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Emily García: Ahora estoy más tranquila

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Emily García es una joven de 29 años, enfermera de profesión. Trabaja en el principal hospital centinela del Táchira, el Central. Ella ya recibió la primera dosis de la vacuna Sputnik V, el domingo 21 de febrero.

Esta joven confesó haber sentido miedo a causa de los comentarios negativo que han inundado las redes sociales sobre las reacciones por la vacuna, pero decidió ser inmunizada al ver que la mayoría de los médicos acudieron a la cita para ser vacunados, sin generar ningún tipo de reacción. Ahora espera la segunda dosis, que le corresponde el 13 de marzo.

Acudió con una compañera de trabajo. Esperó unos 20 minutos. “Fue rápido, porque había poco personal”, señaló. La dejaron en observación algunos minutos, por si algún efecto aparecía. Allí le explicaron que la reacción, generalmente, era mareo y dolor de cabeza.  En ese instante, Emily no manifestó nada.

Al llegar a su casa, la enfermera comenzó a preparar el almuerzo y fue entonces cuando se sintió algo mareada, y al finalizar la tarde se presentó el dolor de cabeza.

«Ya en la madrugada tuve fiebre. Para ese malestar tomé Paracetamol. Me quedé dormida y, cuando me desperté, estaba sudando. El lunes amanecí con dolencias, agotada, pero eso fue todo», dijo.

Tranquilidad

Emily comparó su estado emocional, antes y luego de la vacuna Sputnik V. Ahora se siente más tranquila y segura. “Comencé a leer artículos, que incluso los compañeros médicos han publicado, donde informan sobre una efectividad de 92 %”, expresó.

Para esta joven guerrera de la salud, haber trabajado en el área COVID la hizo experimentar sentimientos devastadores. “Yo trabajé con pacientes covid y verlos morir me causaba mucha tristeza y nostalgia”, recordó.

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Precisamente, esos penosos momentos la llevaron a vencer el temor y pensando en ellos, en su propia salud y la de sus familiares, amigos y compañeros, tomó la determinación de acudir a la cita para recibir la primera dosis de Sputnik V.

Pero, aunque ahora Emily está más confiada, no ha dejado de tomar medidas de bioseguridad, tanto en su trabajo como en el hogar. “Al llegar a la casa me quito mi ropa.  El uniforme lo pongo aparte, y de una vez entro a bañarme. Así estoy más segura», afirmó.

Dolor e impotencia

Emily trabajaba en la Emergencia, pero cuando los casos covid-19 fueron aumentando pasó a formar parte del área destinada para tal fin. “Fue cuando la capacidad desbordó. Los pisos 1, 2, 3 y UCI estaban colapsados y abrieron el piso 4. Allí tuvimos hasta 20 pacientes con un solo enfermero. Entonces la Fundación Juan de Dios nos apoyó con personal. Poco a poco fue disminuyendo, hasta finales de enero. En mi última guardia tuve cinco pacientes y al día siguiente decidieron cerrar el piso 4, porque entre todos los pisos había como 30 pacientes y fue entonces cuando regresé a la Emergencia”.

Los recuerdos de esos agitados y dolorosos días aún atormentan a Emily.

“Yo sentía muchísima impotencia porque soy de las personas que quisiera ayudar a todos, pero es difícil porque esa área era muy grande y todo estaba full. Si se me complicaban dos pacientes, por ejemplo, tenía que estar pendiente de uno, que casi se me iba.  Me daba cosa, porque yo sabía que se me podía ir alguno, pero podía salvar la vida de otro. Eso me llenaba de muchísima impotencia, porque uno quisiera salvarles la vida a todos, porque todos valemos, todos somos seres humanos, pero no podía”, dijo con un nudo en la garganta.

Aclaró que la Fundación Juan de Dios siempre ha estado en el hospital, pero como tal en piso 4, último en abrir, llegó a principios de enero, aproximadamente.

La memoria de Emily revivió el pasado primero de enero, cuando trabajó sola con 15 pacientes. Para ella fue un día muy difícil, incluso no desayunó, ni logró almorzar bien.

Inició tratamientos a las 10:00 de la mañana y terminó casi a las 5:00 de la tarde, porque es muy largo.  “Hay pacientes que dependían de nosotras. No se podían parar, había que bañarlos y cambiarlos. Era mucho para una sola enfermera”.

Como consecuencia de esos duros momentos, la joven  vio desmejorar su bienestar. El agotamiento físico, mental y emocional, se apropió de su humanidad, pero resistió por amor y vocación. 

“Al pasar los días hubo más apoyo de la fundación y del personal del hospital. La carga bajó”, narró.

¡Que todos se vacunen!

La enfermera del hospital centinela recomienda que todos sean inmunizados. Pide que les den oportunidad a quienes no se vacunaron.  Emily piensa que el recelo sembrado por la desinformación y los malos comentarios sobre la Sputnik V provocó que algunos no asistieran.

“Mi consejo es que no tengan miedo, no tengan temor. Es una vacuna muy segura. Es por el bien propio y el de los demás”, insistió.

(Bleima Márquez) /@bleimamr

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