Prolifera la venta de efectivo en el Terminal de La Concordia

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La compra venta de pesos colombianos es ya normal en las instalaciones del Terminal y en la vía al mercado Los Pequeños Comerciantes.

Con una baja actividad de pasajeros y unidades de transporte comenzó la semana el Terminal de Pasajeros de la Concordia, en cuya zona comercial ya se respira la crisis por doquier.

Las dificultades de la escasez del efectivo ha sido uno de los factores que ha contribuido a mermar la afluencia de viajeros; no obstante quienes tengan en su haber pesos o dólares pueden negociarlo con los cambistas, quienes si antes tenían una presencia más tímida por las instalaciones del puerto terrestre, hoy agitando grandes fajos con billetes de denominaciones entre 100 y 500 bolívares se apostan y gritan su pregón frente al área de estacionamiento principal.

Esto resultaba una alternativa para muchas personas que desean viajar en buseta a varios destinos del estado o el país, y que solo recibían pago en efectivo. Por ejemplo, para San Antonio, el pasaje se cotizaba en tres mil bolívares, alza que se experimenta desde la semana pasada. Otras tarifas ofertadas: Barquisimeto, 18 mil bs; Barinas 10 mil bs; Guanare 11 mil bs, o en su defecto el mismo monto en pesos.

La tasa de cambio general era un bolívar por peso, veinte punto menos a como se oferta en las casas de cambio cucuteñas.

Quienes desean viajar al interior de país podían efectuar el pago en punto electrónico en las oficinas de los expresos, donde el pasaje a Caracas estaba por el orden de los 22 mil bolívares.

Baja comercial

La actividad comercial en el Terminal de Pasajeros no muestra en la actualidad su mejor cara; con muchas santamarias abajo,  las pocas ventas estaban solitarias en la mañana del lunes; no obstante, según testimonios de quienes hacen vida en el lugar la situación ha sido similar desde la semana pasada, sin recuperarse del trauma que significó el megapagón de la semana pasada. En el vacío de sus estantes se hacía patente, lo golpeado que estaban por la crisis. Las ventas de comida trataban de no abusar con los precios, y aún así la clientela no respondía, contrario a como ocurría en el pasado que en esos lugares se apertrechaban de productos, tanto para consumir en el camino como para llevarle a sus familiares.

Un vendedor ambulante afirmó que “Estamos en el piso; si seguimos así hasta colapsamos del corazón,  sobre todo los viejos. Me preguntó ¿qué le damos de comer a un muchacho que estudia?. Mi esposa es profesora y no gana ni para el tinte. Comer guineo y arroz es lo que nos ha tocado en la casa, y tengo este pantalón 15 días sin poderlo lavar porque ni jabón ni agua hay. Yo veo muchos de mis compañeros que se sienta ahí, sin meterle nada a la boca, hasta que se van a sus casas en la tarde”.

Muchos vendedores de verduras en las afueras del Terminal, aún comentaban con cierta aprensión sobre los últimos acontecimientos.

El señor Eulogio Cárdenas agregó que “la inflación me ha afectado bastante, mire mi edad y tengo que caminar por la ciudad por comida y efectivo y muchas veces no no conseguimos nada . A veces nos venden un poco  por cuatro mil bolívares para lo cual hay que  hacer una cola. Tengo que hacerme cargo de unos nietos porque mis hijos aunque están en facultad de trabajar no tienen empleo, o lo que les ofrecen no les sirve para mucho. Fíjese lo paso con el apagón la mercancía se nos dañaba; había  que bajarle el precio, pues lo importante es que la mercancía no se nos perdiera, sino al menos venderla y hacerle algo”.

Freddy Omar Durán