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Más de 50 familias en San Joaquín en peligro de perder sus viviendas

Comparación de dos imágenes: en la primera, apenas la quebrada La Zorquera había invadido la vía principal en San Joaquín, y en la segunda, ya este adentrándose libremente al área residencial de la localidad.

Es un paisaje desolador lo que antes era la entrada a San Joaquín: primero se tiene una vía totalmente en la que todavía se ven los restos de casas enterradas por el cerro, y más adelante tres más completamente deshabitadas, además de un puente por el que se escucha debajo el rugir de uno de los brazos de La Zorquera, mientras otro sigue teniendo por fondo montañas de tierra, aún en proceso de remoción, que determinaron un curso fluvial destructor en Zorca-San Joaquín.

Hace apenas unos meses, el cauce, que ya se había tomado parte de la vía principal empujado por un talud de tierra, ya cernía su amenaza sobre una casa, por la cual le pasaba en todo su frente, y a un poco más de 200 metros sobre otras, con un terreno baldío de por medio. Este fin de semana, lo que se temía ya es una realidad, pues las aguas furibundas ya se han tomado los predios de al menos 10 viviendas y amenazan con hacer lo mismo con otras 50, si no se encuentra urgentemente la manera de recuperar el cauce inicial, para lo cual la acción de la maquinaria pesada resulta necesaria.

La quebrada ha tomado posesión de casas y veredas en San Joaquín y, de continuar la intensidad de las lluvias, día a día, irá dejando más damnificados.

La falta de maquinaria pesada operativa en el estado –pertenezca la misma a los organismos municipales, estadales o nacionales- se hace demasiado evidente, especialmente en tragedias como esta, y pedirla para prevenir resulta un calvario para los habitantes que las requieren urgentemente, y a los que tal vez su clamor se tome como “exagerado”. Pero para los habitantes de Zorca-Providencia, Zorca-San Joaquín, Zorca-Pie de Cuesta, Zorca-Buenos Aires y, por supuesto, Zorca-San Joaquín, que ya en carne propia saben de lo que es capaz La Zorquera, desde hace aproximadamente un año, nada resulta exagerado.

—Somos alrededor de 56 familias que estamos viviendo en las márgenes de la quebrada La Zorquera, a la altura de Zorca-San Joaquín. Hasta los momentos, resultaron seriamente afectadas las viviendas de las veredas La Vega y Las Alicias, alrededor de 10, entre ellas la de los señores Marino Jaimes, Juan Vanegas, Nelson Sánchez, Alexander Ramírez, Julio Bustamante, ´Tito´ Bustante y la señora Mireya Sánchez, entre otros— informó Jazmín Vanegas.

Aunque ya las alertas estaban encendidas desde marzo, cuando un alud de tierra obligó el desalojo de viviendas, y a finales de julio con el desvío del cauce natural debido a la intensificación del derrumbe, el sábado en la tarde ya las primeras señales de que las aguas querían tomar posesión del pueblo se manifestaron, para la noche del domingo constituirse en una corriente impetuosa que ingresaba en los inmuebles.

La concesión de maquinaria pesada ha sido una larga novela de solicitudes, ir y venir de las mismas, así como de mantenimiento, corriendo en gran parte el mismo por cuenta de los pobladores. Actualmente la que está en actividad pertenece a la alcaldía del municipio Cárdenas y en reunión sostenida con la gobernadora, en Zorca-San Isidro, se había reafirmado la solicitud de poner a disposición un vehículo de trabajo pesado perteneciente al estado. El argumento de las dependencias municipales, regionales y nacionales, siempre ha sido que apenas si se cuenta a duras penas con una de esas palas mecánicas, siendo el destino de las que antes estaban en existencia desconocido, o tal vez el de ser chatarra, que luego emprendería incierto destino.

—Esa maquinaria ha sido facilitada por el municipio Cárdenas; el general Moronta es quien nos está apoyando con el gasoil y el aceite. A este se le han reventado como cuatro veces las mangueras y correas, y ese gasto lo ha sufragado un vecino de la comunidad— agregó Vanegas.

Afuera del hogar de María Ofelia Cárdenas de Sánchez, dos colchones echados a perder le fueron regalados posterior a la vaguada de noviembre, que ya había arrasado con una parte importante de sus pertenencias.

—Aquí vivimos mi esposo, efectivo retirado de la Guardia Nacional, un nieto y un hermano. Mis hijas están en Chile y allá les hemos enviado videos de lo que aquí ha ocurrido. Necesitamos la canalización para estar más tranquilos. La máquina viene, trabaja un día y luego aparece dañada. Esa ya venían a llevársela y no se ha ido porque no lo hemos permitido; han prometido otras y camiones de carga, y nada— afirmó la señora Sánchez.

Según dicen, en Zorca-San Joaquín, un representante del Gobierno nacional en altas funciones se apareció por el lugar diciendo: “quien los mandó a construir cerca de la quebrada”, desconociendo que esos asentamientos no corresponden a una invasión de años recientes, sino que se remontan al pasado prehispánico, y que si bien las “lluvias de todos los santos” son un fenómeno que por años los residentes de San Joaquín han aprendido a afrontar, la falta de dragado de la quebrada y el saneamiento ambiental de la misma, que llevaban más de una década sin hacerse y que solo se asumieron parcialmente luego de la vaguada, igualmente han contribuido al desbordamiento inédito de la misma.

A las diez y media de la noche. Juan Pablo Vanegas Sánchez, escarmentado por las otras crecidas, de inmediato emprendió la huida con su familia a sitio seguro en la iglesia de San Joaquín. Por ahora no ha sufrido pérdidas materiales, pero para acceder a su propia casa necesita de botas pantaneras, y quién sabe si necesitará un bote; mientras no mermen las aguas, su casa no es el mejor sitio para vivir.

—Yo he estado dos años sin trabajo –afirmó Sánchez luego de un largo silencio—. Con una bodeguita nos hemos ayudado un poco.

Varias reuniones

Luego de la vaguada, maquinarias de organismos nacionales y municipales iniciaron desde Zorca- San Isidro algunos trabajos de drenaje que avanzaron quebrada arriba; pero precisamente cuando apenas se comenzaba a trabajar, en Zorca-San Joaquín fue solicitada y nada declinó esa decisión, pese al encarecido ruego de sus habitantes y de lo que ellos habían invertido en su mantenimiento. Al momento del desvío del cauce por los derrumbes, la maquinaria ha vuelto, pero en labores intermitentes, por cuestiones técnicas. Incluso se elevaron peticiones a la Gobernación y existió la promesa de remitir la única que ese despecho tiene en buenas condiciones; no obstante, por una suma de inconvenientes que Laidy Gómez explicó en una reunión en Zorca-San Joaquín, esa orden no ha podido ser concretada.

—Yo estuve reunida con la ingeniera Cecilia de Roche, presidenta de Corpointa, a quien se le extendieron varios oficios comentándole la situación y hubo el compromiso de que el primero de septiembre traerían una máquina operativa, que se usó en trabajos en la Ferrero Tamayo y en otros a cargo de Hidrosuroeste en el Museo del Táchira, pero nunca llegó. Les dijimos que esto iba a ocurrir, y esperamos que no pase con esta inundación del domingo— afirmó Vanegas.

Del comportamiento de la naturaleza y de las acciones perentorias que se emprendan desde las instancias nacionales, regionales y municipales, lo que incluye a los organismos de emergencia en general, depende que no suceda algo aún más lamentable.

—Sabemos que en este mes de noviembre empezarán las precipitaciones por la parte alta, y eso nos preocupa porque a la altura de la Boca de Las Peñas tenemos un represamiento de agua, a raíz de las rocas y los árboles que cayeron en el pasado mes de noviembre. Si hay un deslave como el de hace un año no solo se va ver afectado San Joaquín, sino muchas localidades más, quebrada abajo, hasta Lagunillas. La quebrada está activada y la situación es seria— concluyó.

Freddy Omar Durán

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