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Crisis en el Museo del Táchira

Hay graves daños en la casona del Museo del Táchira. Es urgente tomar acciones para su conservación. (Foto/Cortesía)

La casona de la hacienda Paramillo, el edificio del Museo de Ciencias y la sede de la Dirección de Cultura están en condiciones deplorables. La lista de problemas es larga: filtraciones severas, problemas con aguas negras, invasores en los alrededores, inseguridad, faltan unos 500 bombillos, y maleza por todos lados…


José Luis Guerrero S.

El dato

La hacienda Paramillo, desde hace 37 años, es la sede del Museo del Táchira


En los espacios de la hacienda Paramillo que aún quedan en pie está resumida toda la historia del estado Táchira.

Un pasado a la vista en el patio original del secado del café, en la capilla de la Santísima Trinidad, el molino de agua, por los espacios de la casona, los cultivos de caña… son más de 400 años de historia. Territorio tomado desde hace 37 años para la cultura, como sede del Museo del Táchira.

Es el punto central del complejo cultural Museo del Táchira, que comprende la vieja casona de la hacienda Paramillo, el edificio del Museo de Ciencias y la sede de la Dirección de Cultura, donde los daños en la infraestructura son graves. Se necesita mantenimiento urgente.

Omer Áñez, coordinador de Conservación y Rescate del Patrimonio Cultural y director del Museo del Táchira. (Foto/Cortesía)

Omer Áñez es el coordinador de Conservación y Rescate del Patrimonio Cultural, y director del Museo del Táchira, desde hace dos años y medio. Tiene 31 años de carrera administrativa. Es mano derecha de Ilia Sierra, directora de Cultura. Ambos conjugan todos los esfuerzos por mantener en pie la estructura física, pero los recursos económicos no alcanzan.

En la casona, el molino de agua se está cayendo, el piso se desborona; las filtraciones de los techos amenazan a las paredes y salas de exposición; han hurtado piezas sanitarias, cable, faroles, cerca de protección. Hay invasores en sus áreas verdes.

En el edificio de Ciencias, 30 cúpulas se han desprendido del techo y al llover es todo un diluvio en su interior; un problema en la red de aguas negras impide la utilización de unos 18 sanitarios, para evitar que las aguas circulen por la sala de Ciencias.

En el complejo cultural, al que se suma la sede de la Dirección de Cultura, faltan, al menos, 500 bombillos para iluminar sus espacios, más de cien metros de cable, y una guaraña para cortar el monte, que está por todos lados, además de mucha vigilancia.

Estos espacios llevan un año cerrados. La pandemia covid-19 lo impuso. Solo asiste el personal del área administrativa en la semana flexible, cuando tiene las posibilidades. No es obligatorio. Sus sueldos son una miseria, pero su vocación y mística de servicio  merecen el reconocimiento de todos. “Por amor al arte”. La inseguridad es el peor enemigo de este patrimonio cultural.

Áñez expresó que allí “no se ha dejado de trabajar. Ahora todo es virtual, por redes sociales, con exposiciones”, dijo.

En esta casona hay 12 salas de exposición, una temporal y las demás permanentes. Allí está la sala de Antropología de los yacimientos por municipio, trabajo importante de la antropóloga Reina Durán; la sala de Historia Tradicional y de Cultura Popular, además del Archivo Regional del Folclore “Luis Felipe Ramón y Rivera”. “Es el aposento de la cultura tachirense, la evolución de este estado”, expresó.

La situación del museo la define como “terrible, crítica, como nunca”. Amplio y claro al hablar, resume que “el museo se ha venido a menos por la pandemia, el factor económico y la falta de pertenencia del pueblo de San Cristóbal”.

— ¿Qué pasa con el molino?

— En la casona son graves las filtraciones en los techos; en el área del molino, el techo puede caer en cualquier momento, corre el riesgo de desaparecer. Es el único en la ciudad y en muchos municipios del estado. Fue restaurado en el gobierno de César Pérez Vivas, pero la falta de mantenimiento ha hecho mucho daño. El piso se ha deteriorado, y hay muchas losas que se han desprendido.

Se destaca la capilla de la Santísima Trinidad, frente al patio del secado del café, la cual no se ha podido volver a abrir. Existe la talla religiosa original. “Esta era la capilla de los obreros de la hacienda Paramillo. Allí, los domingos, se celebraba la misa”, recordó.

“Tenemos un gran problema: las invasiones en los alrededores del Museo del Táchira. La inseguridad, que ha permitido el ingreso de hombres y mujeres que se apoderan de lo que encuentran en su camino: mallas, tubos, faroles, cables, bombillos”, enumeró.

Edificio del Museo de Ciencias

En la sala de Ciencias Naturales hay un problema grave de filtración de aguas negras. “Los sanitarios no se utilizan.  Catorce están en mal estado. Casi el 80 por ciento de estos espacios están con las llaves cerradas, para que no haya aguas negras. Se amerita un trabajo de envergadura para no dañar el piso de granito”, narró.

Como las cúpulas se han volado y/o deteriorado, el agua entra al auditorio y oficinas administrativas; la sala y el laboratorio de Antropología están sin piso; falta iluminación, y los aires acondicionados centrales tienen más de 20 años apagados. No hay iluminación externa, y mucha maleza. Los obreros renunciaron.

“Aquí está la gran sala de Ciencias Naturales, con piezas de mucho valor científico; la biblioteca, la sala de exposición temporal, espacios para los estudios de antropología”, resumió.

— ¿Cuáles son los problemas en la infraestructura de la Dirección de Cultura?

— Siguen los problemas graves de filtración. El salón de danza está cerrado porque explotaron los frisos, los techos están en mal estado, casi se desploman. El salón Jesús María Sánchez, para las reuniones y conferencias, se encuentra en estado deplorable, se caen los frisos. La inseguridad es por todos lados, sumado a la maleza. Hay un vigilante, en turno de 24 horas, para cuidar más de 10 mil metros cuadrados. Es un hombre que no tiene armas de defensa; la policía antes cuidaba.

— ¿Cuál es el aporte de la Gobernación del estado?

— La gobernación del estado Táchira hace sus aportes económicos, pero en la entidad hay otras prioridades, como los problemas de salud y de vialidad. La cultura no lo es. Es una situación angustiante.

—¿Hay aportes económicos del nivel central o de la empresa privada?

— No hay aportes del nivel central, ni apoyo de empresa privada alguna. No hay recursos para nada.  Se plantean alianzas con la empresa privada, pero a la empresa privada del Táchira no le importa la cultura. No hay ayuda de ninguna empresa. Sí hay aportes de artistas plásticos, en apoyo puntual.

Una realidad país que ha hecho mucho daño. Áñez está preocupado. Sabe que, de no tomarse acciones, este patrimonio cultural se verá muy afectado. “Se le pide a todo el mundo el aporte para resolver tantos problemas. Es la peor crisis de toda la historia. Pandemia de amor por el rescate de la cultura tachirense”, concluyó.

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