miércoles 16 junio, 2021
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“Me arriesgué a trabajar en área de triaje covid”

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«Me decidí porque sentí que esos seres humanos necesitaban cuidados, atención y dedicación especial»


Por Bleima Márquez


Haydée Dávila es enfermera de profesión, desde hace 33 años trabaja en el Hospital Central de San Cristóbal.

En su largo transitar por el principal centro de salud de la región ha recorrido todos los servicios: Emergencia, sala de parto, retén, pabellón, hospitalización, consultas y pediatría.

Cuando llegó la pandemia, por voluntad propia, a pesar de sus patologías y edad, aceptó trabajar en el área de triaje respiratorio covid. No le importó el riesgo. Ella es hipertensa, tiene diabetes y sufre de tiroides.

«Me arriesgué porque sentí que esos seres humanos necesitaban cuidados, atención y dedicación especial», afirmó y añadió que no tuvo miedo y se encomendó a Dios.  Además, la Cruz Roja Internacional les dictó un curso de adiestramiento, que cumple a cabalidad.

Poco o mucho, antes rendía el dinero

En su larga trayectoria como enfermera, Haydée recuerda cómo el salario cubría el gasto básico y un poco más. Ahora, con este sueldo, puede adquirir un solo producto de la cesta básica.

“Cuando nos pagaban los aguinaldos nos alcanzaba para pintar y arreglar la casa, comprar los estrenos de nuestros hijos, darles los regalitos, hacer las hallacas. Guardábamos plata para cuando llegaba el nuevo año, porque sabíamos que en los primeros dos o tres meses no nos cancelaban. Pero hasta ahorrábamos. Ahora, cuando pagan, debemos decidir qué comprar, si una paca de harina o medio cartón de huevos. No nos alcanza para un mercado, menos para un par de zapatos», dijo con nostalgia y agregó que ya no se puede hablar de mercado, porque además ganan en bolívares y todo se compra con pesos o dólares.

Sobreviviendo

Para esta profesional de la salud es incomprensible que el Gobierno pretenda que con los bolívares que depositan se pueda sobrevivir.

— ¿Cómo hace para cubrir sus gastos?

— Bueno, Dios nos ve con ojos de piedad. En la casita vendemos algunos artículos. Mi hija y yo nos rebuscamos para solventar porque lo que ganamos aquí… a mí no me alcanza, ni a mis compañeros. Esa es la labor que hacemos todos para llevar algo a nuestros hogares.

«Nací para servir»

Desde muy chica, Haydée sintió vocación de servicio, por eso estudió Enfermería. “Dios me dio la vida para dar y ayudar a otras personas.  Así nos paguen una miseria de dinero, siento que debo ayudar y por eso aquí estoy”.

En los últimos tiempos, cumplir con el servicio no ha sido sencillo, así lo manifiesta Haydée, simplemente porque son muchas las limitaciones y requerimientos que el hospital no puede abarcar.

“Al principio hubo muchos insumos, pero llegó el momento en que nos decían que un tapaboca debía durar dos o tres días.  Esa no es la idea, porque si se humedece tenemos que descartarlo”, expresó.

Esta profesional de la Enfermería aseveró que muchas veces salieron a protestar ante los medios de comunicación, pero pagaron las consecuencias porque ese fue el detonante para ser asediados por decir la verdad. “No podemos tapar el sol con un dedo”, comentó la abnegada enfermera.

“Se me parte el corazón”

Haydée trabaja por su propia iniciativa y convicción en el área covid.  Hoy siente la misma tristeza que experimentó hace 33 años, cuando sus pacientes pierden la guerra.

Con los ojos húmedos y la voz quebrada, Haydée dijo que al llegar un paciente al área covid se le parte el corazón porque, entre otras razones, piensa que la prueba del hisopado debe hacerse cuando la persona está en el área de triaje respiratorio covid, no en aislamiento del hospital, porque es posible que no tenga el virus y allí sea contaminado.

Otra situación que le produce tristeza, porque se siente maniatada, es cuando los familiares de un paciente manifiestan su imposibilidad para comprar un medicamento.

Rompió en llanto…

El recuerdo del primer día en la carpa de triaje respiratorio covid instalada por Acnur marcó esa nueva etapa.

“El primer día, antes de entrar a la carpa, me entregué a Dios y le pedí mucho. En esa primera guardia se nos murió un pacientico”, dijo Haydée, seguido de un suspiro y unos segundos de silencio forzosos por un nudo en su garganta.  Unas lágrimas brotaron de sus ojos. Luego de un profundo respiro, continuó: “Me dio mucho dolor y tristeza ver morir a una persona. De no poderla ayudar”, otro corto silencio entre sollozos.

“La Organización Mundial de la Salud ha dicho que, lamentándolo mucho, no podemos darles los RCP, porque la vida de nosotros corre peligro. Era una persona muy joven”, dijo.

Al salir de la faena se encontró con el doctor Echeverri, psiquiatra del primer centro asistencial, y al verla tan afligida la hizo reflexionar con estas palabras:  “Yo te admiro mucho porque a dónde te envíen a trabajar, tú vas. Ahorita están en un área fuerte y crítica. Recuerda estas palabras: al virus no hay que tenerle miedo, sino respeto, cumpliendo siempre las medidas de seguridad que debemos guardar”.

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