Reportajes y Especiales

Festividad con restricciones en el Santo Cristo de La Grita

7 de agosto de 2021

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La pandemia obligó a la Iglesia a modificar por segundo año consecutivo algunas tradiciones. Misa pontifical excepcionalmente a las 7 de la mañana, a puerta cerrada, en el día del Señor de los Milagros del Rostro Sereno. Durante la jornada, decenas de devotos hicieron fila para contemplarlo de forma breve en la basílica del Espíritu Santo, de donde no fue sacada la imagen


Por Daniel Pabón

La Grita. Un cirio con los colores de la bandera nacional encendido a los pies del ícono del Santo Cristo. En el altar mayor, antes de terminar la santa misa pontifical, una petición del celebrante: “Que la esperanza en el cambio de nuestra condición de vida, de las condiciones de vida en general que hoy necesitamos, se den pronto. Que el Santo Cristo de La Grita ilumine esa esperanza profunda que nos hace mantenernos en la fe y en su devoción”.

Lo pide un venezolano del mundo, monseñor Francisco Escalante, antes de viajar a Haití a tomar posesión como nuncio apostólico de la Santa Sede en ese país. Después de cumplir la misión diplomática en Congo y Gabón, bien ha podido vacacionar en cualquier otro lugar, pero se ha venido a La Grita, donde nació y donde viven los suyos. Mientras el obispo diocesano, Mario Moronta, termina de superar exitosamente el covid-19, su hermano en el orden episcopal lo ha cubierto este año en la fiesta religiosa más importante del Táchira.

Como gritense, Escalante recuerda cuando la festividad era algo tímida y cómo con el paso de los años ha adquirido majestuosidad e importancia. “Es una gran emoción espiritual y personal poder participar en esta celebración”, le dijo luego a Diario La Nación.

El prelado sabe que una fiesta patronal como esta recoge las intenciones, los anhelos y deseos de mucha gente presente y distante que tiene su mirada puesta en el patrono. “Sigan manteniendo la fe”, pidió a sus paisanos.

Escalante vistió ornamentos con el rostro sereno dibujado del Santo Cristo, ese que la tradición atribuye a las manos de los ángeles sobre la madera de cedro. 411 años después del milagro de Tadea, la festividad del hoy patrono y protector del Táchira y de los Andes venezolanos ha debido convertirse en una peregrinación de modo virtual. Por segundo año seguido. Esto, debido a la pandemia que no deja de hacer sus efectos en el país y el mundo.

La celebración eucarística se cumplió a partir de las 7:00 de la mañana con las puertas cerradas de la basílica del Espíritu Santo, de donde no ha salido en procesión la imagen desde que empezó la emergencia sanitaria. Esto, sin embargo, “no significa que deje de ser el punto de referencia nuestro durante estos días como en el resto del año”.

Quien hace esta advertencia de entrada es monseñor Moronta. El obispo de San Cristóbal ha querido manifestarse mediante una predicación escrita, que leyó en su nombre el párroco-rector de la basílica, Jesús Mora Calderón.

Un cirio tricolor y el tradicional pastel de cumpleaños a los pies del Santo Cristo. (Fotos de Rosecny Zambrano y Yelitze Colmenares)

En persona, escucharon la lectura apenas los cofrades, posaderos del peregrino y miembros de los movimientos de apostolado. Separados entre sí y con tapaboca puesto, previa desinfección de manos y toma de temperatura. Conectados espiritualmente, miles siguieron la transmisión por radio local y regional, el canal YouTube del patrono y los directos de YouTube e Instagram de Diario La Nación.

Contemplación, pero no superficial

A fijarnos en el Cristo, como el verdadero profeta, empezó invitando Moronta en su escrito. Profeta no significa adivinador del futuro. Es, antes que nada, ser vocero de Dios para su pueblo. Sus tres características: que es elegido por Dios de en medio de su pueblo, que su misión produce un efecto y que es garantía de verdad de lo que anuncia.

Así, el obispo consideró que el ícono del Santo Cristo resume en su talla toda esta misteriosa realidad de libertad y amor del gran profeta. El cuerpo de su talla, por inspiración del artista, aún contiene la fuerza de sus brazos para sostener y abrazar a los más pequeños y necesitados.

“No podemos darnos el lujo de quedarnos en una contemplación superficial”, emplaza Moronta. “Vivimos tiempos difíciles no solo por la pandemia. Esta ha puesto en prueba nuestra confianza en Dios y hemos descubierto como hemos podido vencer la debilidad. También se han recrudecido otros enemigos de la fe”.

El ejemplo del Santo Cristo invita a fortalecer el amor que todo lo puede. “Atravesamos muchas expresiones de una grave crisis. En el fondo, es una crisis de desamor”, opina el pastor diocesano.

“Ese amor encierra la opción por los pobres: estos no son solo quienes sienten estrechez económica. También lo son los migrantes tan vejados y menospreciados por sectores de la sociedad; los hundidos en las garras de la droga; los encarcelados y perseguidos por defender la dignidad humana o decir la verdad; los desilusionados por tantos engaños y opresiones; los adolescentes y jóvenes seducidos por mafias que les esclavizan en el negro mercado de la prostitución y trata de personas; los enfermos sometidos a las consecuencias de un deteriorado servicio público de salud…”, describió.

Moronta comunicó por escrito que esa opción por los pobres hace que se refuerce la dimensión profética de nuestra vida cristiana: “Así podemos y debemos denunciar todo pecado del mundo: el narcotráfico, la corrupción, el matraqueo, la tortura, el menosprecio de la gente, el totalitarismo, los crímenes de lesa humanidad…”, enumeró.

Pero, a la vez, es oportunidad para anunciar la liberación que nace del corazón de Cristo. “Nuestra caridad será también la proclamación de la verdad que nos libera y con la cual haremos sentir que el pueblo es el auténtico sujeto social y que sin manipulaciones, además de promover un nuevo liderazgo, podrá emprender la refundación de la nación”, leyó Mora Calderón en nombre del obispo.

Entre las rosas

Más de 2.500 rosas rojas y blancas, como los colores de la bandera del Santo Cristo, recubrieron el camarín de madera que contiene la sagrada talla. Por primera vez con flores dibujaron un gran 411, el número de años que el Señor de los Milagros del Rostro Sereno lleva protegiendo La Grita y el Táchira.

La imagen fue decorada con un 411 en rosas blancas, en alusión a los años del milagro de Tadea. (Fotos de Rosecny Zambrano y Yelitze Colmenares)

Escalante y los sacerdotes concelebrantes se pararon frente al nicho para cantar el Himno al Santo Cristo y entonar el cumpleaños feliz 411, con pastel tricolor incluido.

El representante de la diplomacia vaticana también pidió por el fin de la pandemia y por la salud del obispo Moronta quien, como actualizó la Diócesis este viernes, se recupera de la infección por covid-19.

Afuera, en el atrio de la basílica, decenas de peregrinos esperaban la apertura de las puertas para entrar a contemplar al Señor Crucificado, aunque fuese por los pocos minutos permitidos según el protocolo.

La Grita amaneció con un cielo despejado, de un azul potente y un sol clarísimo. Los grupos de apostolado establecieron rutas de ingreso y egreso a través de una caminería que, se esperaba, fluyera para evitar aglomeraciones. Al mediodía, la fila llegaba hasta la plaza Bolívar.

Unos de los primeros en entrar fue una fiel devota de Caricuena, sector Los Palmitos. Con su yerno y una bebecita en sus brazos, caminaron de rodillas hasta los pies del Cristo. Asistieron con sus tapabocas a pagar una promesa: cuando tenía ocho meses de embarazo tuvo complicaciones y ella junto a la bebé pudieron haber fallecido. Una intervención milagrosa las salvó, dijeron al equipo de lanacionweb.com.

Ivón Mora, desde Colón, también avanzó arrodillada por la basílica, llorando ante el Rostro Sereno. Entregó un anillo y se fue agradecida por un favor recibido que prefirió no compartir.

Otros visitaron el amplio Santuario Diocesano del sector Borriquero, donde al final de la jornada celebraron la tradicional misa de los peregrinos.

“No olvidemos”, transmitió el obispo Moronta al cierre de su homilía, “que somos peregrinos junto con quien peregrina a nuestro lado: el Santo Cristo de La Grita”.

 

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