


Esta famosa expresión salió de labios del General José Antonio Páez, el 2 de abril de 1819, durante la acción de las Queseras del Medio, en la que sus jinetes volvieron a la batalla y derrotaron a una buena parte del ejército realista. Con qué vigor y solemnidad quisiera hacer resonar estas palabras en los oídos de tantos que están angustiados y apocados de ánimo en medio de las vicisitudes del día a día. Tenemos todo el potencial para salir de esta situación; tenemos la capacidad para tener la Venezuela que se merecen nuestras familias, y la que nos merecemos nosotros.

Me sorprende en sobremanera la valentía que el pueblo venezolano tiene: sueldos míseros, el país cayéndose a pedazos, inseguridad, desempleo, la salud en crisis, las universidades pendiendo de un hilo y, a pesar de todo esto, ante un panorama tan desolador y con nubes de negra tormenta, hay personas dando la batalla. Hay hombres y mujeres de campo, fatigándose día y noche, para llevar a todos los lugares de Venezuela alimento con el peligro latente de perderlo todo; hombres y mujeres que exponen su salud para recoger y procesar el material de desecho orgánico sin ningún tipo de seguridad; hombres y mujeres dando clases, y haciendo todo su esfuerzo para adaptarse a la tecnología e impartirlas a distancia sin ningún recurso; hombres y mujeres -enfermeros, médicos, camareros, personal de limpieza-, desgastándose en un hospital; jóvenes luchando por formarse, lo mejor que pueden, en universidades que luchan por sobrevivir… ¿y todo esto a cambió de qué? A cambio de sueldos míseros, presente angustioso, y porvenir incierto… Estas valerosas personas han exaltado su labor a la humanidad en un grado que asombra: ¡ya no trabajan por un sueldo, trabajan porque les nace, porque quieren alimentar, educar, mantener las ciudades limpias, atender enfermos, formarse para reconstruir la nación! No justifico el triste salario por tanto esfuerzo, al contrario, me duele, y clamo por una solución. No justifico, pero enaltezco la noble labor.

“¿Qué te pasa, venezolano? ¿Qué has visto que yo no veo? No teniendo nada, lo estás dando todo; estás dando tu vida, sin recibir nada”, dirán muchos, indignados, al ver la noble labor en tan oscuro panorama; responderán a estos primeros muchos otros: “No veo un sueldo ni una estabilidad para mi familia, pero veo hermanos que sufren. No puedo cerrar mi mano al que me pide pan, ni guardar mi pala al que me pide verdura; no puedo esconder el bisturí al que se retuerce de dolor, ni cerrar el libro al que me pide estudio. No veo extraños, veo hermanos. Mi familia muere de hambre, y lucho por darle de comer, pero tampoco puedo dejar morir al que clama por mi ayuda”. No tengo palabras para expresar, en prosa o en rima, los sentimientos del venezolano honesto. No tengo cómo agradecer a mis padres y profesores… no tengo cómo agradecer al señor que sale de madrugada a arar la tierra y atender el gallinero, no tengo cómo agradecer al hombre de tez morena que limpia las calles; no tengo cómo pagar al médico, ni a la enfermera, por sus guardias de 72 horas, ni al personal de limpieza que mantiene limpios los hospitales. No tengo cómo agradecer a los profesores que no rehúsan dar conocimiento. Algo está claro: todos juntos, unidos, podemos trabajar por la Venezuela que nos merecemos. Es justo exigir condiciones de vida digna, es justo que nuestras familias tengan descanso.

En contraposición, y me pesa decirlo, hay muchos que se valen de la injusticia para llenar sus carteras, mientras el pobre honesto se hace más pobre: el dinero ilícito se hace cada vez más y más común, y, pá de ñapas, se empieza a ver cada vez más normal. Es bobo el que trabaja honradamente, y el que hace los trámites legales él solo; y es más bobo el que alza su voz para llamar malo a lo que es malo. ¿Hará falta malicia?, nótese que hago burla de esta expresión malsana… ¡No, hace falta bondad, hace falta querer hacer las cosas bien, hace falta ver hombres y mujeres en lugar de objetos, hace falta ver hermanos en cualquier persona sea o no coterránea! ¡Hace falta descubrir a Dios en el que sufre! No podemos seguir apoyando la injusticia: ni en los altos niveles, ni tampoco en los niveles en apariencia insignificantes. Quizá nadie se fije en que estás robando señal por cable… ¡pero Dios sí te ve! ¿Serías capaz de hacer algo malo sabiendo que tu papá o mamá te ve? Bueno, saca consecuencias…

Es necesario volver a la honradez, es necesario velar y luchar por condiciones de vida y salario dignos. Es necesario volver la mirada y luchar en el día a día, en las cosas más menudas, y hacerlas bien: no porque nos vean, sino porque nos da la gana hacerlo. Es necesario volver la cara a Dios, que no es vengativo, sino que es todo amor y nos espera. Es necesario hacer lo que Dios quiere, como el buen hijo hace lo que es bueno para agradar a sus padres; y así haremos felices a los demás, y haremos felices a los nuestros, y seremos felices. Así tendremos la Venezuela, y el mundo, que merecemos. Tú quieres ser feliz, aunque, quizá, aún no lo sepas. Es necesario ayudarnos juntos, y trabajar juntos. Nada está perdido. ¡Vuelvan caras!

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