Convertidos en guaridas de delincuentes espacios destinados a la policía en la plaza Los Mangos

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En la plaza Los Mangos, los espacios donde antes fueron ubicados puestos de la Guardia Nacional y autoridades policiales, se han convertido ahora en guarida de delincuentes. (Fotos: Armando Hernández)

En una guarida de maleantes e indeseables se ha convertido la plaza María del Carmen Ramírez, mejor conocida como plaza Los Mangos, con sede en Barrio Obrero, donde paradójicamente los espacios que fueron utilizados para albergar a diferentes cuerpos de seguridad, son ahora los aposentos de personas que se dedican a cometer hechos al margen de la ley, atentando contra la seguridad y la tranquilidad de las personas que habitan en el sector o que simplemente tienen la desdicha de transitar por esa zona ubicada en la parte alta de San Cristóbal.


Armando Hernández

Cuando las autoridades colocaron al parque el nombre de la heroína sancristobalense, no tenían otro propósito que rendirle un homenaje a esta valiente mujer, que tantos aportes hizo a la lucha de independencia.  Entonces las cosas eran diferentes, porque el lugar contaba con personal para su cuidado y mantenimiento. Era un sitio de atracción, frecuentado por  decenas de personas que iban a disfrutar de los espejos de agua y sus extraordinarias fuentes luminosas, de unas instalaciones con abundante zona verde, que servían para el deporte y el esparcimiento, y una fuente de soda, donde la tertulia permitía pasar un rato agradable.

Todo desapareció

La plaza Los Mangos, ubicada en las carreras 21 y 22, con calles 11 y 12 de Barrio Obrero, sufrió un cambio desfavorable, de pronto los organismos encargados de cuidarla se olvidaron de ello y comenzó a deteriorarse, hasta el punto que ya casi nada queda.

El vandalismo se ocupó de acelerar este proceso y las bombas y luminarias de las fuentes fueron las primeras en desparecer, sin que nadie prestara atención al problema, ni se hiciera una investigación para dar con el paradero de los delincuentes y recuperar los objetos que pertenecían a todos los tachirenses.

“Fue un despojo contra todos nosotros, los que habitarnos en la ciudad, pero nadie hizo caso y los delincuentes, envalentonados por esta impunidad, siguieron haciendo de las suyas, cargando con rejas, bombillos, plantas y todo lo que pudieran llevarse para vender”,  explicó un vecino.

Las cosas cambiaron tanto, que la gente se vio obligada a dejar de ir a la plaza Los Mangos, que hoy no solo muestra un lastimoso estado de abandono, sino que se encuentra en poder de personas en condición de calle, que han implantado una especie de ley del terror.

Casillas policiales

El espacio que era ocupado por la fuente de soda fue remodelado para ubicar en su lugar una casilla del Comando de Seguridad Urbana (Desur), de la Guardia Nacional. Entonces se convocó a la prensa y con bombos y platillos se  hizo el anuncio, con el compromiso de mayor seguridad para la zona de Barrio Obrero. Sin embargo, las cosas no marcharon como se esperaba, y el comando de Desur fue eliminado.

Luego fue ubicada una casilla de la Policía Municipal de  San Cristóbal y la situación de promesa se repitió por parte del alcalde de turno. “Esta  plaza será un bastión para la seguridad y será recuperada para el disfrute de la ciudadanía”, dijo, antes de marcharse, poco después que lo hicieran los periodistas, ante los cuales hizo la promesa formal.

La historia se repitió con pasmosa similitud meses después, cuando fue instalado un puesto unificado, de breve existencia y que también se esfumó, sin que se diera explicación.

Hace menos de dos años, por cuarte vez, las instalaciones fueron ocupadas por la policía. En esa oportunidad les correspondió a funcionarios de Politachira, que fueron posesionados en medio de un acto al cual se convocó a los vecinos, que ya, por las experiencias anteriores, no confiaban en lo que se decía. Este punto de control también desapareció, sin que se diera algún tipo de explicación a la comunidad

Inseguridad, inmundicias y dejadez

Hoy este emblemático lugar está en el más absoluto abandono. Vecinos aseguran que existe un gran foco de inseguridad, ante el cual las autoridades no hacen nada. Antes era el albergue de indigentes y personas en condición de calle que pernoctaban allí, pero estos fueron desplazados por grupos más violentos, entre los cuales se encuentran los denominados pandilleros de calle, que se han convertido en un agudo problema.

La inseguridad es tan solo uno de los problemas, porque existen muchos, y entre ellos aparece la inmundicia que se ve en los antiguos locales policiales, que son utilizados como sanitarios públicos y dormitorios, incluso por menores de edad en situacion de calle. Hay personas que representan una situacion de peligro porque están armadas de cuchillos y otros objetos, que utilizan para atracar a los transeúntes y vecinos. Se ocupan de abrir los carros y robar en los negocios. Si se percatan que una persona porta celular o tiene dinero, de inmediato van por ella y le arrebatan las cosas mediante amenazas de muerte.

Dicen los denunciantes que hay un grupo de jóvenes que se ocupa de robar cable y lo quema en la plaza, para deshacerse de la cobertura plástica y quedarse tan solo con el metal, que venden a chatarreros. Constantemente hay peleas y disputas por el reparto del botín y se atacan entre ellos, con furia, causándose heridas, acotaron más adelante.

Esta zona, dijo un comerciante, es considerada como emblemática por las autoridades, que constantemente hablan de seguridad e instalan puestos de control al norte, sur, este y oeste, pero ningún funcionario va a la plaza, donde están quienes cometen delitos.

Se han robado hasta las puertas, las rejas y nadie hace nada por recuperar estos espacios, porque existe una total indiferencia y dejadez, que se extiende a otras áreas del mismo parque, contaron.

Vecinos esperan soluciones

Representantes de la comunidad dicen que la dejadez se observa en toda la plaza, donde la basura se ve por todos lados y más en las ya desaparecidas fuentes luminosas, que se han convertido en albercas donde se empoza el agua, sucia y mal oliente, para convertirse en criadero de mosquitos y alimañas.

La misma estatua de María del Carmen Ramírez es un monumento a lo que no debe ser. “Da grima ver cómo está de sucia y abandonada, en deterioro rápido y progresivo”, asegura un comerciante que trabaja en la zona desde hace años y asegura haber sido atacado en varias oportunidades. “Uno ve a los ladrones tranquilos en la plaza”, acota luego.

Dice que esto no puede seguir así, porque el sector se va a convertir pronto en un espacio sin ley y que la comunidad, alarmada por lo que está ocurriendo, espera la reacción de las autoridades policiales para erradicar ese foco de inseguridad, recuperando y asegurando los espacios convertidos en guaridas, y por parte de otros organismos gubernamentales la recuperación en general de la plaza.  Este lugar fue motivo de orgullo y debería serlo de nuevo, acotaron finalmente.