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“El Rubio de tantos puentes”…y  bicicletas

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En el municipio Junín, las bicicletas salieron del olvido. Abandonaron el cuarto de los corotos, donde por años estuvieron relegadas. Ahora son uno de los más preciados tesoros de sus dueños, quienes las desempolvaron para solventar la escasez de combustible y transporte público


Norma Pérez


Hombres, mujeres de todas las edades y niños en edad escolar se desplazan pedaleando por calles y avenidas de Rubio. Un medio de transporte económico y sin muchas complicaciones, donde lo más importante es mantener el equilibrio y tener la fuerza necesaria en las piernas para llegar al destino.

Algunos les incorporan una canastilla, a modo de improvisado portamaletas, para poder trasladar las compras, mientras la gran mayoría hace uso del morral en la espalda. Los más arriesgados cuelgan a ambos lados del manubrio las bolsas y así van, hasta completar la distancia que les separa de sus hogares.

“Nunca pasa de moda”

Desde su retiro en 1992, el rubiense José Lindarte, gloria del ciclismo tachirense y venezolano, tiene un taller de reparación y venta de bicicletas, el cual desde que comenzó la cuarentena siempre se encuentra abarrotado de personas que llegan a comprar o a solicitar un arreglo.

El experto Lindarte a todos recibe con su amabilidad característica y comienza a atender la larga fila por estricto orden de llegada. Dice que la bicicleta nunca pasa de moda: “A la calle salieron las bicicletas, viejas y modernas, a causa de la pandemia y la situación que vivimos en el país. La falta de gasolina y transporte obligó al venezolano a usarla y sobre todo aquí, en Rubio, la han convertido en uno de los vehículos principales para desplazarse”.

Considera que es un privilegio contar con una, pues con esta puede llegar a donde quiera; en otros países se utiliza con regularidad, a diferencia de Venezuela. Pero ahora todo cambió. “La gente desempolvó las que tenían guardadas; también han comprado, y reflexionaron que es mejor que tener que pagar a un especulador una pimpina de gasolina”.

Una ventaja que destaca el ganador de la Vuelta al Táchira, en 1985, es que las personas se ejercitan y esto redunda en su salud, además, sirve de esparcimiento y pueden realizar todas sus diligencias a bordo de dos ruedas y a ritmo de pedal.

Otro aspecto es que también hay quienes usan la bicicleta para trabajar; hacen entrega de encomiendas, repartos y hasta viajan a la frontera para trasladar algún encargo de personas a quienes se les imposibilita salir.

Repartos a domicilio

Javier Sanabria regresó de Colombia a consecuencia de la pandemia. Es chef profesional, pero a su retorno al país, en receso por la cuarentena, optó por buscar otra alternativa de trabajo.

En Rubio hace repartos a domicilio, lo que el cliente necesite lo lleva hasta la puerta de su hogar. Alimentos, mercancías diversas y todo lo que tenga que ser trasladado, este joven emprendedor lo entrega a tiempo.

Con lo que gana, ayuda a mantener a sus padres y aunque dice que debe soportar lluvia y sol, no se desanima. Lo importante es mantenerse activo y productivo.

Trasladarse es prioridad

Eberh Alberto Fuentes tiene 22 años, vive en las afueras de Rubio y para llegar a la capital de Junín debe recorrer una distancia considerable, que a pie le llevaría mucho tiempo. La falta de gasolina le obligó a parar su moto y a poner en funcionamiento su bicicleta.

Estaba en buenas condiciones y solo tuvo que recordar lo aprendido para comenzar a utilizarla. Él repara bicicletas y comenta que le ha sido muy útil la suya para llegar a su trabajo y cumplir con sus obligaciones.

Venderla para comer

Luis Erasmo Flórez está a la espera de conseguir un cliente para su bicicleta, porque tiene dos años desempleado y dice que debe vender su único medio de transporte para comer.

Es albañil, vive en el sector Pata de Gallina y tiene a su cargo una familia que debe alimentar, pero solo ha conseguido trabajos esporádicos que le han permitido a duras penas subsistir.

Está dispuesto a hacer cualquier oficio que le encarguen con la bicicleta, la cual acondicionó con una cesta, a la espera de ser contratado. Pero a la fecha, nada. Si la vende tendrá que andar a pie, Ya está casi resignado porque las circunstancias apremian.

Hacer mandados

Ashley Lagares vive en Bicentenario, parte alta, que describe “de montaña hacia arriba” y aunque dice que al principio fue difícil, ya se acostumbró a este medio de transporte, que su mamá le compró cuando era un niño y aún conserva.

Está recién graduado en mecánica de mantenimiento y quiere seguir estudios universitarios. Se encontraba en la calle con su bicicleta averiada, debido a que la carretera por donde se moviliza tiene muchas piedras y le estropeó un caucho.

Debe rodar aproximadamente una hora desde su casa para llegar a Rubio, pero considera que lo más complicado es el retorno, porque es subiendo y tiene que pedalear con más fuerza, además de ir con paquetes.

Después de que le repararon el caucho, se dispuso a hacer “los mandados” que le encargó su mamá, para regresar nuevamente con la esperanza de no volver a pinchar.

Padre e hija

Gerson Fernández transitaba por las calles de Rubio con su hija de nueve años. Cada uno iba en su bicicleta; la de Antonella de color rosa con una coqueta cesta y flecos, ideal para una niña de su edad.

Viven en el sector “Ruiz Pineda”; a pesar de tener vehículo, Fernández debió pararlo por la falta de combustible. Así que actualmente sale en compañía de sus hijos, a los que enseñó a andar bicicleta.

En esta ocasión, el turno de acompañar a su papá le correspondió a la niña, que ya aprendió las reglas de conducir con precaución, conservar su derecha, observar los carros y mantenerse al lado de su progenitor; lo que hace como toda una experta.

A cambiar de vehículo

Johana Ramírez es docente y se dirigía al negocio de José Lindarte a comprar una bicicleta, porque según explicó solo usará el carro para emergencias, por la consabida escasez de gasolina.

Manifestó que conseguir combustible es imposible, por lo que resulta más fácil y cómodo usar este nuevo medio para trasladarse. Habita en Santa Bárbara y a diario debe movilizarse, por lo que busca alguna alternativa para hacerlo.

A su juicio, andar sobre las dos ruedas es un excelente ejercicio y una manera sencilla de recorrer a Rubio.

Se multiplicaron

Más que una moda, andar en bicicleta en la Ciudad Pontálida se convirtió en una necesidad que muchos adoptaron con gusto por las ventajas que representa e hicieron a un lado las incomodidades.

Es así que ahora a la letra de la canción del maestro “Chucho” Corrales se le puede agregar: “El Rubio de tantos puentes, el café sabroso” y las bicicletas.

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