martes 18 enero, 2022
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Día del milagroso Nazareno de San Pablo y fin de la peste negra en el país

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Los católicos de Venezuela recuerdan hoy cuando según la historia, una gran epidemia de peste asolaba al país y los feligreses, desesperados, proceder a sacar en procesión a la milagrosa figura de El Nazareno de San Pablo, que durante su recorrido se atasco en los gajos de un limonero, haciendo caer limones que fueron recogidos por feligreses, que al tomar su jugo curaron.

 

 

Armando Hernández

 

Especial significado para los católicos de Venezuela tiene el  Miércoles Santo, cuando según la historia, una gran epidemia de peste asolaba al país y los feligreses, desesperados, proceder a sacar en procesión a la milagrosa figura de El Nazareno de San Pablo, que durante su recorrido se atasco en los gajos de un limonero, haciendo caer limones que fueron recogidos por feligreses, que al tomar su jugo curaron.

El Miércoles Santo también determina el final de la Cuaresma y el inicio de la Pascua. Es el dia en que el Sanedrín se reúne con Judas Iscariote y, el tribunal judaico condena a Jesús El Nazareno.

El Evangelio del Miércoles Santo en relato de San Mateo dice: “En aquel tiempo uno de los doce apóstoles, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso la entrega del Mesías, para lo cual se acordó el pago de treinta monedas.

Había llegado el momento anunciado en la cena de Pascual el Martes Santo, cuando Jesús dijo que uno de sus seguidores lo entregaría.  “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar. El que ha mojado su pan en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El hijo del hombre se va, como esta escrito de él, pero, ¡ay!,  De él, mas le valdría no haber nacido”.

 

El Nazareno de San Pablo

En nuestro país existe una gran devoción por el Nazareno y es frecuente observar en las iglesias y en las calles, a numerosos feligreses  vistiendo la túnica morada que los identifican con El  Nazareno.  Es una gran manifestación de fe y el cumplimiento de una promesa, de la palabra empeñada  y el milagro recibido.

El Nazareno de San Pablo, ubicado en Caracas, es el personaje central de una hermosa y conmovedora historia, que pudiera asociarse a la situación que hoy esta sufriendo la humanidad a causa de la pandemia del Covid – 19. (Coronavirus).

La venerada figura  del Nazareno de San Pablo, fue sacada en procesión, en rogativa de un milagro que pusiera fin a una epidemia mortal. Ocurrió en 1697, considerado como el año del vómito negro o peste. El Nazareno fue sacado en hombros desde su antigua sede, la capilla de San Pablo, donde ahora está el Teatro Municipal de Caracas, con la finalidad de hacer un recorrido por el centro de la ciudad, Al llegar a la esquina de Miracielos ocurrió algo extraordinario, puesto que su corona de espinas quedó enredadera entre las ramas de un limonero, haciendo, ante los esfuerzo por liberarla, que varios limones cayeran al suelo.

A los gritos de ¡Milagro!, ¡Milagro!, la gente interpretó lo ocurrido como una señal del cielo y se apresuró a recoger los frutos, cuyo jugo tomaron y curaron. Esto fue el fin de la epidemia en nuestro país. Se dice que la historia inspiró a nuestro insigne poeta, Andrés Eloy Blanco, a escribir  el poema El Limonero del Señor, donde narra el maravilloso acontecimiento.

Después de  77 años de aquel evento, el Fray González de Acuña, procede a consagrar la imagen del Nazareno, en la capilla de San Pablo, donde permaneció  por espacio de 223 años, hasta 1880, cuando el presidente Antonio Guzmán Blanco, ordenó derribar el templo de San Pablo, ya que era amigo de del clero y sectores católicos, a los que perseguía. Dio instrucciones para construir en ese mismo terreno el Teatro Municipal, que fue inaugurado en 1881.

Otra historia  de El Nazareno refiere, que cuando Guzmán Blanco inauguró el teatro, estando en el palco presidencial, vio al Nazareno que le preguntaba:  ¿Dónde está mi iglesia?, y que este impresionado y consternado por su visión,  se lo contó a su esposa y de esa conversación salió la propuesta de construir la iglesia de Santa Teresa, conocida hoy como Basílica de Santa Teresa a donde fue llevado y hoy permanece el milagroso Nazareno de San Pablo.

Este relato y tiene hoy  un gran significado a causa de otra epidemia, declarada como pandemia, que afecta a todos los venezolanos y a la humanidad en general, que clama por un milagro que ponga fin a la misma

El Miércoles Santo es propicio para la gran demostración de fe y el cumplimiento de promesas ofrecidas  a Jesús El Nazareno.  Este día en muchas parroquias del Táchira y el país lo dedican a los enfermos y ancianos y son oficiadas las misas por los enfermos, conocidas popularmente como  misas de sanación, que hoy llegaran a los feligreses a través de los medios de comunicación y las redes sociales, de acuerdo a la programación en cada parroquia.

En la región será un encuentro de oración por los enfermos y ancianos que será transmitido desde la Casa Episcopal de San Cristóbal y esta prevista para las once de la mañana a través de Radio Natividad  y tres de la tarde por la Televisora Regional del Táchira, (TRT) oficiada por monseñor Mario del Valle Moronta.

 

Iglesia en salida

La Iglesia en Salida, es el término que se da a la programación que se tenía previsto desarrollar antes, durante y después de la Semana Santa y que comprendía acciones fuera de los recintos religiosos. Algo así como la iglesia en la calle. Entre los principales eventos figuraban las misiones y jornadas de evangelización, entre otras. Todo cambio a causa de pandemia, centrando toda actividad a través de los medios de comunicación, radio y TV, así como los medios alternativos a través de las redes sociales.

La programación preparada por los sacerdotes del estado Táchira, bajo la dirección de monseñor Mario del Valle Moronta, obispo de la diócesis, nos dice en este día, que una de las características más importantes de Jesús, el Hijo de Dios, es su irrupción en la historia de la humanidad. Gracias a su Encarnación, el Hijo de Dos se hace presente en medio de los hombres para cumplir con la promesa de Dios Padre, es decir la salvación. Y, a lo largo de su ministerio público, Jesús va al encuentro de todos. No se aísla ni se encierra.

Incluso el evangelista Lucas enfoca su escrito evangélico desde la imagen del camino: Jesús que va hacia Jerusalén. Al hacerlo, el Maestro no sólo enseña, sino que se preocupa por todos, sin excepción: con la fuerza de su persona sana, anima y hace que muchos le vayan siguiendo. Luego de la Resurrección, Jesús se pone al lado de dos discípulos que están desandando el camino a Jerusalén llenos de desilusión y desesperanzados. Pero el Resucitado les hace arder su corazón y lo re-descubren. Ellos al verlo con sus propios ojos retornan rápido a Jerusalén y narran lo acontecido.

Monseñor Moronta nos dice que cada Miércoles Santo, por la religiosidad popular venezolana, se recuerda la imagen de un Cristo que salió, despojado de todo, para encontrarse con el Padre y ofrecerse en sacrificio para cumplir definitivamente la voluntad de Dios. Esa imagen de Jesús Nazareno ha sido tomada por la gente para identificarse con ella: se identifican con el Cristo camino de El Calvario y con la Cruz a cuestas. Porque Jesús sale al encuentro de todos los que sufren cualquier adversidad y mal espiritual o corporal; sale como uno más, desde la pequeñez de su encarnación, para engrandecer con su donación a toda la humanidad y, no se niega a salir para vencer la maldad y al maligno, porque es el Cordero de Dios que quita y vence el pecado del mundo.

Explica el prelado, que cada Miércoles Santo,  nuestra gente recuerda esa salida salvífica de Jesús. Por eso, muchos se visten de “Nazarenos” y dan gracias a Dios o piden una intervención a favor de ellos o de algunos seres queridos. Una doble salida, la de Jesús y la de su pueblo. Salida para encontrarse y así reafirmar nuevamente lo que se comparte: Jesús que comparte su humanidad con los seres humanos; la gente que comparte su fe y adhesión al Señor, que se metió dentro de nuestra historia.

En los tiempos de crisis y angustias que vive la nación, este Miércoles Santo debe servirnos para asumir la invitación del Papa Francisco de hacer que la nuestra sea una Iglesia en salida. Ya por el mandato evangelizador ha de serlo. Y, en las circunstancias que vivimos, la Iglesia debe salir a identificarse con la gente y con el Señor Nazareno: de allí que esa identificación pase por una solidaridad extrema. Como nos lo enseña el Concilio Vaticano II, esa Iglesia en salida, se hace una con la gente y con su Señor para vivir los gozos y alegrías, las angustias y problemas de todos (cf. G.S. 1), resalta luego.

Entonces, con la celebración de la Eucaristía, de la reconciliación, de la unción de los enfermos, la Iglesia se manifiesta como el pueblo de Dios, donde todos son acogidos por el amor que todo lo puede. Desde esta perspectiva, reafirma que carga con la cruz de un pueblo que sufre por los embates de la corrupción y la mediocridad; y, a la vez, se hace una con Jesús para ofrecerle sus hombros redentores para promover la auténtica liberación de todos sin excepción.

Nuestro compromiso de ser una Iglesia en salida se alienta e inspira en lo que hoy, Miércoles Santo, celebramos: el camino redentor del Señor de Nazaret; pero también la adhesión de fe, quizás muy sencilla y necesitada de crecimiento, de quienes se identifican con el “Nazareno” que carga con los dolores de la gente para darles la esperanza de la salvación. Así, esa Iglesia en salida  ve en los más necesitados, en los pobres, en los migrantes, en los enfermos, en los menospreciados, en los prostituidos o manipulados por los opresores de la sociedad, el rostro de Cristo liberador.

El “Nazareno”, con su actuación de Dios y Hombre verdadero, cumplidor de la promesa de salvación del Padre, es la mejor invitación para que la Iglesia haga lo mismo: y en salida se encuentra con todos para ofrecerle lo que Jesús ofreció, su propia vida. Estamos todos invitados a participar decididamente en esa tarea que nos desafía: imitar al Nazareno desde la experiencia de una Iglesia en salida, concluye el obispo Mario Moronta.

 

 

 

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