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Vivir en Venezuela y estudiar en Colombia es un gran desafío

Neyid Vargas de Díaz, madre de Krisney (13) y Krismar (8). (Foto: Jonathan Maldonado)
Neyid Vargas de Díaz, madre de Krisney (13) y Krismar (8). (Foto: Jonathan Maldonado)

El DATO

Cerca de 1.800 alumnos, que viven del lado venezolano, están inscritos en colegios del municipio Villa del Rosario, en Colombia

DE INTERÉS

Cada alumno, en época de pandemia, está recibiendo un mercado mensual por parte del colegio donde está inscrito. Muchos representantes, de los municipios fronterizos venezolanos, cruzan por las trochas a buscarlo 


Jonathan Maldonado

Cuatro personas integran la familia Díaz Vargas, residente del barrio Ezequiel Zamora, en San Antonio del Táchira. A las complejidades que giran en torno a la cuarentena, el toque de queda y aislamiento total, que siguen vigentes en la frontera, se suma el hecho de que sus dos hijas estén inscritas en el Colegio General Santander, en Villa del Rosario, Colombia.

or internet se hacen las asignaciones que envía el colegio del Norte de Santander.
or internet se hacen las asignaciones que envía el colegio del Norte de Santander.

Como la mayoría de instituciones educativas en el mundo, en el vecino país, a causa de pandemia ocasionada por la covid-19 han tenido que ir generando otras alternativas de aprendizaje, donde los alumnos hacen todo desde sus hogares, alejados del peligro que provocan, en la actualidad, las aglomeraciones.

En la frontera de los municipios Bolívar y Pedro María Ureña, cientos de estudiantes cruzaban, antes del arribo del coronavirus, los pasos binacionales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. A 92 días del confinamiento, deben ingeniárselas para responder, junto a sus padres, a las nuevas exigencias.

“Al principio, fue un poco incómodo, pues no sabíamos por dónde empezar. No sabíamos cómo iba a ser lo de las clases. Ya nos hemos ido acoplando, tratando de que ellas asistan a sus clases virtuales, tratando de que hagan los ejercicios del colegio, como si estuviesen en sus clases”, apuntó Neyid Vargas de Díaz, de 38 años, progenitora de Krisney (13) y Krismar (8).

Estas nuevas estrategias educativas, desde la casa, según Vargas, les sirven a las niñas para que no se aburran tanto. “Ellas se entretienen, hay clases dinámicas, los profesores se las han ideado para que las jornadas no sean tan intensas, otro método de aprendizaje”, detalló.

Métodos de aprendizaje

Como madre, ha tenido que conocer de cerca cada método que han diseñado los profesores en Colombia.  Cuenta que hay tres y cada niño escoge con cuáles desea trabajar y cuáles se adaptan mejor a su entorno. Ante las constantes fallas en San Antonio del Táchira, de la electricidad y otros servicios como el internet, “usamos los tres”.

Hay días en los que el internet, servicio que la familia se vio en la necesidad de adquirir en cuarentena para cumplir con las tareas de sus niñas, funciona y se pueden conectar a Genosoft, el primero de los métodos habilitados por el Ministerio de Educación neogranadino. “Se trata de un sitio web donde las niñas pueden ingresar a sus aulas virtuales”, especificó.

“Esa sala está protegida por el colegio, el cual ve la cantidad de estudiantes que ingresaron, lo que habló el profesor, qué tanto duró la clase; todo eso es vigilado por la institución”, aseguró la dama, quien señaló que la segunda alternativa para los progenitores es el WhatsApp, herramienta por donde el maestro envía el material una vez concluye la clase virtual.

Dos horas y media dura cada clase virtual. Hay días donde les dan hasta receso, otros no, explica la representante. Krisney, la mayor, ingresa en las mañanas, mientras Krismar, la más pequeña de la casa, lo hace en las tardes, siempre con la supervisión de su mamá. “A Krisney, por su edad, la dejo que ingrese sola”, dijo.

Cuando hay fallas de electricidad en el barrio o no funciona el internet, las alumnas esperan la hora de culminación de la clase virtual, para revisar por el WhatsApp de su mamá las clases enviadas por el profesor de turno.

Vargas cuenta que, con estos métodos, los profesores son más flexibles, entienden las dificultades por las que puede pasar el estudiante. “Cada materia se ve una sola vez a la semana; los maestros envían los talleres y dan tiempo para que los niños los entreguen”, puntualizó.

“Paso por trocha”

El tercer método son unas guías que entrega el colegio, en el caso de que el estudiante no pueda adherirse a los otros procesos. Ahí está todo. “En mi caso, le dije a la profesora que las necesitaba, pues hay veces en que ni hay internet ni tengo WhatsApp”, recalcó mientras agregaba que también las usa para evitar los gastos de impresión de lo que los docentes hacen llegar vía digital.

“El colegio corre con los gastos de las guías. Solo hay que dar el nombre del estudiante e ir a buscarlas. El portero las entrega en las mañanas”, indicó quien al momento de cruzar a Colombia ha tenido que atravesar los caminos irregulares.

“El estudiante las resuelve y va viendo cómo hace para hacerlas llegar a la institución, una vez a la semana”, prosiguió Vargas, al tiempo que aclaraba que el alumno, junto a su padre, se ha ido acoplando al método o métodos que más le convenga. “Lo importante es que nuestros hijos puedan seguir”, enfatizó.

La progenitora reitera el lado flexible de los profesores. “Si el niño no pudo conectarse y entregar su tarea, comprenden, y se la reciben luego. El 10 de julio termina el primer período. Mis niñas van bien, estoy pendiente de que estén al día”, aseveró.

Pese a que los niños suelen adaptarse rápidamente a los virajes, añade que este sistema les ha pegado a sus dos hijas. “A veces los vecinos ponen música, hay mucha bulla, y no es la misma concentración. Ya van agarrando el hilo, pero sí ha sido complicado”, reconoció.

A Vargas y a su esposo siempre les ha gustado que sus niñas estudien en Colombia. “Allá están más ocupaditas. Ambas estudian en el General Santander, es uno de los mejores colegios de Villa del Rosario. Ahí seguimos, porque es donde están aprendiendo y sobresaliendo”, aseguró.

Corredor humanitario

Colombia, en los últimos días, ha asomado la posibilidad de que las clases, en aulas, comiencen a partir del 1 de agosto, con reglas que aún no están muy claras. “Me imagino que el alumno irá a desarrollar ciertas tareas, proyectos o a presentar un examen”, soltó Neyid Vargas.

De concretarse esa idea, Vargas recuerda la necesidad de que entre ambas naciones establezcan acuerdos, entre ellos un corredor humanitario que permita el paso de los cientos de niños que viven del lado venezolano, pero estudian en Colombia.

“También deben garantizarles la seguridad sanitaria, que no se expongan”, adelantó la dama con la mirada fija en sus hijas.  “Nosotros acá (San Antonio) salimos para lo más esencial. Mis hijas ya ni recuerdan cómo es la plaza Miranda”, ironizó.

Su esposo, dijo, es quien se encarga de llevar el sustento a la casa. “Trabaja en un supermercado en Villa del Rosario. Solo viene una vez a la semana y nos trae el mercado”, resaltó.

A modo de colofón, comparó el comportamiento de los ciudadanos en ambas naciones: “en Colombia, he visto la economía más activa, con más gente en las calles; aquí, en Venezuela, ha sido más rígida la cuarentena”.