Nuevos billetes a la calle; pero cerradas las santamarías

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La novedad del día fue que muchos cajeros comenzaron a dar billetes de nueva denominación. (Foto/Tulia Buriticá)

De la noche a la mañana se nos cambió el país… Así opina mucha gente que salió este martes a la calle y vio no solo nuevas denominaciones de la calle circulando, sino los negocios cerrados en casi un 90% en San Cristóbal.

Hubo algunas colas en los cajeros en busca de efectivo. (Foto/Tulia Buriticá)

Fue un día más de preguntas que dé respuestas; más de incertidumbre que de confianza de que sus negocios sigan funcionado, o que sigan cesante en sus empleos, o que la acelerada inflación haya encontrado freno…

Apenas las rutas de Transtáchira estaban activas, las demás estaban en su gran mayoría inactivas, y las pocas rodando hacían cobros aleatorios de entre 0,15 y 0,20 Bs. S  dentro del caso urbano, y las que se movilizaban fuera  del mismo entre 0,3 y 0,5 Bs.S.

Especulaciones sobre el cierre de los comercios no faltaron. Algunos opinaban que sencillamente estaban en proceso técnico de “adecuación” al nuevo cono; otros, que el sector patronal aún sacaba cuentas sobre la carga laboral (3 mil por ciento de aumento de sueldo) que se avecinaba, y no faltó quien especuló que no iban a abrir hasta establecer los nuevos precios.

Los buhoneros también fueron los grandes ausentes de la jornada, y uno en voz alta opinó ¿para qué abrir?

En las gasolineras, como todos los días, no faltaron las colas pero aguardando un despacho, hasta horas de la mañana no se producía.

Apenas abrieron algunas panaderías, uno que otro negocio de gran existencia y pequeños comercios, que afirmaron que estaban en la obligación a llevar día a día el pan al hogar y no podían paralizarse así porque sí, y “en la casa no se hacía nada”.

Una encuesta rápida en la calle demostró que muy pocos saben lo que está por pasar realmente.  E igual incertidumbre se sentía entre quienes acudían a los bancos en busca de los nuevos billetes, porque todavía a las monedas, al menos en las instituciones bancarias, no se las veía aún.

Muchos comercios están cerrados. (Foto/Tulia Buriticá)

Dentro de los bancos el flujo de clientes fue significativo, e incluso algunos restringieron el ingreso. Después de casi estar inactivos por mucho tiempo, los cajeros comenzaron a funcionar pero aún no estaban del todo adaptados al cambio, lo que enredaba a los tarjetahabientes, entregando, según la entidad bancaria, entre 10,  20 y 50 Bs.S. Esa variabilidad se daba por taquilla: mientras el Banco Mercantil entregaba 100 Bs.S,  el Provincial solo  50 Bs.S; pero sea como fuera el salto fue abrupto, pues apenas si el viernes a duras penas, y en muy bajas denominaciones inclusive, los clientes apena podían retirar 1 Bs.S, si no menos.

Un hervidero de rumores iban y venían. Algunos hablaban de nuevos precios a niveles exorbitantes, lo que para muchos resultaba lógico pues sólo así los comercios podrían reponer la existencia que semana tras semana se le ofrecerá con nuevos costos, de no funcionar las políticas anti inflación anunciadas por el Gobierno, y de seguir la producción nacional en saldo en rojo.

Para Jairo Villamizar, no basta que pongan el precio de uno o dos productos para regularizar los precios es necesario que aparezcan al menos los de mil productos, y que los consumidores carguen con ella antes de hacer sus compras.

Sergio Duque –mostrando un billete de 50 Bs.S- era más optimista en tanto con más efectivo en la calle podría encauzarse el país en una franca recuperación, siempre y cuando los bancos no paren estos días de permitirle a sus clientes retirar sus fondos en cantidades aceptables todos los días, y siempre y cuando, el papel moneda no desvíe su rumbo y termine en Colombia…

Hubo poca circulación de vehículos en las calles del centro de la ciudad. (Foto/Tulia Buriticá)

Porque el efectivo en la calle podría ser el jilguero que anuncie un nuevo amanecer económico, o pueden ser como las oscuras golondrinas, que no solo no volverán sino que emigrarán más allá de la frontera, para ser capturadas por los factores especulativos.

Carmenza Delgado se mostraba un poco preocupada, porque en la empresa donde trabaja llamó a sus trabajadores a una reunión, y había tomado la decisión de trabajar a puerta cerrada.

Diego Villamizar, que trabaja en ventas, dijo que todo lo que tenía por cobrar lo recogió la semana pasada, y por ahora le estaba prohibida cualquier operación comercial.

Otras dudas se referían a cómo el Gobierno iba a asumir el diferencial salarial de las pequeñas y medianas industrias, teniéndose las dificultades que ya ha tenido el estado para asumir la nómina del sector público.

Freddy Omar Durán