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Rubio sobre las huellas de una tragedia

Un río manso que causó enormes daños

Pérdida de vidas, infraestructura, vialidad y viviendas, fue el saldo que dejó en el municipio Junín el desbordamiento del río Carapo y la quebrada La Yegüera. La recuperación ha sido lenta, por la magnitud de los daños, y aún falta mucho por hacer


Por Norma Pérez.

En Rubio aún persisten las huellas de la tragedia que vivió el siete de noviembre de 2020, cuando las aguas del río Carapo y la quebrada La Yegüera abandonaron su habitual mansedumbre y se transformaron en un caudal de destrucción y muerte.

Las pérdidas materiales fueron incalculables, y más de tres mil familias resultaron afectadas, algunas se quedaron sin vivienda, otras apenas con la ropa que llevaban puesta, cuando fueron sorprendidas por el desbordamiento; ocho puentes sufrieron daños en su estructura, y las calles se cubrieron de lodo y escombros.

Lo irrecuperable, las vidas de dos personas, Marina Carreño y su hija Mayra, quienes fallecieron durante la vaguada y dejaron un enorme vacío en el corazón de sus seres queridos.

Un año después

A un año de la fatídica noche del siete de noviembre, se han recuperado algunos espacios, pero todavía falta mucho por hacer y así lo manifiesta el alcalde, Ángel Márquez cuando hace un balance de esta situación que causó pérdidas multimillonarias

“El siete de noviembre fue un hecho histórico para nuestra población. Los esfuerzos para su recuperación han sido extraordinarios, pero los recursos muy finitos ante tanta problemática”.

Con respecto a la reubicación de los damnificados, explicó que después de la vaguada se atendieron 197 familias con material de autoconstrucción para la rehabilitación de sus casas, y en el sector Anaco se construyen ocho viviendas destinadas a quienes quedaron sin hogar.

“En Los Corredores hay familias que no han querido salir; pero vamos a entregar el título de propiedad de los terrenos para construcción de vivienda, un paso muy importante para avanzar.  En San Diego se deben reubicar trece familias, las que se encuentran muy cerca de las riberas del Carapo”.

El alcalde Ángel Márquez habló de la reubicación de los damnificados

La autoridad municipal explicó que la reparación de los puentes averiados durante la vaguada se encuentra en su tercera fase. En Piso de Plata, sector Manantial, se construirá un puente de guerra, para que pueda haber tránsito vehicular entre la autopista, Cumbres Andinas, Piso de Plata y Santa Bárbara, con un acceso más rápido al centro de la ciudad.

“Hoy podemos decir que hemos recuperado el nuevo sistema de embaulamiento del río Carapo. A través de un trabajo articulado para la obtención de recursos, se invirtieron más de 500 mil dólares en el nuevo cajón del canal de embaulamiento, a la altura de Quinto Patio, con puente instalado”.

Destacó que también se atienden los sistemas de distribución de agua potable, en sectores donde las fuertes lluvias dañaron las tuberías. “En El Rosal trabajamos en la construcción del pavimento rígido, que quedó devastado; y la cancha del cañaveral se entregó, ya recuperada, a la comunidad”.

Testimonios

Nelsy Sayago tiene setenta y un años, de los cuales 61 ha vivido en su casa ubicada en la calle siete del centro de Rubio. “Todavía estamos tristes; la alcaldía me ofreció un terreno para autoconstrucción, pero no tengo dinero para invertir en obreros o en otros gastos, como en los metros de cable que debía comprar para optar por la energía eléctrica”.

Dice que a duras penas subsiste con la pensión, los bonos del gobierno y algunos recursos que le envían sus hijos. A esta fecha no ha podido reponer los vidrios de las puertas y ventanas, y tuvo que mandar a reparar los pocos electrodomésticos que le quedaron.

Nelsy Sayago tiene 61 años viviendo en esa casa

A la máquina de coser, que es su herramienta de trabajo, se le perdió el pedal para usarla a corriente. El computador de su nieta se dañó con la inundación, lo que afectó sus estudios.

“Cuando truena o llueve muy fuerte, nos da mucho miedo; recogemos las pocas cosas que nos quedaron. Somos guardianes del río. A pesar de todo, doy gracias a Dios por haber podido salvar mi vida, porque estuve a punto de morir”.

Muestra con gratitud la platillera, que ella asegura la libró de la muerte, aquella noche de terror, cuando el río irrumpió en su humilde vivienda, pues allí se subió y soportó, hasta que llegó la ayuda.

Su casa tiene signos de deterioro, pues el techo presenta goteras. Aun así, dice que prefiere vivir ahí, en el que ha sido su hogar de siempre.

En riesgo

Yajaira Quiroz vive con su mamá, Ana Adelina Flórez, en Los Corredores; su vivienda se encuentra cerca del puente y ya estaba en muy malas condiciones antes de la vaguada.

Una parte del techo, apalancado con unos maderos, apenas soportó la arremetida de las aguas; unos meses después se derrumbó y casi ocasiona una tragedia. Ambas mujeres se encuentran en riesgo y están a la espera de ser trasladadas a un sitio más seguro. Su situación es crítica.

Yajaira Quiroz espera que le den una vivienda

“Esperamos que nos den una vivienda; la alcaldía hace las gestiones para que nos podamos mudar, porque la casa nos va a caer encima; algunos de nuestros vecinos pidieron albergue con sus familiares porque les da temor quedarse aquí”.

“Perdimos la alegría”

Juan Carlos Carreño es hijo de Marina y hermano de Mayra, las dos personas fallecidas durante la vaguada. En su casa residen varios hermanos con sus familias, en total, siete personas.

“Perdimos todo. La muerte de mi mamá y mi hermana nos quitó la alegría; la casa quedó casi en ruinas, la hemos ido recuperando en la medida de lo posible. Siempre existe el temor por la cercanía del río, pero entre los vecinos nos mantenemos alerta, sobre todo en los días de mucha lluvia”.

Juan Carlos Carreño dice haber perdido la alegría

La familia Carreño habita en Los Corredores desde hace 48 años; Juan Carlos dice que es su hogar desde que tiene uso de razón, al igual que sus demás hermanos, los hijos y los nietos.

“No hemos recibido ningún apoyo.  La ayuda fue de vecinos, amigos y fundaciones. La alcaldía nos ofreció materiales para autoconstrucción, pero esto deriva otros gastos, como pago de fletes, y no contamos con recursos para hacerlo”.

Sobreviviente

María Aurora Carrero fue una de las sobrevivientes de la tragedia del siete de noviembre: “Quedé atrapada en el baño, me rescataron unos muchachos, nos sacaron con una cuerda. A mi sobrina la arrastró el agua, pero ella se agarró de una mata de limón y logró salvarse. Sufrió heridas en las piernas y en ese momento nadie la auxilió; los vecinos y unas personas de la fundación Team Danza le prestaron los primeros auxilios y le suministraron medicamentos”.

María Aurora Carrero fue una de las sobrevivientes de la tragedia

Otra de las niñas que se encontraban en la casa también fue empujada por la fuerte corriente, pero antes que se ahogara, la rescataron los vecinos, Óscar Suárez y José Parada.

No corrieron con la misma suerte su mamá Marina y su hermana Mayra; el Carapo cobró sus vidas, dos personas altamente apreciadas en esa comunidad, que hoy las recuerdan con afecto.

“A un año no nos dan ninguna solución; la infraestructura de la casa está afectada, se cayó parte del techo, y por eso decidimos recabar fondos para reconstruirla”.

Estas personas son solo algunas de quienes padecieron aquella oscura noche del siete de noviembre. Hoy están a la espera que vuelva a brillar el sol.

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