martes 17 mayo, 2022
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Un colonense estaba entre los migrantes  que sobrevivieron en aguas americanas

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El miércoles se encontraban en la portada de los diarios de St. Croix

Salieron desde St. Maarten, Países Bajos, sin ser vistos por los guardacostas, pero al llegar a aguas americanas ya un motor de la lancha estaba fuera de borda, y ellos en la línea de arrecifes del área de Great Pond Bay


Daniela González

Catorce horas navegando, oraciones constantes, miedo y el ruego de llegar prontamente a tierras americanas, fue lo que vivieron un tachirense y trece personas más que decidieron aventurarse desde la isla St. Maarten, Países Bajos, para llegar a Estados Unidos.

2.200 dólares fue la cantidad de dinero que cada uno tuvo que reunir para lograr comprar la lancha que, según ellos, los trasladaría desde St. Maarten a Estados Unidos. La confianza fue puesta en un falconiano para que llevara el timón, quien aseguró que “en una oportunidad” manejó una lancha en Falcón y así fue como inició lo que podrían llamar algunos “el sueño americano”, arriesgado y peligroso.

Jean Carlos Villamizar Ramírez, de San Juan de Colón, con 43 años de edad, uno de los que abordó la lancha, relató a Diario La Nación que laboraba como docente fijo en el estado Táchira y como coordinador de Deportes, por la Dirección de Educación, en las escuelas estatales del municipio Ayacucho. Fue en el 2018 cuando decidió migrar a St. Maarten. junto con su novia; sin embargo, a juicio de Jean Carlos y sus compañeros, en la isla el poder adquisitivo ha cambiado para los migrantes, obligándolos a tomar otras rutas para poder lograr vivir económicamente “estables”.

“En el 2018 partimos hacia la isla St. Maarten, lado holandés; duramos 4 años, desde ahí regresamos a Venezuela en diciembre de 2021 y no aguantamos la situación, decidimos volver a la isla de St. Maarten, pero allí la cosa se puso ruda y decidí emprender este viaje solo, dejando a mi mujer, mi hermana, mis sobrinas y sobrinos en St. Maarten”.

La travesía de 14 migrantes que pudieron contarla

El 12 de abril, a las 6:20 de la tarde, emprendieron el viaje, evitando que los guardacostas los detectaran, de lo contrario perderían la oportunidad de salir a navegar, rumbo a aguas americanas.

Todo transcurría tranquilamente, pero a mitad de camino comenzaron a suplicar misericordia al Creador.

La lancha comenzó a fallar, el motor se apagó en reiteradas oportunidades, para ser exactos, ocurrió alrededor de 20 veces; las olas, de 7 a 10 metros, sorprendían al grupo de 14 personas, entre ellas dos merideños, dos de Valencia, un caraqueño, el colonense y el resto de Coro.

Eran muchas personas para el tamaño de la lancha, hubo la necesidad de lanzar al agua la mayor cantidad de cosas que transportaban.

Jean Carlos decidió dejar con él una bermuda y una franela, útiles de aseo personal y documentos de identificación. Igual hicieron sus compañeros.

El frío de la madrugada fue lo único que los acompañó. A las 7:00 de la mañana ya estaban en aguas americanas, pero la corriente marina y unas olas impactaron contra la embarcación, quedando un motor fuera de borda, y ellos fueron arrastrados hasta un arrecife.

“La corriente marina nos arrastró hasta un arrecife, donde chocamos con un coral y encallamos; nosotros, los hombres que íbamos ahí, nos tiramos para tratar de mover la lancha, intentábamos sacarla y fue imposible; se bajaron las mujeres a ayudarnos; imposible, no pudimos, todos sufrimos cortadas con los corales y eso ocasionó sangre, heridas leves; hubo sangre en el agua, llegando tiburones a la lancha”, recordó Jean.

Grupo de rescate los ayudó

Atascados, empezaron a hacer llamados de auxilio, con miedo a no ser escuchados; sin embargo, a la distancia visualizaron la ayuda. Grupos de rescate de guardacostas de la isla de St. Croix y de St. Tomas llegaron al lugar, y los migrantes nadaron como 100 metros para poder tomar el bote salvavidas.

“Nos llevaron a la orilla, estaban la prensa, equipos de paramédicos, Policía, Migración; nos recibieron, nos abrigaron, nos tomaron la tensión, glicemia, nos hidrataron, nos tomaron los datos personales y nos llevaron a un hotel; ya todos empezamos nuestro proceso para el asilo o papeles”, explicó el colonense.

A la distancia, el grupo de migrantes observó cómo su embarcación desaparecía en el mar. Ellos ya estaban a salvo.

Bienvenidos a América

“Lo primero que nos subió los ánimos fue cuando los guardacostas nos dijeron `bienvenidos a América`; otros decían `bienvenidos a Estados Unidos`; nos trataron bien, y Migración nos hizo la reseña, no nos detuvieron, no nos llevaron a ningún refugio; fue un trato muy especial, ni parecido al trato de la gente que pasa a México”, dijo uno de los migrantes.

El miedo nunca se apartó de ellos, ni siquiera en el momento en que ya estaban a salvo.

“Nosotros pensábamos en eso, que nos metieran presos, pero la verdad es que no pasó nada de eso (…) Yo, de atentar contra mi vida, preferí arriesgarme y tomar esta decisión, y hacerlo todo por mis hijos, por mi mamá, por mi familia”, dijo Jean Carlos.

Pensamientos al sentirse a la deriva

Jean Carlos, oriundo de San Juan de Colón.

“Yo venía tranquilo, solo pidiéndole a Dios que nos permitiera llegar vivos y tocar suelo americano, más nada; cuando toqué tierra fue donde entré en llanto por la felicidad y la oportunidad que nos dio Dios de estar vivos y salir de esa travesía o locura que nos inventamos”.

 

Omar Rivas, natural de Caracas.

“La isla St. Maarten fue mi trampolín para tomar la decisión y el riesgo de viajar en lancha como inmigrante para llegar a una isla en Estados Unidos (…) Uno corre muchos riesgos, pero gracias a Dios, por pisar tierras americanas, contamos con vida, pero pasamos por momentos fuertes, porque uno no conoce la ruta en el mar, se corre el riesgo que la embarcación se quede trancada, como nos pasó a nosotros; a veces hay que pasar por esas experiencias para saber que hay un Dios que existe”.

Luis Gerardo Romero, 59 años de edad. Natural de Ejido, estado Mérida.

“Llegué en el 2019 a St. Maarten, migré de allá porque una ministra de la isla tenía una persecución a los migrantes venezolanos, que nos quería sacar de St- Maarten, cuando más bien los venezolanos sacamos a flote esa isla porque la vez que ocurrió lo del huracán la acabó por completo y nosotros, trabajando, ayudamos a recuperarla (…) Nosotros les debemos las gracias al capitán de la lancha, que logró mantener el control con las olas; cuando estábamos en medio del mar, lo que yo decía es que íbamos a quedarnos ahí, porque la travesía fue dura, y la vida de inmigrante no es fácil”.

Luego de la travesía y ser llevados por el gobierno estadounidense a un hotel, donde se hospedaron por un día, cada migrante venezolano continúo su camino para recaudar los papeles necesarios con el fin de pedir asilo.

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