lunes 29 junio, 2020
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“¡Todo a mil, todo a mil!”

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Pregón de los verduleros en los mercados públicos:

¡Todo a mil, todo a mil!, es el pregón que retumbaba la anterior semana en los puestos de verduras de los principales mercados de los municipios tachirenses, y en los que por ahí deambulan, ya sea dentro o fuera del horario estipulado por la cuarentena.


Freddy Omar Durán

A excepción de la papa y la cebolla blanca –aunque un buen cazador de precios puede hallar sorpresas-, el tomate, la cebolla junca, el coliflor, la lechuga, el plátano verde y maduro, entre otros, han sufrido este equiparamiento, en medio de una saturación de negocios del ramo, y que para muchos puede estar incidiendo en una aparente estabilización de los precios.

Otros adjudican la incluso baja en rubros como el tomate y el plátano a que estamos en plena cosecha. De otra parte, los productores locales han debido circunscribirse al mercado más inmediato, en vista de las dificultades para trasladar sus ventas fuera del estado; así como huertos caseros se han aventurado a ofrecer sus pequeñas recolectas.

Aparente porque traducidos en bolívares, la realidad es otra, e incluso puede haber variaciones si se cancela por punto o por efectivo, este último efectivamente. Pagar por punto, no obstante, implica una recarga de 100 o 200 pesos, si lo traducimos al cambio predominante, con relación a lo pedido en divisa extranjera. Tenemos entonces en 70 mil la yuca, el plátano, el apio, la auyama; mientras la zanahoria, el tomate, el aguacate y el ajo porro en 100, y la papa en 130 mil.

Como dijimos, la papa y la cebolla blanca por kilo pueden estar un poco más arriba de los mil pesos; apenas como quinientos pesos más; pero de acuerdo a la calidad, y la generosidad del comprador, perfectamente se consigue más económica.

Desde el inicio de la cuarentena, y debido a que prácticamente han sido las ventas de alimentos, y otros elementos básicos del hogar, las más autorizadas a laborar en cuarentena, estas han proliferado. No obstante, esto no se compadece con una clientela que, como admiten los tenderos, ha ido en declive, frente a lo que sucedía en los primeros días del régimen especial, más caracterizado por las “compras nerviosas” y una relativa abundancia de pesos. Una clientela que ante la crisis se le “han pegado los billetes a la mano”.

Sin embargo, como nos contó Ana Vera, quien había proyectado hacerse de unos ingresos de esta manera, no pocos han desistido. Mientras otros no se arredran, pues la necesidad de ingreso en los hogares apremia, y más si hay la garantía de hacerse de pesos.

—Sin gasolina –afirma Vera- ni pesos se puede llegar a los mayoristas, como los de Táriba, para conseguir la mercancía.

Controles al aire libre

Aunque antes de la cuarentena la diferencia de precios entre los mercados bajo techo y los mercados al aire libre, permitidos ciertos días de la semana por las disposiciones transitorias, era notable, la misma se ha cerrado en estos días, al menos en lo que a verduras se refiere, pues más allá de la ganancia, lo importante por ahora es no quedarse sin el pan para la casa.

De otra parte, y como parte de las medidas de seguridad implementadas en el marco de la emergencia por el covid-19, en los alrededores del Terminal de Pasajeros y Los Pequeños Comerciantes y más allá, una intención de las autoridades de organizar los toldillos callejeros y mantener las vías más despejadas, procurando acomodarlos en las zonas laterales de avenidas y calles. Es así como ha sido posible ver la dimensión de lo que ha crecido el número de puestos en la zona, que aunque pueden ocupar a lo largo cuatro cuadras de la Octava Avenida, no queda mayor distancia entre puesto y puesto.