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En España crece la semilla musical de un tachirense

En España crece la semilla musical de un tachirense

Por Norma Pérez. 

Cuando Mark Contreras Gómez emigró a España no imaginó que años después sería el creador de una metodología para iniciar a los niños en la educación musical, que sería replicada por 70 escuelas de ese país europeo y que traspasaría las fronteras hacia Perú y Costa Rica.

En el 2006, este violinista tachirense partió hacia otros rumbos. Tenía 27 años de edad, y la experiencia acumulada durante su paso de casi dos décadas por el sistema de orquestas venezolanas.

A la fecha han transcurrido quince años y su aporte pedagógico es modelo a seguir por un contingente de docentes y alumnos, que crece cada día.

El aprendizaje

De niño, a Mark Contreras le gustaba jugar al fútbol con sus amigos de la cuadra, pero cuando ingresó a la orquesta sinfónica dice que cambió la pelota de fútbol por el violín.

La música siempre estuvo presente en su casa. Su abuelo paterno, Ernesto Contreras, tocaba el clarinete, el saxofón, y dirigía una orquesta. Su papá incursionó con la percusión y sus tíos también eran músicos, pero ninguno había estudiado un instrumento de manera formal.

En el 2006, este violinista tachirense partió hacia otros rumbos

“El día que fui al núcleo de la orquesta, ubicado en el parque “Los Escritores”, es algo que recuerdo como si fuera hoy. Fue en 1988, me recibió Maritza González y me pregunto qué me gustaría tocar. Sin dudarlo, le dije que el violín”.

Comenzó en la orquesta juvenil, pero allí había músicos más avanzados y él apenas era principiante, por lo que cuando se abre la orquesta infantil, fue seleccionado para ser el concertino, bajo la conducción de Samantha Solano. Allí permaneció tres años.

Después ingresa nuevamente a la orquesta juvenil, también como concertino. “El director era Alexánder Carrillo, un profesor del que aprendí la forma y la ética y la sigo transmitiendo a mis alumnos. Fue una época de formación, no solo musical sino como persona, aprendí a ser puntual, responsable y disciplinado. Había un equipo de docentes que nos formaba en valores, además de la música”.

También recuerda a sus profesores de la escuela “Miguel Ángel Espinel, “todos ellos me dejaron enseñanza para la vida y para desempeñarme como músico”.

Con particular deferencia se refiere a Johnny Mendoza, quien condujo su aprendizaje en la orquesta “Simón Bolívar”: “con él fue la especialización en el instrumento, dimos un paso enorme en cuanto a formación individual. Es quien más me tuvo paciencia en mi adolescencia, porque hubo profesores que me dijeron que no servía para ser músico, y años después toqué junto a ellos como integrante de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas”.

En la capital de la República estudió en el Conservatorio “Juan José Landaeta” y se graduó en 2004 como profesor ejecutante de violín. Ese mismo año ingresa a la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas.

“Fue un momento muy importante en mi carrera, llegué a tocar con los fundadores, entre los que estaba mi profesor Iosif Scengery, talentoso violinista rumano. La orquesta estaba en su mejor momento y tuve la oportunidad de trabajar con los representantes de la vieja escuela”.

Vientos de cambio

En agosto de 2004 contrajo matrimonio con María Auxiliadora Ochoa: “nos conocemos desde que teníamos como ocho años de edad. Ella también es violinista, con el mismo recorrido en el núcleo del Táchira. Después decidió estudiar Contaduría y a raíz de su trabajo le ofrecieron radicarse en España”.

“Viajamos en el año 2006; una vez aquí, me di cuenta de que no existe la misma cultura del músico directo en restaurantes y hoteles. Es una actividad muy especial, y se considera casi un concierto”.

Actualmente es docente a tiempo completo

Recién llegado ingresa a la Orquesta Lírica de Madrid y tiene su primer concierto, denominado “Manos Unidas”, que se hace en homenaje a los reyes. Allí permaneció durante dos años.

“Tenía apenas diez días de haber llegado. Me quedé con esta orquesta, que solo se formaba para conciertos, no tenía mucho presupuesto para ensayos y solo hacíamos uno o dos antes de cada presentación, que se realizaban en las fiestas patronales de los ayuntamientos, donde había un día dedicado a la zarzuela.

Explica que gracias a la estabilidad que les ofrecía el trabajo de su esposa, pudieron seguir adelante, porque lo que ganaba como músico no era un sustento para vivir. Un día un compañero le dijo que por qué no daba clases. Era algo que jamás había contemplado; aceptó la sugerencia y se incorporó a algunas escuelas.

“Si hay algo que es difícil, es enseñar, como lo aprendimos. Tuve que olvidarme de la disciplina de la orquesta venezolana, es otro mundo. Hasta que después de pasar por muchos centros educativos, llegué a algunos donde se lo toman más en serio, y aunque nunca llega a ser como el sistema de orquestas, se consiguen personas que lo quieren hacer de verdad”.

Paralelamente estudió una licenciatura en Pedagogía en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, una carrera de cinco años, con asignaturas muy complejas. “Una experiencia muy interesante de realizar estudios formales en España, porque mi título del Conservatorio me lo validaron como grado medio”.

Una vez graduado, comenzó a declinar trabajos en algunas orquestas, porque tenía el tiempo ocupado, hasta que llegó a dar clases de lunes a sábado.

“Mi Violín”

Mark Contreras es el creador de una metodología que bautizó “Mi Violín”, para iniciar a los niños en la música a través de este instrumento y que desarrolla en una escuela de Alcalá de Henares. Consiste en tres niveles. Los alumnos ingresan con cinco años de edad, y cursan simultáneamente lenguaje musical y violín.

“Es algo que no se hace en la enseñanza privada y tiene que ver con que los padres no tengan que ir más de una vez a la semana a las escuelas. Se presenta como una solución, el niño entra en la música con un libro creado con una estética acorde para su corta edad, que le permite descubrir las notas, entonar, cantar, escribir, pero a la vez va tocando el instrumento poco a poco”.

Hace los arreglos a las canciones para adaptarlas a los requerimientos de los pequeños, por lo que todo es original. El libro lo edita “Música Educa”, empresa dedicada a crear contenido educativo para escuelas.

Refiere que, en el caso de “Mi Violín”, esta es una metodología en la que cada volumen tiene un libro para cantar y otro de ejercicios; así como un acceso a una aplicación para el celular, donde se pueden conseguir todos los audios, con o sin violín, apoyo para cantar y una guía para el profesor, donde va detallado lo que debe dar cada sesión del año, así como información de las actividades y objetivos por trimestre.

Sus estudiantes han crecido musicalmente con sus enseñanzas

“Siempre quise incorporar elementos venezolanos; en el caso del primero, está la canción “Duérmete mi niño”, haciéndole un guiño al Himno Nacional. En el tomo dos hice un arreglo a las “Cuatro Estaciones” y una está hecha a ritmo de joropo”.

Son muchas las canciones originales de Mark Contreras que se encuentran en estos tomos: “Es una aventura hacer un libro, las canciones originales, los arreglos y luego darte cuenta de que lo usan en veintisiete ciudades de España, así como en Perú y Costa Rica”.

Los resultados fueron tan exitosos, que se le encomendó la tarea de hacerlo también con la guitarra; allí mantuvo el contenido del lenguaje musical, solo que adaptado a este instrumento.

Este plan de estudio solo lo pueden aplicar las instituciones adscritas a “Música Educa”. Cada trimestre dicta un curso a los profesores de España y los demás países participantes, donde les indica el contenido a seguir.

Además, es autor de dos nuevos libros para niños de más edad, con canciones populares pero clásicas, de todos los tiempos.

En estas obras incluyó el himno del estado Táchira y precisamente la ilustración que lo acompaña es un jugador de fútbol con la camiseta del Deportivo Táchira. Esto, a raíz de las conversaciones que en alguna oportunidad tuvo con el dibujante Malagón, quien ilustra todos los libros de Música Educa.

En total, son ocho libros de su autoría: son tres niveles de Mi Violín, tres de Mi Guitarra y dos de Mi Violín Uno y Dos; además de colaboraciones para otros programas.

“Mi satisfacción es sentir que dejo algo que se puede utilizar, implementar. Cotejar por escrito una metodología con una programación específica, que la pueden usar desde profesores noveles hasta experimentados. Es un reconocimiento por el trabajo realizado”.

Un mundo de posibilidades

“Siempre me había catalogado como ejecutante, pero no como profesor. La carrera de pedagogía me abrió un mundo de posibilidades. Llegué a una escuela que producía cosas. Cuando hice el boceto de mi proyecto, estuvieron muy contentos con el resultado”.

Su aporte es la fusión de práctica, teoría, formación y ganas de salir adelante. De no dejar las ideas en el papel, sino de hacerlas realidad. Y así lo ha demostrado.

“Es verdad que en el sistema de orquestas las cosas se hacen de manera empírica, pero luego el hecho de haber estudiado pedagogía, pone nombre a las cosas.  Es un complemento muy importante. La fusión de un pedagogo con un músico formado en el sistema de orquestas juveniles, la teoría con la práctica”.

Lo más reciente de su trabajo son los videos que graba como multiinstrumentista, donde ejecuta la guitarra, el banjo, el ukelele, el violín. “Me gusta explorar diferentes instrumentos y mientras sean de cuerda, todos me atraen. Cada cierto tiempo compro uno nuevo y practico”.

A futuro, tiene previsto profundizar en su incursión multiinstrumental, que puede apreciarse en su canal de YouTube, Mark contreras violín solo; “es algo nuevo y me gusta hacerlo”.

Su tiempo lo comparte entre su actividad profesional y su familia

Su tiempo lo comparte entre su actividad profesional y su familia; es padre de dos hijas: María Daniela, quien tiene doce años de edad, y María Lucía de 6 años.

“Pienso que debemos aprovechar las oportunidades que nos han dado y tener la bendición de Dios. A veces hay cosas que no podemos alcanzar y, aunque en ese momento creemos que se nos acaba el mundo, luego nos damos cuenta de que viene algo mucho mejor”.

De lo vivido fuera de las fronteras de su país, considera que lograr las metas requiere mucho esfuerzo, pero al final vale la pena.

“Todo me ha costado trabajo, horas de estudio e investigación A veces llega, no lo que creíamos sino algo mucho mejor. Para nosotros, los músicos, el estudio no termina nunca. Retrocedo y me veo como un niño más de la orquesta, y nunca me imaginé que iba a continuar, a hacer libros en otro país para formar a los jóvenes. Creer en uno mismo, que sí es posible y sí podemos”.

Mark Contreras Gómez demuestra que cuando se unen esfuerzo, dedicación, formación y ganas, los sueños y los imposibles se convierten en realidad. En su caso, una realidad que se multiplica como la semilla prodigiosa que se siembra en tierra fértil. Porque sí se puede.

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