Reviven iglesias en Táchira la tradición del Viacrucis

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Desde la iglesia El Santuario partió el viacrucis de San Cristóbal. (Foto/cortesía)

Con una lección que tanto como espiritual es profundamente humana, las iglesias tachirenses vuelven a recrear en las vía públicas lo que fueron los días preliminares a la gloria de Jesucristo, una tradición entre dramática y ritual, entre histórica y mística, en la que todos somos participantes, ya como espectadores, todos unidos en una sola fe.

En el pasado, tal representación se pautaba para el Jueves y Viernes Santos, pero ya los tiempos son otros y se ha flexibilizado para que se realice en cualquiera de los días que comprende la Semana Mayor, más aún en la actualidad cuando la inseguridad, la falta de transporte e incluso la falta de energía condiciona ese tipo de actividades públicas, en las cuales se espera participen la mayor cantidad de feligreses.

En cualquier pueblo del mundo en que se profese el credo católico, se hacen este tipo de manifestaciones de fe, que a veces suele ser muy dramática, o a veces muy moderada, dependiendo de la intención de quien la ponga en escena. Por supuesto el Táchira, siendo tan aferrado a sus costumbres católicas, no escapa de esa tradición, y la ha llevado de la mejor manera, y con una gran respuesta del público, que hoy en día cuenta con una gran variedad de dispositivos tecnológicos que permiten un testimonio de lo que acontece.

Cada viacrucis puede contar con una interpretación universal, la del Hijo de Dios que pasa por los más terribles suplicios desde el moral, hasta el físico, incluso con el sacrificio de la vida. A pesar de su grandeza cósmica incluso, el Cristo tuvo que venir a esta pradera de suplicios a conocer la traición, el escarnio público, la humillación, el juicio y condena injustos, e incluso la crisis personal más íntima,  ensañados en quien nada de eso merecía; pero que eran condiciones obligadas para todo aquel que desea alcanzar la gloria.

El viacrucis también puede enmarcarse en un contexto determinado, y el que Venezuela ofrece es el de la lucha por la sobrevivencia, en la que si es posible se pasa por encima del otro, y se pisotea el contrato social representado por la ley. Una situación crítica en la que el símbolo del Cristo que se pone a prueba a sí mismo en el desierto, encaja con la diáspora de quienes deben huir a otros países para conseguir un futuro mejor, y en el que dos poderes el Sanedrín y el Imperio Romano buscan descargar sus conflicto, pasarse una pelota en llamas, sobre un inocente, Jesús de Nazareth, que en este sentido es viva imagen del pueblo venezolano. Hambre del que no tiene el dinero para cubrir los gastos de alimentación suyos y de su familia, dolor físico del enfermo que no puede ser atendido en los centros asistenciales, y abandono, del ciudadano sufriente que hace preguntas sin respuestas sobre su futuro, son momentos fundamentales por los cuales también pasó en cuestión de pocos días el Hijo de Dios, que al final se compensaron con el triunfo de la Resurrección.

Por eso si se va asistir al viacrucis que en diversos puntos del Táchira se han organizado sería bueno no hacerlo simplemente por curiosear, o por cumplir con la costumbre, deberíamos participar de un modo más personal que sobrepase la condición de espectadores.

Siete templos

Otra de las tradiciones en que los católicos reinciden año tras año, es la de visitar siete templos. Por tal motivo, las iglesias se visten con sus mejores galas, y sacan a relucir precisamente los objetos sagrados que desde lo plástico representan la vida, pasión y resurrección de Jesucristo, así como de los personajes que acompañaron su camino de salvación como María, los Apóstoles, entre otros. Ese recorrido no ni más ni menos que en el imaginario católico que la reproducción de la ruta de Cristo hacia el calvario, desde que fue apresado, por lo tanto no debería ser tomado como un paseo o un pretexto para farandulear, pues se trata de acompañar y de alguna manera de llevar la Cruz de quien se le reconoce como quien dio la vida por los pecados del Mundo.

Freddy Omar Durán