Irreverencias en torno a la ciudad

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Hoy me siento retadora, critica, casi diría que irreverente, por lo que pido disculpas de antemano, pero también creo que para lograr un verdadero consenso en torno a la ciudad que queremos, debemos ser claros en nuestras ideas y propuestas, para que los otros las puedan debatir, refutar o apoyar.

Cada vez más y con mayor fuerza creo que lo que genera sentido de identidad y pertenencia de una comunidad con su espacio, es conocer ese espacio con su comunidad incluida. Pero conocerla no implica -como hemos estado acostumbrados, debido a parámetros preestablecidos-, a visitar, y/o, a convivir con edificaciones, sean estas históricas o no y que ya ni siquiera nos pertenecen, porque no nos significan nada,  porque su historia nos resulta irrelevante por el desconocimiento que sobre ellas tenemos. El conocimiento es precisamente lo que nos acerca con dignidad a nuestras raíces.

El Ateneo del Táchira, que es el Ateneo más antiguo del país, tiene sentido como edificación mientras genere actividades de manera permanente para niños, jóvenes y adultos, que sientan la necesidad de visitarlo y asistir a sus programaciones, y así conocer sobre su historia y significado para nuestras vidas como ciudadanos y habitantes de nuestra ciudad y estado. Sus espacios  deben estar destinados a eso y no a otra cosa.

Esa asistencia permanente de personas se traduce en una identidad individual y colectiva, con memoria, que va a implicar que se genere y destine presupuesto para su mantenimiento, incluida la seguridad que requiere para la realización de actividades nocturnas. Lo mismo sucede con la casa Steinvorth….pierde sentido restaurar e invertir en ellos sino forman parte de la vida ciudadana, de manera cotidiana. Recuerden que la ciudad es el espacio que habita el ciudadano y para construir ciudad el habitante debe apropiársela, debe sentirla.

Las plazas, parques y canchas tienen que tener actividades que vinculen a toda la ciudadanía con el verdadero sentir del buen vivir, deben diseñarse programas para todos los sectores, con la dirección y coordinación de los organismos correspondientes, alcaldía, Dirección de Cultura, Orquesta Sinfónica del Táchira, Dirección de Deportes, comunidades, etc., en donde diferenciemos eventos que nos generen identidad y sentido de pertenencia, contra modas temporales sin significancia en el tiempo.

Nuestros mercados tienen una compleja estructura de lo que es nuestra cultura gastronómica, diversa, y poco difundida. Los mercados son espacios de convivencia y encuentro como pocos, y a pesar de ello no hemos logrado generar desde la alcaldía y desde nuestras comunidades el sentido de mantenimiento, y proyección de los mismos como centros de comercio y socialización, de los más importantes para nuestra comunidad, siendo que generan ingresos a partir de actividades productivas mayoritariamente locales.

La Catedral, con esa extraordinaria plaza y su entorno histórico, debería realizar actividades semanales con las escuelas públicas y privadas de arte, música, historia, mejorando la vinculación con sus vecinos inmediatos y mediatos. Convertirla en la plaza del pueblo, en la Plaza San Pedro del Táchira. Con discursos humanos pero reales, generando sentido de pertenencia, no solo para con una religión en particular, sino con proyección ecuménica como el propio Papa Francisco ha venido impulsando en el mundo,  para con la humanidad en general, y en nuestro caso especifico, la sancristobalense.

La Gobernación debería abrir sus puertas un par de días a la semana para las instituciones educativas, y hacer simulaciones sobre el ejercicio de gobernar, y lo que significa los poderes públicos en nuestro Estado. Y porqué no abrirle las puertas también al ciudadano común en sus diatribas sobre nuestros problemas.

Quizás si realizamos todas estas pequeñas- grandes cosas en cada sector de nuestra ciudad, lograremos tener una ciudad integrada, consciente de sí y de lo que significa una inversión consensuada para construir ciudad más significante para todos, para construir ciudadanía, y ejercerla.

De allí la importancia de lo que hablamos en columnas anteriores respecto al rescate de sectores que no son sino ejes culturales de nuestra propia historia.

Jamás he visto tanto como ahora, en el mundo entero, ciudades sucias, decadentes, llenas de edificaciones viejas, deterioradas, que se llevan un porcentaje importante del presupuesto de la ciudad, y de organismos nacionales e internacionales para su mantenimiento. Un verdadero despropósito. Y por primera vez pensé, qué pasa si nos atrevemos a dar pasos a favor de nuestra memoria e identidad?… ATREVÁMONOS!!…no sigamos teniendo espacios que no dignifiquen el quehacer diario de todos, que no contribuyan a hacernos la vida más buena, más sabrosa. No sigamos el ejemplo de las grandes ciudades, todas se parecen cada vez más entre sí, todas presentan las mismas propuestas, pero no generan soluciones reales del diario buen vivir para todas las personas.

Esto es lo difícil de gerenciar una ciudad y por tanto lo necesario e imprescindible que resulta ejercer la participación ciudadana. Por una visión integrada, diversa…e irreverente de la ciudad!!

La próxima semana hablaremos más a fondo de las actividades productivas locales para el fomento de nuestra economía. (Julieta Cantos) /

Recuerden mi correo julietacpt5@gmail.com