martes 24 noviembre, 2020
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«Quedamos en la calle, no quiero vivir aquí»

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María Luisa Navarro perdió todos los enseres y la casa sufrió fuertes daños. Hoy ve con tristeza el saldo devastador y pide a Dios que pueda ser reubicada en otro lugar, porque ahora le da miedo la quebrada.


Por Bleima Márquez / @bleimamr

A más de una semana del desbordamiento de la quebrada La Zorquera, María Luisa Navarro mira con nostalgia lo que quedó de su hogar, ubicado en el sector Los Patios de Zorca, y da gracias a Dios porque, aunque lo perdieron todo, se encuentra a salvo, junto a su esposo y dos hijos, en la casa de su hermana.

«Por mi hermana es que estoy descansando, porque en realidad no teníamos dónde quedarnos. Quedé en la calle», dijo, y agregó que su vivienda tiene grietas a causa del agua, que subió hasta más arriba del comedor.

Su hijo sufrió una crisis de nervios, pero ahora se encuentra tranquilo  (Foto/ Gustavo Delgado)

María Luisa tiene la esperanza de recibir la ayuda necesaria para tratar de recuperar la vivienda, porque estaba nueva. Tenía poco tiempo construida. Con el paso del caudal se esfumaron muchos sueños y ahora el paisaje es devastador.

Instantes de angustia

Eran como las 10:00 de la noche. María Luisa ya estaba durmiendo con su hijo menor, porque el mayor no estaba ese día en casa.

«Si no me despierta mi único hermano varón, no nos damos cuenta. Nos ahogamos», comentó y añadió que salieron y permanecieron en el segundo piso de la casa de un vecino, que los dejó quedar hasta el amanecer del día siguiente, cuando salieron. «No éramos capaces ni de ver la quebrada», apuntó.

Crisis de nervios

En medio de la furia del agua y la carrera para salvar la vida, Jesús, de 11 años, hijo menor de María Luisa, sufrió un ataque de nervios.

Fue tan intensa la reacción del niño, que los vecinos lo auxiliaron y ayudaron a calmar. Ahora se encuentra más tranquilo, en la casa de la tía.

Continúan sacando lodo

Ya han pasado más de diez días y María Luisa, al igual que los vecinos afectados por el desbordamiento de La Zorquera en el sector Los Patios, continúa sacando lodo para tratar de rescatar algunas pertenencias.

La tarea no ha sido fácil, porque desde el día del desastre están sin agua debido a daños ocasionados en la tubería por la fuerza de la quebrada.

Para lavar la casa y lo poco que quedó, usan agua de la quebrada. Pero, según la apreciación de María Luisa, está contaminada. Sin embargo, no hay más remedio.

Muchas necesidades

Aunque reconoce y agradece a las personas y fundaciones que les han llevado alimentos, ropa, lencería, entre otras donaciones, María Luisa afirma que aún requieren de gran apoyo.

«No tenemos agua limpia, ni para hacer comida, ni para tomar.  Estamos completamente colapsados. Tuvimos pérdida total de los enseres y la casa quedó muy afectada».

Preocupada por el bienestar y la salud de su familia, la afligida mujer contó que su hijo mayor traía agua de la quebrada, pero está tan contaminada que le salieron hongos en los pies.  «Ya está siendo atendido y recibe tratamiento médico. Gracias a Dios».

Para completar el panorama, el sector Los Patios, lugar donde vive, quedó incomunicado. Para salir y recibir la atención y ayuda de organismos e instituciones, deben arriesgar sus vidas y pasar sobre un muro de contención que hace las veces de puente. Porque el verdadero quedó tapado por lodo, árboles y cuanto objeto arrasó la corriente.

Tengo miedo de vivir aquí

Para María Luisa, los momentos vividos la noche del martes 10 de noviembre, en Zorca, marcaron su existencia y la de su familia. Fueron instantes de suma angustia. Ahora teme vivir en ese lugar, donde vio con profundo dolor perder lo que con esfuerzo habían construido.

Pensar en la posibilidad de vivir otra tragedia similar le causa terror.  Por pocos segundos pudieron haber sido arrastrados por la fuerte corriente, y hasta morir.

«No quiero vivir aquí. Los nervios por la quebrada. Uno queda con una zozobra. No puedo dormir tranquila».

El clamor es a las autoridades, al gobierno nacional y regional, a los organismos internacionales, para que sean reubicados en otra casa y les ayuden con los enseres, porque quedaron desamparados.

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