miércoles 25 noviembre, 2020
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Bolsa Agrícola: disminuida y a la intemperie

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Durante años, cada domingo, productores de los municipios Jáuregui, José María Vargas, Seboruco y Uribante acudían a participar en la Bolsa Agrícola de La Grita, centro de comercialización de diversos rubros de verduras, frutas y hortalizas.

Antes de iniciar el periodo de cuarentena, en el mes de marzo, esta actividad se realizaba en el estadio polideportivo “García de Hevia”, el cual, además de espacioso, cuenta con dos canchas techadas que albergaban alrededor de mil 200 personas, entre productores, intermediarios y “ferieros”.

Ahora, este lugar se encuentra cerrado y la Bolsa Agrícola se trasladó hacia una plaza ubicada en el barrio Fátima, donde, además de estar a la intemperie, los asistentes se aglomeran porque el lugar es pequeño e inadecuado, aun cuando la afluencia disminuyó considerablemente.

Para los productores, esta jornada dominical, que inicia a las 5 de la madrugada, es fundamental para poder comercializar sus cosechas. Allí, cada agricultor lleva la muestra de sus rubros. Los precios se colocan a primera hora, comienza la oferta y demanda, Si hay muchas muestras de un producto, el precio va a la baja, mientras que si son pocas, este sube. También se toma en cuenta la calidad de cada muestra.

Después de seleccionar los productos, el siguiente paso es la distribución por parte de intermediarios, comerciantes, que surten mercados mayoristas y “ferieros”. En el caso de estos últimos, viajan en sus camiones hacia unos 300 municipios de los diferentes estados del país.

Con respecto a los precios, la papa y la cebolla se venden en dólares y la zanahoria en pesos, pero hay rubros que todavía se venden en bolívares.  El pago no es inmediato; quien vende debe esperar hasta tres semanas para recibir su dinero.

Algunas veces se generan problemas porque hay intermediarios que demoran meses para cancelar y, en el peor de los casos, venden las cosechas y no reciben el pago de estas, lo que redunda en la pérdida de su inversión y meses de trabajo.

El tesorero de la Asociación de Productores de Papa del estado Táchira,  Gersy Sánchez, considera que la Bolsa Agrícola es un sistema de compraventa que funciona muy bien y se adapta a las necesidades de los participantes.

“Pero en estos momentos, la producción y el consumo, no solo de papa sino de diferentes rubros, han caído a niveles alarmantes; es tan grande la crisis del país que la caída del consumo supera a la de la producción, pues con lo poco que se cosecha se cubre el mercado nacional”, dice quien forma parte de esta cadena agroproductiva.

En declive

Además de su cargo en Asopropapa, a Gersy Sánchez lo respaldan tres décadas dedicadas a la agricultura. Desde su experiencia, este ingeniero agrónomo manifiesta que la situación de los trabajadores del campo es muy complicada por los altos costos,  falta de insumos, fertilizantes, semillas certificadas, combustible y apoyo gubernamental.

“Los insumos se concentraron en Agropatria, a la que llamamos ´Agroestantes´, porque no se consigue nada. La frontera es para nosotros ventaja y desventaja a la vez, los pocos productores que quedamos actualmente trabajamos con insumos dolarizados, traídos desde Colombia, y esto nos afecta enormemente, porque años atrás existía un apoyo del Estado venezolano hacia el agricultor por medio de un subsidio, pero hoy en día los fertilizantes deben traerse de otros países y son muy caros”.

En el caso de la papa, cultivar una hectárea con este rubro está por el orden de los siete mil dólares, que es una inversión considerable en un momento donde no hay ninguna seguridad jurídica que frene una competencia desleal y sin controles.

Una hectárea rinde aproximadamente 8 toneladas, y el costo de un saco de 60 kilos es de 20 dólares, a puerta de finca: “cuando la papa cae por debajo de este precio, como en los actuales momentos, perdemos dinero y nos descapitalizamos para la próxima cosecha. Ese fue nuestro caso, que dadas las circunstancias tuvimos que bajar el saco a 12 dólares y generar pérdidas”.

Explica Sánchez que el proceso para cultivar papa es costoso, pues una hectárea requiere 45 sacos de semilla y su precio en el mercado es de 50 dólares; es decir, 2 mil dólares por cada una, solo en inversión de semilla; a esto hay que agregar el costo de los fertilizantes y mano de obra. Para el mantenimiento de diez hectáreas se requieren tres obreros y cada uno cobra diariamente 30 mil pesos, más la comida. En época de cosecha se requieren diez obreros.

La papa es el cuarto rubro de mayor consumo nacional.  Para el año 2016, última estadística que publicó el Banco Central de Venezuela, se requerían 400 mil toneladas al año para cubrir la demanda en el país; en estos momentos la oferta no alcanza las 200 mil toneladas.

“Los productores grandes debieron dejar de sembrar porque 100 hectáreas significan una inversión de 70 mil dólares y es un capital que está fuera de su alcance, máxime si se generan pérdidas al vender la papa. Además, para cosechar y recuperar la inversión deben esperar seis meses”.

Desde hace varios años no hay financiamiento por parte del Gobierno, ningún banco tiene posibilidad de dar crédito y esto afecta directamente a los agricultores: “En los Andes somos pequeños productores, el promedio está 4 a 5 has. En Jáuregui solo unos 15 productores pasan de las 20 has, y en el municipio Uribante, donde sí había grandes productores, las tierras están vacías porque no hay capacidad económica, insumos ni semillas. En Uribante se concentra la mayor producción de papa y zanahoria. Ahora, a duras penas alcanza un 30 por ciento  de lo que se sembraba dos años atrás”.

Como alternativa, algunos han migrado hacia rubros más económicos, como los de ramas. En el caso de la zanahoria, ya no es una opción porque se ha encarecido y una hectárea está alrededor de 3 mil dólares. En algún momento, este fue un rubro económico, pero ya no lo es.

Adiós a los bueyes

En la mesa de los hogares venezolanos hay menos comida, pues los ingresos que perciben son insuficientes para cubrir la cesta básica y la hiperinflación le gana a cualquier bolsillo.

De acuerdo con lo que expresan los “ferieros”, que recorren con sus camiones el territorio nacional, si los clientes adquirían anteriormente 7 u 8 kilos de verduras, ahora la compra se reduce a 200 o 300 gramos de cada rubro.

Aun así, todavía quedan productores que prosiguen en su empeño de sembrar y cosechar la tierra pródiga y generosa, y Gersy Sánchez da testimonio de ello, como hombre laborioso del campo:

“A pesar de la crisis, todavía hay producción, pues ese es nuestro medio de vida y si paramos quedamos sin recursos, pero cada día es más difícil; la gente pasa necesidad, es una situación tremenda”.

La nostalgia de quien vivió tiempos más prósperos y ahora cada día debe enfrentar obstáculos y desánimo, se resume en lo que ha percibido muy de cerca:

“En una finca del páramo andino lo primordial es una yunta de bueyes y hay gente de esas fincas que ha tenido que vender sus bueyes para poder comer o comenzar un ciclo de algún rubro”.

Es la realidad de quienes se esfuerzan en jornadas interminables, agotadoras, bajo el sol o la lluvia, para que no falte el tan necesario alimento. Los productores tachirenses debieron decir adiós a los bueyes.

Norma Pérez

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