miércoles 26 enero, 2022
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Aumenta el malestar en El Palotal por la escasez de agua potable

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De acuerdo con el último censo, la parroquia fronteriza cuenta con 10.110 habitantes


Por Jonathan Maldonado

La parroquia El Palotal, en el municipio fronterizo de Bolívar, está conformada por nueve barrios. En la mayoría de las comunidades, el servicio del agua potable se ha convertido en un drama, pues hasta mes y medio pueden pasar sin que arribe el líquido.

Gran parte de los hogares que conforman la parroquia fronteriza ha optado por comprar tanques de plástico para acumular cierta cantidad de agua posible, una vez se restablece el servicio.

Muchos de estos tanques son visibles para los transeúntes o conductores, pues se hallan en los techos de las casas. “Llevamos más de 12 años con esta problemática, la cual se agudiza con los días”, subrayó Sandra García, habitante de la carrera 10, en el sector Moyano, barrio José Félix Ribas.

“Acá nos llega una vez al mes o cada mes y medio”, recalcó García, quien se hallaba bajo el amparo de un árbol que le protegía del sol abrasador del momento. “Cuando llega, llega con poca fuerza, y los que estamos en la parte de arriba no nos beneficiamos. En Maisanta, por ejemplo, casi nunca logran llenar los recipientes”, dijo.

La dama lamentó que, al momento de reactivarse el servicio en la zona, solo dure horas. “Ojalá y la dejaran, como mínimo, dos días; hiciéramos fiesta”, ironizó, para luego indicar que constantemente suelen comprar los servicios de los camiones cisterna.

“El 28 de diciembre compramos agua y nos durará, estirándola lo más que podamos, entre 15 y 20 días”, soltó la ciudadana mientras dejaba claro que, al mes, gasta hasta 80 mil pesos para abastecerse.

Trajo a colación un camión cisterna que antes pasaba por la zona y era enviado por la alcaldía. “Uno le colaboraba con la gasolina y nos daba agua en todas las casas, pero no volvió a pasar”, insistió quien tiene más de 25 años viviendo en el sector referido.

“Les pedimos a las autoridades que nos colaboren, que se pongan la mano en el corazón y se den cuenta de que también somos patria, humanos que necesitamos”, manifestó García, quien trabaja como operadora de máquina plana en la ciudad de Cúcuta.

“Es un tema grave”

María Suárez, del sector Maisanta, calificó de grave y delicado el tema del agua. En diciembre, recordó, dejaron el agua tres horas y no “pudimos recoger la cantidad que se requiere para aguantar unos días”.

Días después le volvieron a activar el servicio al sector y duró 24 horas, tiempo en el que tanto Suárez como sus vecinos se la pasaron llenando pipotes y procurando que los tanques quedaran llenos.

“Es el problema más grave que le veo a la comunidad, ya que se sufre mucho por la precariedad del servicio, el cual llega cada 22 días o cada mes, y dura muy poco”, aseveró.

En Maisanta, los vecinos también acuden a los camiones cisterna para solventar tan precario escenario. Suelen reunirse entre dos o tres familias para pedir la mayoría de litros posibles, y se los reparten de forma equitativa.

Lo difícil, para cada familia, es sacar los pesos. “Cobran 12.500 pesos por cada 1.000 litros”, prosiguió Suárez desde la comodidad del porche de su hogar. “Aquí tenemos dos tanques y, cuando están llenos, duran 20 días”, agregó.

“Cada mes nos llega el agua”

El tiempo que duran sin agua se asemeja en cada comunidad que visitó el equipo reporteril de La Nación. Carmen Carillo, habitante del sector los Cujicitos, se quejó porque el agua sale de los grifos cada mes o más.

“El tiempo que nos dura no da para hacer todos los trabajos de limpieza que se requieren”, aseguró la ciudadana desde la sala de su vivienda, donde resaltó que solo cuenta con dos tanques, de mil litros cada uno.

Para ahorrar el agua que logra acumular, viaja hasta San Antonio del Táchira, a la casa de un familiar, donde lava la ropa, un método que le permite usar el agua de su casa para lo más primordial: preparar la comida.

En su hogar hay niños, sus nietos, y se le hace más complejo cumplir con todos los protocolos de limpieza, sobre todo en una época donde la covid-19 no ha cesado.

Los pesos le rinden menos, ya que debe sacar de su bolsillo para pagar el servicio de un camión cisterna cuando el agua se esfuma de sus dos tanques. “Me uno a otros vecinos y la compramos”, añadió.

“Ya nos estamos acostumbrando a vivir así”, señaló para luego proceder a enviarles un mensaje a las autoridades: “Traten de buscar una solución, pues es poco lo que nos dura el agua en la casa”.

“Nos bañamos una sola vez al día”

No hay mes que pase José Camilo Torres, habitante del barrio Juan de Dios Muñoz, sin comprar el servicio de un camión cisterna. A veces gasta hasta 40 mil pesos o más.

Para torres, la deficiencia en el servicio de agua potable los lleva a aplicar reglas drásticas para ahorrarla. “Aquí nos bañamos una sola vez al día, dos veces sería un lujo para nosotros”, indicó.

A esto se unen las familias que solo cuentan con un tanque, y cuyo almacenaje no pasa de los mil litros. “Conozco a un hogar, con nueve niños, y un solo tanque”, resaltó.

El caballero pide a las autoridades una respuesta oportuna, que esté acorde a las necesidades de una parroquia que, a diario, vive un calvario con el servicio de agua potable.

Entretanto, Rafael Laguado, del barrio José Antonio Páez, aclaró que en su zona el agua llega cada 20 días y la dejan entre tres a cuatro días.

Para Laguado, es suficiente el tiempo que dura el servicio, pues le permite llenar los tres tanques que tiene, cada uno de 5 mil litros, lo que le permite amortiguar hasta el próximo restablecimiento.

“Hasta me da para regalar agua”, indicó el ciudadano mientras recalcaba que, en su zona, el servicio suele llegar puntual, cada 20 días.

De acuerdo con el último censo nacional de población y vivienda (XlV), realizado en 2011, El Palotal contaba con 10.110 habitantes.

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