miércoles 5 agosto, 2020
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Confinados, 7 periodistas cuentan la pandemia desde 7 países

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Carolina García (Santiago, Chile); Carmen Sofía de La Torre (León, Guanajuato); Fanny Gelrud (San Juan, Puerto Rico); Omaira Labrador (San Cristóbal, Venezuela); Roberto Vela (Lima, Perú); María Cecilia Fereira (Alicante, España) y Misael Salazar Flórez (Bucaramanga, Colombia), cuentan la pandemia desde sus respectivos encierros.


Misael Salazar F.

Nada más colectivo que el prolongado encierro al que nos sometió la pandemia del nuevo coronavirus. Nada más plural que el miedo a sumarnos a los miles de muertos y a los millones de contagiados que andan ya regados por el mundo multiplicando el pánico.

Confinados, encerrados, en cuarentena, casi presos del susto. Son vocablos sinónimos que repetimos a diario y muchas veces durante el mismo día, donde también nos repiten que debemos andar con la mitad de rostro cubierto, distantes unos de los otros dentro de las mismas cuatro paredes que ya se nos antoja mirar como las rejas, cuyas únicas llaves posee un imaginario carcelero a quien nadie ve, pero todos sabemos que existe.

El manual que desde hace dos meses rige nuestras vidas, nos da una orden dura y explícita: “Prohibido los besos y los abrazos”. Y nos manda a bañar a cada rato y por todos los medios posibles que en la sociedad actual existen, nos disparan al oído que la única manera de sobrevivir a este encierro colectivo es comportándonos de la manera más individual y separada posible, porque de eso depende que salgamos vivos cuando todo esto termine.

Y por si acaso no entendemos el mensaje, nos muestran todos los días centenares de cadáveres apilados, como el destino inexorable de quienes no acatemos el confinamiento y el encierro que por momentos agota, desespera, impacienta, oprime y nos convoca a comulgar con la nostalgia y la tristeza.

¡Parece mentira que en esto se nos haya convertido el mundo!. Desde hace dos meses todos nos parecemos, aunque vivamos en distintos lugares del planeta. Y nos sufrimos los unos a los otros y nos compadecemos y nos damos aliento por escrito o por videos o por audio, porque afortunadamente la pandemia no nos ha podido robar el verbo.

Para que veamos cuánto nos parecemos hoy día, producto de esta letal pandemia, convocamos el testimonio de 7 colegas periodistas que andamos dispersos por el mundo como el COVID-19 y con ellos, o a través de ellos, quisimos contarles cómo se vive la pandemia desde el encierro que cada uno de nosotros compartimos a cientos de kilómetros de distancia. Esto fue lo que resultó del experimento:

Carolina García. Santiago (Chile) «Me libré de formar parte del ejército de desempleados»

Es una periodista tachirense graduada en la Universidad del Zulia (LUZ). Ejerció el periodismo en Barinas y cuando la crisis en Venezuela empezó a ensañarse contra todos, agarró un vuelo y hoy se halla en Santiago de Chile. Desde allí nos cuenta la pandemia.

Comparto el encierro mundial desde un apartamento en la Comuna Quilicura de Santiago de Chile. Como trabajo para una empresa de tecnología, me libré de formar parte del ejército de desempleados que ha dejado como saldo el coronavirus. En otras palabras, estoy viviendo del teletrabajo.

Mi hermano también se salvó del desempleo porque es joven y trabaja como chofer repartiendo productos. A los conductores de más de 55 años los mandaron para la casa a cuarentena.

Mi cuñada y una amiga de ella trabajan en un centro comercial. Por lo tanto, tienen dos meses desempleadas. Otra amiga trabaja en la empresa de cosméticos L’Oreal. Está en la casa, pero le garantizan el salario básico integral hasta el mes de junio. Otras amigas trabajan en franquicias y están retirando dinero de su fondo de cesantías. Es decir, se están consumiendo sus ahorros, destinados a una eventual jubilación. Esto ha sido muy criticado al gobierno de Sebastián Piñera, pero fue lo que decidió para solventar la crisis de muchos desempleados por la pandemia.

La situación de los migrantes venezolanos aquí, en Chile, no ha sido tan caótica. Como nos colaboramos mucho, no he visto mayores problemas. Pero si quisieran irse a Venezuela les sería casi imposible. Tenemos que cruzar tres países y en estas condiciones… Yo tengo vuelo para el 21 de mayo con destino a Táchira, haciendo escala en Bogotá. Y, como van las cosas, no creo que pueda viajar.

Ya me estoy haciendo a la idea de no viajar. No puedo hacerlo. No puedo correr el riesgo de contraer el covid-19 y llegar allá a contagiar a mi madre, mis amigos y mi familia. Bastante tengo con el caso de mi padre. Trabajaba para Uber en Estados Unidos.

Se contagió, lo tuvieron dos semanas en tratamiento y apenas pudo respirar le dieron de alta. Comenzó a sentirse mal de nuevo y tuvo que regresar al médico. Le dijeron que tiene los pulmones destrozados por el virus. Ya ese es un motivo suficiente para obligarme a tomar todas las previsiones. Sigo encerrada como lo está el resto del planeta.

Carmen Sofía de La Torre. León (Guanajuato) «He llevado la pandemia con disciplina»


Es periodista, profesora jubilada de la Universidad de Los Andes-Mérida. Como muchos venezolanos, emigró un tiempo a Canadá y en este momento se halla en la ciudad de León, Estado de Guanajuato, en México. De la ciudad de León no nos dice nada y es obvio. Mira por la ventana y la soledad es la misma que acompaña el planeta entero. Nos cuenta la pandemia desde su encierro particular:

¿Cómo llevo la pandemia?: ¡Fácil!

¿Por qué fácil?, bueno…porque desde hace tiempo estoy desarrollando una habilidad que es la disciplina.

En la mañana me levanto, hago el desayuno y me pongo a estudiar inglés, una o dos horas. Luego…me levanto de nuevo…hago el almuerzo y después me pongo a ver un canal noticioso en inglés, una o dos horas también. Paso un rato con mi nieto. Al regreso, veo una película y estoy aprovechando estos días para ver una programación gratis con las 20 películas más famosas de los óscares. Bueno, en definitiva, ¿qué es lo que yo hago y qué es lo que me ha ayudado a llevar esta pandemia?: La disciplina que me lleva a estar ocupada y cumpliendo algunas metas que me he propuesto y que comparto con la gente de mi entorno, todo con la idea de regresar a Venezuela y poder ayudar a mi gente. Yo creo que tengo un fin específico: Regresar y poder contribuir para hacer una mejor Venezuela.

Fanny Gelrud. San Juan (Puerto Rico) «Los beneficios de Trump llegan porque esto es una colonia»

Periodista graduada en la Universidad de Los Andes (ULA- Mérida). Ejerció el periodismo en el Diario de los Andes (Táchira) y emigró a Puerto Rico mucho antes de que la crisis comenzara a hacer estragos en su país. Desde el confinamiento en San Juan, Fanny Gelrud nos cuenta la pandemia:

Aquí todo el reeevolú (como dicen los boricuas), comenzó el 13 de marzo con la llegada de dos turistas italianos en un barco. Pasaron todo el día recorriendo el viejo San Juan y al final de la tarde comenzaron a sentirse mal. Notificaron su estado de salud al capitán del barco y de inmediato sonaron las alarmas. La señora resultó contagiada y murió tres días más tarde. Fue la primera muerte que se registró en la isla.

Dada la conmoción que se generó en la isla, la gobernadora de Puerto Rico decretó el toque de queda desde las 7 de la noche hasta las 5 de la mañana. Todo el comercio cerrado, con excepción de los supermercados y farmacias, hasta el sol de hoy.

Esporádicamente han venido abriendo unos restaurantes que están vendiendo pan, jamón, huevo y queso, porque las colas para entrar a un supermercado son deeeeescomunales. Las pocas tiendan que abren mantienen un control de la gente que entra para que no se contagien. Yo trabajo en una farmacia y allí todos los pisos están marcados para la distancia en la fila. No dejan entrar a más de 60 personas en la tienda para evitar la aglomeración.

Nada…se han disparado los precios. No se consiguen guantes ni mascarillas y ya la gente empieza a desesperarse. El que estaba encerrado ve que se le está acabando la comida y sale a buscar, pero desesperado.

Donald Trump dio un incentivo para los americanos de 1.200 dólares para los adultos y 500 dólares para los niños y Puerto Rico se beneficia por ser colonia. Como la gente tiene dinero, no saben qué plan seguir para reabrir el comercio porque la gente lo que quiere es comprar, comprar, comprar como loca. La gente no se limita, no está ahorrando por si se pone peor la situación, sino que gasta, gasta y gasta.

A los pocos comercios que abren, en seguida entran desesperados por comprar. Eso está llevando a que la gente esté en la calle con el riesgo de poderse contaminar y no le importa. La gente anda desesperada.

Trump envió dinero para los que no están trabajando porque son muchos. Es que las empresas no están laborando y no están pagando porque están cerradas.

Ahora mismo hay una compañía que con ayuda de algún funcionario del gobierno quiso llenarse los bolsillos vendiendo las pruebas del coronavirus a un precio exorbitante. Pensó que iba a poder pasar por alto su contrato y los periodistas la denunciaron. Parece que las pruebas las vendieron a un precio por las nubes. Están investigando quién ordenó o firmó ese contrato. Es una compañía constructora que se convirtió en vendedora de pruebas de coronavirus.

Otro tema son las escuelas, verdad…Las escuelas cerraron hoy hace más de un mes, tanto privadas como públicas. Todo se está trabajando on line. Hay el temor de cómo se hará en el próximo año escolar que comienza en agosto. Lo más seguro es que los niños no puedan regresar a la escuela.

Omaira Labrador. San Cristóbal. (Venezuela) «Hay control a pesar de que han llegado miles de personas de otros países»


Omaira Labrador se graduó de comunicadora social en la Universidad de los Andes (ULA-Mérida). Actualmente es la directora del Diario La Nación de San Cristóbal, uno de los pocos periódicos impresos que queda con vida en Venezuela. La gran mayoría desapareció con la crisis. Desde la fronteriza capital del Táchira nos cuenta la pandemia:

Estamos en el estado Táchira, limítrofe con Colombia por el Departamento Norte de Santander. Aquí en el Táchira la situación del coronavirus está entre seis, siete, pongámosle máximo 10 casos. Por ser un estado fronterizo, precisamente, quizás tengamos casos que no se pueden contabilizar. No hay muertos, menos mal. Hay control, a pesar que han llegado miles de personas. Estimamos que han arribado al Táchira cerca de 10.000 personas procedentes de varios países, Colombia, Ecuador, Chile y Perú.

Al principio hubo mucho ruido porque se pensaba que había muchos contaminados y quedó demostrado que no es así. Ellos llegan, les hacen los exámenes y todos se quedan en cuarentena durante 15 días. Luego siguen hacia sus lugares de origen. Eso ha venido funcionado.

El problema es con quienes pasan por las trochas, que no tienen control y es ahí donde se han formado pequeños focos de contaminación. Hay otros casos sospechosos que tuvieron contacto con personas que llegaron del exterior o que están llegando del exterior y no se someten a cuarentena.

Pero el verdadero problema en el Táchira lo tenemos con los servicios públicos, sobre todo con la electricidad. Con la cuarentena, han aumentado los cortes de servicio eléctrico hasta 12, 15 y más horas al día. El otro problema es un severo racionamiento de agua y la falta de gas. Al no haber gas, la gente cocina con electricidad y al no haber electricidad, imagínese.

Adicionalmente tenemos el problema del dólar. Ahora un dólar cuesta 200.000 bolívares. El sueldo mínimo en Venezuela es 250.000 bolívares. Hay mucha gente que gana este mínimo y un pensionado gana 250.000 bolívares. El trabajador recibe un bono de 200.000 bolívares más el sueldo, lo que equivale a 450.000 bolívares.

El kilo de carne está costando 900.000 bolívares y pues, ustedes se imaginarán cómo vive la gente. Entonces, al lado de la pandemia y la cuarentena, aquí hay graves problemas en la parte económica. Lo que se teme es que la gente está bastante resentida económicamente y de allí los intentos de saqueo.

Conclusión: En la parte del coronavirus pienso que no se ha conducido mal la situación, pero el problema es el escenario económico y en el Táchira el servicio de electricidad de verdad que nos tiene al borde. Invitan a estudiar on line, invitan al teletrabajo, como el caso de los periodistas, pero se nos va la luz y nos quedamos sin internet. Estoy aprovechando para comunicarme con usted porque ya me viene mi primer corte de 6 horas.

Roberto Vela. Lima (Perú) «Estamos en un país donde no nos ven como ciudadanos»

 

Roberto Vela es un periodista barinés egresado de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV). Laboró en Barinas y, como muchos, con la crisis, se marchó a Lima. Desde allí, con su esposa embarazada, y en cuarentena, nos narra cómo vive la pandemia:

Acá, encerrado, como la mayoría de venezolanos en el mundo, con la particularidad de que en Perú existe una gran cantidad de venezolanos que no han podido trabajar durante mes y medio, más o menos. O sea, no hemos tenido ningún ingreso.

El presidente Vizcarra acaba de extender la cuarentena hasta el 10 de mayo. A los peruanos les entregan un bono de 360 soles y aquí el mínimo está en 900 soles. Pero hay mucho peruano que protesta porque parece que no a todos les ha llegado el aporte.

En cuanto a los venezolanos, la situación es más compleja. Estamos en un país donde no nos ven como ciudadanos. Nos ven como personas que hemos venido a robar. El 60% de los peruanos hace comentarios inapropiados hacia los venezolanos.

Ahora no solo tenemos que lidiar con la xenofobia y el insulto, sino también con la situación económica porque el gobierno peruano no va a ayudar a los venezolanos.

Pero no pueden tapar el hecho de que somos la población migrante más grande del país. Aquí hay 900 mil venezolanos que no podemos acceder a esos beneficios, porque no estamos en la nómina de las empresas. Nosotros somos trabajadores informales dentro de un negocio formal, porque no nos incluyen en nómina y al no estar en nómina quedamos excluidos de cualquier beneficio.

El gobierno tampoco ha congelado los alquileres, no ha buscado la manera de proteger a su propio pueblo, mucho menos a nosotros los venezolanos.

Lo que más nos indigna es que hay una ONG que supuestamente dirige un diputado venezolano de nombre Oscar Pérez que está exiliado en Perú. Muchos venezolanos, a través de redes sociales, cuestionan el hecho de que los organismos internacionales le han entregado dinero a la ONG, pero no nos toman en cuenta. A Oscar Pérez lo denuncian porque vive en una de las zonas más exclusivas de Lima (Miraflores) y que su hija estudia en una de las mejores universidades del Perú. Debo pensar que paga unos 5.000 soles de matrícula.

Lo peor de todo es que sabemos que esas ONG han recibido dinero. La embajada de Guaidó ha entregado algunos alimentos, pero también hay muchas quejas porque no alcanza para todos.

Es muy difícil porque este es un sistema de gobierno sumamente alejado de la gente. Las grandes empresas reciben grandes subsidios. Este gobierno nada tiene que ver con los sectores más bajos de la población.

Muchos venezolanos piden que se active un vuelo humanitario para regresar a Venezuela. En mi caso, mi esposa está embarazada y ya no tenemos dinero porque lo gastamos en alquiler y comida y quedamos en cero. Así como nosotros está la gran mayoría de los venezolanos.

De verdad hacemos un pedido de auxilio, exhortamos a Naciones Unidas que nos ayude de manera que el gobierno peruano nos tome en cuenta en esta situación que vivimos.

No es justo que cada venezolano paga aquí 300 soles por derecho a documentos, pagamos impuestos y somos en total 900 mil personas, pero no recibimos nada a cambio. Muchos van a empezar a marcharse. La incertidumbre es total.

 

María Cecilia Fereira. Alicante (España) «Las ONG están activas y funcionando»

 

Nació en Maracaibo. Estudió Comunicación en La Universidad del Zulia (LUZ) y se radicó en Barinas donde ejerció el periodismo por varios años. La crisis la colocó en Alicante donde labora como generadora de contenidos para plataformas digitales. Así nos cuenta la pandemia:

Como estamos todos encerrados, tengo muy pocas fuentes de información, aparte de las redes sociales e Internet. Como sabrás, España es uno de los países más afectados por la pandemia, con una gran cantidad de muertos y contagiados, siendo Madrid la ciudad más complicada de toda la nación española.

Desde mi visión como migrante, te puedo decir, quizás de primera mano, que el gobierno como tal, el Estado español, viene apoyando con diversas políticas sociales no solo a los migrantes sino a las personas con bajo poder adquisitivo. Hay muchas ONGs activas y funcionando con una participación muy protagónica, ayudando y contribuyendo con mucha gente.

También el gobierno ha puesto en práctica lo que aquí llaman el ERTE. Voy a ver si puedo explicar cómo funciona: Cuando una empresa no puede hacerse cargo de sus empleados por una situación de fuerza mayor, el gobierno asume la responsabilidad del pago del salario de los trabajadores, bajo algunas condiciones. Ejemplo: Mantener a los trabajadores el contrato por lo menos seis meses más. Digamos que es como una inamovilidad laboral.

Están dando créditos sin intereses para que las personas puedan pagar sus alquileres. El gobierno prohibió la suspensión de servicios básicos como luz, agua, gas, etcétera.

Digamos que el gobierno español ha sido muy criticado por la cantidad de contagios, pero desde mi perspectiva, sus políticas sociales han sido efectivas para poder soportar la pandemia.

Estas políticas sociales del estado español contrastan mucho con las políticas deficientes de algunos gobiernos como el ecuatoriano para darte un ejemplo. Tengo familiares en Ecuador que se quedaron sin empleo y no hay ninguna ley que los ampare, ni ningún tipo de ayuda por parte del Estado. Ellos están sobreviviendo con lo que lo que podemos enviar nosotros que nos hallamos en otros países. Esa es la situación.

Misael Salazar Flórez. Bucaramanga (Colombia) «La corrupción no descansa en cuarentena»

Comunicador Social egresado de la Universidad de Los Andes (ULA-Mérida). Ejerció como periodista en el Estado Táchira y otros estados de Venezuela como Barinas, Trujillo y Monagas. Hoy ejerce el periodismo en la capital del Departamento de Santander.

Terminaba de mudarme a un apartamento en Bucaramanga cuando me sorprendió un toque de queda de 4 días decretado por el gobernador de Santander, Mauricio Aguilar. De ahí en adelante he tenido que conjugar en plural el verbo encerrar porque el aislamiento es planetario.

El primer caso de coronavirus apareció en Colombia el 6 de marzo. Y desde el 20 de marzo, nos hallamos en lo que el gobierno ha denominado aislamiento preventivo obligatorio, que desde el 27 de abril pasó a denominarse aislamiento colaborativo inteligente, porque algunos sectores empezaron a incorporarse a la actividad económica, bajo los denominados protocolos de bioseguridad.

Todos los días, cada día, a las 4 de la tarde, el Ministro de Salud da a conocer un reporte con el nuevo número de muertos, contagiados y pacientes recuperados. El domingo 26 de abril, por ejemplo, se registraron 11 nuevos decesos para un total de 244. Los contagiados superaron los 5.000 y los recuperados sobrepasaron la barrera de los 1.000.

El reporte del ministro de Salud compite con el informe del Procurador, el Fiscal y el Contralor de la República, los principales entes de control fiscal del país. En conjunto, investigan 11.000 contratos que se firmaron en gobernaciones, alcaldías, ministerios, incluso en la Armada Nacional, para contribuir con las llamadas familias vulnerables en tiempo de pandemia.

Ya hay un gobernador suspendido y varios investigados, un alcalde suspendido y otros investigados, un ministro en la mira y la Armada Nacional bajo investigación por supuestos actos de corrupción aprovechando la emergencia económica por el Covid-19. En lo poco que los entes han investigado, han hallados irregularidades por un monto de 135 mil millones de pesos.

Y estos dos informes coinciden también con los de los alcaldes y gobernadores, alertando la presencia de migrantes venezolanos en las ciudades y carreteras del país y el peligro que ello implica para la salud de los colombianos.

Por Bucaramanga pasaban los migrantes que llegaban de Cúcuta rumbo a Bogotá, Cali, Ecuador, Perú y Chile. Hoy la ciudad recibe a los que vienen de regreso de todos esos países y a los migrantes que se quedaron en Colombia sin trabajo y no pudieron pagar el alquiler ni comprar la comida. Quedaron deambulando en las calles y optaron por regresar a su país, corriendo el riesgo de que en Venezuela los traten como muertos de hambre, escuálidos, traidores a la patria y mal nacidos.

La corrupción, que es un mal intestinal del Estado colombiano, dejó algo para proporcionar alimentos a las familias vulnerables y algunas ayudas para los adultos mayores, incluso para familias de los estratos 1 y 2, porque aquí el Estado mismo se encarga de recordarle al ciudadano si se halla en la clase baja, la intermedia o la alta. El Programa Alimentario Escolar (PAE), también se está distribuyendo por estos días en cada casa, como una forma de ayudar con la dieta familiar en cuarentena.

El propósito del gobierno colombiano es que nos vayamos incorporando, poco a poco, a la normalidad. Por ahora, la fecha tope para dejar la cuarentena es el 11 de mayo. Aspiramos llegar a esa fecha y aun poder continuar vivos, para saber si es verdad que un mundo nuevo ha comenzado.

Trabajo Cortesía de:

Sin Fronteras Today

 

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