martes 17 mayo, 2022
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Tachirense representa a Venezuela en Bienal de Arte en Venecia

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Para gran parte del mundo del arte, integrar el selecto grupo de artistas invitados a la Bienal de Venecia resulta un punto alto en su trayectoria creadora.

Freddy Omar Durán

De ese logro disfruta en la actualidad el tachirense César Vásquez, quien junto a Milia Quast nos ofrece en la ciudad italiana, donde actualmente se encuentra, otra visión de la pandemia a través de Dislexia- 2021.

Esta obra resultó ganadora de la IV Bienal de Sur, en su última edición, un éxito muy satisfactorio, pero que les depararía sorpresas más felices aún, cuando recibieron una llamada que confirmó el honor de ser representantes de Venezuela en tan magno evento.

Dislexia-2021 explora testimonios y huellas trazados en mentalidades y emociones de la población llevadas al sustrato audiovisual, para terminar convertidas en una instalación.

Desde Venecia compartió Vásquez un poco retrospectivamente lo que ha sido su carrera artística y por los medios de comunicación, desde que alguna vez partió de la capital tachirenses hasta la ciudad de Caracas.

—Por estos días celebro 20 años de mi primera exposición, que fue en San Cristóbal, en la galería Edelberto Barboza de Banfoandes; por muchas razones fue inolvidable, una de ellas es porque la galería quedaba en la planta baja del edificio donde vivía. Desde entonces trabajé en mi obra, pero debí sobrevivir como artista profesionalizado. Los artistas profesionalizados prestamos la creatividad, los conceptos y las técnica para algún proyecto en específico, en mi caso, empecé como animador gráfico en canales de televisión, creativo en campañas institucionales, facilitador en proyectos pedagógicos comunitarios vinculados a la comunicación, y desde entonces comprendí que el carácter comunicacional de la obra equiparaba contenido – forma deliberadamente-, y el contexto se encargaba de lo demás; de esta manera, también empecé a hacer periodismo narrativo como columnista en algunos medios digitales y actualmente mantengo una columna en una página de creación y crítica latinoamericana, llamada MenteKupa, donde exploro formas transnarrativas de expresión, comentó Vásquez

Su contacto con el entorno artístico tachirense ha sido continuo, y fueron precisamente sus colegas en este territorio emocional los primeros en celebrar su logro y notificarlo a través de las redes sociales.

—Siempre estoy muy atento a lo que sucede en el campo cultural tachirense, mis afectos están vinculados muy profundamente con San Cristóbal, tengo familiares y amigos con quienes no he perdido contacto, mi casa, mi infancia y mis recuerdos de adolescentes están intactos y habitan esas calles. Crecí entre el barrio Garbiras y el 8 de Diciembre. Estudié en el Liceo Simón Bolívar, donde, además de un estudiante revoltoso, fui dirigente estudiantil de educación media a principios de los 90. Saber que hay amigos que no abandonan el camino de la creación artística, como es el caso de Oswaldo Barreto, Anni Vásquez, Jorge Dávila, Carmen Ludene, entre otros de mi generación, es una gran prueba de valor y, sobre todo, de resiliencia, agregó. 

Dislexia-2021, nos atrevemos a decir, tiene algo de declaración de principios de lo que el arte debe hacer y, sobre todo, de lo que debe decir en tiempos tan difíciles, en tiempos de pandemia.

—Mi relación con el concepto y la categoría “representación” es complicada, el arte es otra forma de pretender al ser, tanto como lo es la religión y la ciencia, pero a diferencia de estas, el arte es lo que es, es el ser siendo, es lo que está y permanece arrojado al mundo: contradictorio y en permanente cambio; en tal sentido, no pretendo representar sino presentar un trabajo colectivo, un relato escrito a cuatro manos, entre Mila Quast y yo, que se convierte, para traer a Venecia, en una video instalación que con brutal honestidad y sencillez reconcilia la obra con las emocionalidades primigenias: el miedo y el amor, en los primeros 5 meses de la cuarentena, sostuvo Vásquez.

Entiende, como artista, la importancia de ser un representante de Venezuela ante Venecia, una embajada que lo engloba en su totalidad y que se identifica de alguna manera con el modo de sentir, reflexionar e interactuar de su población. 

—La participación de Venezuela en esta bienal es muy importante en este momento, como en cualquier otro, además de las razones tácitas que recogen todas las expectativas individuales, nuestra participación a través de la obra quiere dejar claro lo siguiente: rechazamos el modelo de individuación biopolítico que instaura un campo de concentración entre los cuerpos. Queremos denunciar la asfixia mecánica a la que estamos sometidos como pueblo, por intereses imperiales y malas prácticas internas; por otro lado, nos cansamos del relato de la necrofilia al que se le garantizan circuitos, premios y promoción, que plantea que la cultura en Venezuela está muerta o se ha autoexiliado.

Mostrar la otra cara de Venezuela, la creadora, la que puede reflexionar e intervenir en su realidad, más allá de las polémicas de distintos caracteres, es una gran oportunidad que César Vásquez considera está aprovechando, en la proyección positiva del país.

—Creo que es muy importante poner por encima de las diferencias el respeto por cada uno de los y las artistas venezolanas, trabajadores de la cultura, y si bien el arte no está en los museos, ni en las bienales, sino en la pulsión creadora de cada uno de nosotros, decimos que en medio de las dificultades, el arte venezolano está vivo y presente.

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