martes 17 mayo, 2022
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Desidia, basura y mucha maleza se instalaron en puente Niquitao

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Es un patrimonio arquitectónico de San Cristóbal, más antiguo que los grandes viaductos y, sin embargo, en vez del tal reconocimiento, el abandono lo devora, pese a ser una vía muy transitada por el transporte público, especialmente el suburbano.

Hoy sigue siendo motivos de muchos clamores y quejas, cuando en el pasado pasar por este lugar debió ser un bonito paseo en una ciudad relativamente pequeña, de pocos vehículos, al final del cual se encontraba uno de los más exclusivos restaurantes, “El Sol de Medianoche”.

Construido entre 1937 y 1939, se estableció para su tiempo como factor de desarrollo de La Ermita, en tiempos en que el urbanismo citadino buscaba la manera de imponerse a los múltiples afluentes que la han cruzado, parte del cual ha tenido enterrado bajo el concreto.

Todavía en pie, pero con claros signos de deterioro, permanecen alrededor del puente Niquitao vestigios de una época en que San Cristóbal iba tomando rasgos de urbe. (Foto/ Tulia Buriticá)

La exuberancia de la naturaleza a orillas de las aguas aún se ve en su esplendor, metros abajo del puente Niquitao; aunque también se ha desbordado en la copa de árboles sobre sus barandales, y la alta hierba brotándole por el pavimento deteriorado, atrapando su estructura o abordándole los costados. Con lama se le ha brindado un toque verde de “colorido”, que la mano del hombre no le ha dedicado.

Esa tupida vegetación ha sido mal vista por quienes la consideran un nido de “malas mañas” e irrespetado por quien la ha considerado un perfecto botadero de basura.

Uno de sus extremos presenta un deplorable estado, con grietas donde cabe una mano, y escombros que a medias taparon los huecos hechos por trabajos de refacción de una tubería de aguas blancas reventada. Ante esa obstrucción, todo vehículo le hace la reverencia de disminuir la velocidad, si no quiere pagar el precio de su poca precaución por andar de afanes.

—Hicieron un hueco ahí para unos arreglos y luego la gente comenzó a rellenarlo con lo que pudieron, porque no hacen las cosas completas. Yo resido aquí por más de 30 años, y en todo ese tiempo no he visto a nadie que le haya siquiera puesto una pinturita, afirmó el señor Apolinar Bautista, vecino del sector por más de tres décadas.

Como insisten los vecinos, no se trata de una vía alterna, marginal; de alguna manera, todos los que transitan por el centro de la ciudad merecen tanto la reparación de su infraestructura urbana, como el saneamiento ambiental pertinente.

—La iluminación falta, todo eso es oscuro durante la noche. Se han hecho las solicitudes, pero sin respuesta Ese árbol que sobrepasa el puente también hay que podarlo. Es necesario cuidar esto, pues por aquí pasa todo el mundo, incluso alcaldes, gobernadores, diputados. Usted ve debajo del puente y eso es pura basura. Carreteros, gente que tiene sus negocios o talleres, la ven fácil para deshacerse, agregó Bautista.

Las aguas, ya sean las que corren libres del cielo y por el cauce, o las que fluyen de tuberías, han contribuido a un deterioro que los responsables regionales y municipales no se han propuesto revertir.

—Por debajo del puente hay un tubo del acueducto reventado y se sigue botando el agua por debajo. Y en la parte fea, al final, usted ve que el puente se ha bajado un poco, y a uno le da miedo que se hunda. Cuando llueve se forma tremendo lago, sostuvo Jesús Hidalgo, vecino del puente.

Freddy Omar Durán

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