miércoles 28 septiembre, 2022
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Una tachirense es la alcaldesa de un pueblo con historia real

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Nacida en San Cristóbal y egresada de la UNET, Zandra Campos es la primera autoridad de un pequeño pueblo de la Comunidad de Madrid


Humberto Contreras


Foto oficial de la alcaldesa, en la página web de la alcaldía del Pueblo Real Cortijo de San Isidro.

 

Es un pequeño pueblo con linaje real. En su día (1766), fue la finca (cortijo) del rey Carlos III, y todo lo que allí se cultivaba iba para el consumo real. Prácticamente, en todo lo que es hoy el pueblo, era una bodega subterránea, y allí almacenaban los vinos, y servía un poco como de “nevera” o alacena del Palacio. Luego pasó por diferentes manos, hasta que hoy es la Entidad Local Menor del Pueblo Real Cortijo de San Isidro.

En este pequeño pueblo español, de la Comunidad de Madrid, una mujer tachirense, egresada de la UNET como ingeniero agrónomo, es su alcaldesa desde 2019, quien nos da esa breve descripción de su “dominio”. Ella es Zandra Marlene Campos Navas, hija del productor ganadero Abelardo Campos, quien falleció la semana pasada.

Ese triste hecho familiar hizo que Zandra Marlene viniera a su lar nativo y, estando acá, recibió el homenaje póstumo que Asogata le hiciera a su padre, pues él era socio fundador de la Asociación.

Un poco atareada aquí, pero ella apartó para Diario La Nación un tiempo y con ella conversamos sobre tópicos de su vida, pues ella es parte de la pléyade de coterráneos que nos hacen sentir orgullo de nuestro gentilicio regional por su desempeño productivo y destacado, en otras latitudes. Sí: Zandra Marlene es, desde 2019, la alcaldesa del Real Cortijo de San Isidro.
—¿Cómo llegaste a España?

—La curiosidad y la admiración, escogieron la pregunta de apertura: Bueno, comienza. Llegué allá porque me casé con un español, aquí en San Cristóbal. Él vivía en El Piñal, donde tenía un negocio. Luego de dos años de casados, ya tenía mi bebé de un mes, cuando su padre lo llamó porque se iba a jubilar, y quería que se encargara de la fábrica que tenía allá en España. Es la razón por la que nos fuimos.

Llegamos a su pueblo natal, que se llama Consuegra, y está en Toledo. Vivimos 4 años y nos mudamos a Aranjuez, que es la ciudad grande, de la cual depende el Real Cortijo de San Isidro, donde nos instalamos y ya tenemos 21 años allí.

—Pero Ud., supuestamente, iba como ama de casa…

—A ver… Yo estudié Agronomía en el IUT, y luego hice Ingeniería Agronómica en la UNET. Pero allá no pude ejercer, porque hacer la equivalencia era complicado. Así que, primero, monté una tiendita de cositas, un entretenimiento para mí. Pero ya en Cortijo me dediqué más a jugar golf, en lo cual algo me destacaba, y a ayudar a otros alcaldes en su trabajo, especialmente en las actividades sociales, fiestas, etc.

También me dediqué a la Iglesia, en lo cual me involucré mucho. De hecho, trabajé para crear la Hermandad de San Isidro Labrador, patrón del pueblo, y la fundé hace tres años, con 172 miembros. Allá me he sentido querida, me he sentido muy bien,

¿Y cómo se dio lo de la alcaldía?
—Con esas actividades me fui dando a conocer, hasta que un día un grupo de gente joven me propuso que encabezara una lista con ellos, para las elecciones en 2019. La verdad, me lo pensé un poco, pues no quería estar en partido político, porque estando en un partido, uno tiene que seguir líneas y yo no estaba dispuesta. Así que me decidí, acepté, pero fundé mi propio partido y lo inscribimos.

Zandra dice que no esperaba triunfar. “Lo que pasa, explica, es que yo no soy nativa. Los pueblos de España son pueblos cerrados, la gente es muy suya. Son gente buena, claro, pero como en todas partes. Por eso, jamás esperé que pudiera ganar. Y menos, con mayoría absoluta.

No tenía ninguna esperanza, reitera. Pensaba que eso no podía ser. O sea, para mí, ganar fue una gran sorpresa. Era impredecible. Sinceramente, lo hice por complacer a la gente que me lo pidió, y como por no ser egoísta, decir no. Además, pensé que tampoco iba a perder nada”.

—¿Y qué sentiste al saber que habías ganado?

—Bueno…ganas de llorar. Todavía me emociono, dice, y se le aguan los ojos al recordar. Eso fue hace dos años y medio. El mandato es por cuatro años.

Pero Zandra no tiene interés en reelegirse. No. La verdad, dice, es que no quiero avanzar más en esto. La política no me gusta. Allí no estoy como política, sino que yo me lo tomo como una ayuda a la comunidad donde vivo, De hecho, yo no cobro, no tengo ingresos por el cargo, soy de las pocas alcaldesas en España que no han querido cobrar por su trabajo, aunque pudiera hacerlo porque me corresponde, pero no lo hago porque siento que así le retribuyo al pueblo todo esto, porque, además, pues no se tiene mucho dinero, y … bueno, más claro:

Yo pienso que los políticos, no es que deberían trabajar de gratis, pero casi. Deberían tener su trabajo, y aparte dedicarle el tiempo a la política, porque la política es un servicio. Es como yo lo veo. No como otras personas que solo vienen a enriquecerse y a desangrar el país, el Estado, la comunidad… como lo queramos llamar. Esa no es mi manera de ver las cosas. Gracias a Dios, más bien he tenido este tiempo para regalárselo al pueblo.

Por ello, no creo en continuar. No. De momento no lo pienso. Aunque sí es verdad que ya me están asomando la posibilidad, pero, bueno, la mejor palabra es la que no se dice. Pero no está en mis proyectos. En todo caso, ya el tiempo lo dirá.

En Asogata recibió el homenaje póstumo a su fallecido padre, Abelardo Campos. (Foto: Cortesía)

—¿Un poco de tu historia personal?

—Yo nací en San Cristóbal, dice Zandra. Soy “gocha” de pura cepa, vivo en la Unidad Vecinal, (su casa paterna), siempre he vivido allí. Me gradué de bachiller en el Pedro María Morantes y, por cierto, en estos días celebramos 40 años de la graduación, con misa y una fiesta en el Círculo Militar. Logramos juntarnos 80 compañeros.
Mi mamá es Alix de Campos. Ella estuvo muchos años en Min-Sanidad, como jefa de Personal. Ella, junto con otras damas, por supuesto, es fundadora del Comité de Damas de Asogata. Ahora es mi hermano, Abelardo, quien está de socio.

De mi niñez, acá en San Cristóbal, todos los recuerdos que tengo son preciosos, porque eran otros tiempos. Estudié mi primaria en el colegio San Antonio, allí hice mi primera comunión. Mi papá era muy estricto, pero al final, con el tiempo y con la vida, uno se da cuenta y agradece que su padre haya sido estricto y que nos haya dado esa formación tan recta y tan fuerte, porque al final es lo que forma a un ciudadano. Actualmente, eso no se está haciendo con los niños, y por eso el mundo está evolucionando de una manera tan falta de respeto, y tan falta de principios.

Tengo solo un hijo, que nació aquí. Ahora tiene 26 años, él hizo la carrera de Derecho, allá, con título Comunitario Internacional, tiene un máster y trabaja en Madrid.
—A 4 años de su anterior visita al Táchira, ¿cómo aprecias la situación país ahora?

—Está fuerte. Más complicada. Difícil. Bueno, reflexiona Zandra, aunque hace cuatro años no había comida en los supermercados y era complicado conseguirla, las colas, en fin, esta vez es lo contrario, pero no hay dinero. Igualmente, la medicina, la salud, está por los suelos, y eso es triste, encontrarse todo esto en un país tan rico, con tantos recursos, porque uno que está afuera, que ve, por ejemplo, España, que vive del turismo, no se explica cómo Venezuela, teniendo todos los recursos naturales, pudiendo tener un buen turismo, pues… Bueno, eso nadie se lo explica, pero cada uno tiene su respuesta. Porque tampoco quiero entrar en política, pues no soy quien para señalar a nadie.
—¿Sientes que los españoles de tu comunidad están enterados de la realidad de Venezuela?

—Sí. Mucha gente, pues la mayoría no se explica, no sabe por qué Venezuela está de esta manera. No lo entienden. Hay quienes lo entienden, gente que es afín al gobierno (español) y al partido Podemos, que piensan que es mentira todo lo que pasa aquí. Pero lo que más se siente es el pesar, el querer ayudar.
Yo a veces pienso que una de las cosas que me ayudaron para ser electa es que como en el pueblo sabían la situación de Venezuela, y además había un candidato de Podemos, pues creo que la gente se volcó un poco conmigo y me dieron su apoyo.

—¿Tu corazón sigue siendo tachirense?
—Por supuesto, siempre delante de mí, soy venezolana y “gocha”. Porque es que allí, casi todo venezolano, cuando se le pregunta de dónde es, dice Caracas. Yo le digo a mi esposo, ¿será que solo se viene la gente de Caracas? Entonces, no, yo digo soy “gocha”, lo digo con mucho orgullo. Además, la gente “gocha” siempre ha destacado.
—Y de vez en cuando, allá, en ese pueblito español, tendrás tus ratos de nostalgia…

—Por supuesto que, de aquí, lo añoro todo. Hasta el olor. Ahora que venía, cuando empecé a sentir que entraba a la ciudad, sentí que el aroma del ambiente era diferente. Y de nuevo valoro la comida, el gentilicio, la gente, la forma de ser de todos nosotros. Y sí, tenemos nuestros ratos. Mi esposo es, realmente, más venezolano que español. Se siente muy conectado con el Táchira. De hecho, no vivimos aquí por las circunstancias, pero a él esto le gusta más. Los fines de semana ponemos música de aquí, hacemos comida propia de acá, y bueno, a veces nos dan esas “llantinas”, porque se añora todo. No es una sola cosa. Las montañas, como dice la canción “…la montaña es mi flor…”
—Para quienes tienen ganas de irse…

—Yo sé que la situación aquí es complicada, pero creo que la gente no debe “volar”, sin una seguridad, es el consejo de Zandra para quienes piensan irse del país. Lo que pintan en otros países, añade, no es fácil, sobre todo en Europa, pues allá es muy complicado llegar a trabajar, ya que se exige que todo sea legal.

Para una empresa, tener un ilegal es riesgoso, porque si le llega la Inspección de Trabajo, la multa es exorbitante. Hablo de Europa, porque la situación es muy distinta en Estados Unidos. No tiene nada que ver.

Entonces, le digo a la gente que lo piense mucho, porque es mejor estar mal en su país, donde tiene uno a su familia, que, aunque estén mal, si hay solo arroz para comer, comen arroz todos. En cambio, allá no es así. Es muy duro.

Yo, gracias a Dios y a la Virgen, no pasé por eso, porque me fui en otras circunstancias, pero sí sufro, porque veo lo que pasa allí, y mucha gente está allí muy pero que muy mal. No en mi pueblo, pero sí en Aranjuez, que es la ciudad grande cercana. La mayoría de la gente que se va ilegal lo que hace es cuidar ancianos. Por eso les digo a quienes se quieren ir, que lo piensen bien. Que estén seguros. Y a los jóvenes, que es mejor irse con una carrera, un título, porque eso es algo que nadie te puede robar. Tener un título en la mano es una mejor oportunidad para un trabajo, aunque no sea en lo mismo.

Y a mí Táchira, le diría que yo no esperaba que fuese a tener alguna importancia o valor, y eso me ha sorprendido mucho, porque en estos días que he estado acá, me he sentido muy halagada. Muchas personas que se han enterado de que estoy aquí, pues me han tratado muy bien, como muy retribuida por lo que estoy haciendo allá, muy querida y muy atendida.
La verdad, eso para mí ha sido algo muy grande, porque, además, tampoco me lo esperaba. Entonces para mí, el trato y el valor que aquí se me ha dado es el premio más grande que puedo tener.
—¿Hay perspectivas de que te vuelvas?
—No. Por ahora no. Claro, si las cosas cambiaran, podría ser, porque te repito, sí que nos gusta mucho esto. Y es mi tierra, son mis raíces. Es lo que me hala siempre, aunque esté muy bien donde estoy. Pero hay que ver también que, teniendo ya 26 años allá, con buena calidad de vida, tenemos una empresa establecida, en fin, así es muy complicado venirse, y menos en las condiciones actuales del país.

Aquí está toda mi familia, mi mamá. Nosotros somos tres hermanos por parte de mamá, y más por mi papá. Y allá en España, no tengo ningún familiar, solo está mi hijo conmigo, y claro, mi esposo y su familia.

Ahora regreso a España con el corazón “partío”. La mitad se queda aquí. Me voy con el luto y la tristeza de mi padre, pero también sí, con el regalo que el Señor me hizo, que es haber podido verlo. Despedirme de él. Yo llegué el martes, mi papá quería darme un abrazo, y nos lo pudimos dar, me pude despedir de él, bien, consciente… luego pidió su sacerdote. Todo fue como idílico. Y al día siguiente, en la mañana, mi papá se fue.

Lo que pasa es que, claro, cuando llegue allá, pues tendré emociones encontradas, porque como que todavía no me he hecho a la idea, pues entre tantas cosas que he tenido, familia, amigos, invitaciones a la radio, mis compañeros de promoción, a otros compromisos, en fin, no he podido poner los pies en la tierra y asumir la realidad. Pero sé que cuando llegue allá, pues tendré que afrontar mi realidad y, bueno, ¡seguir adelante!

La Plaza Mayor del Real Cortijo de San Isidro. En ella se encuentran la ermita de San isidro, el ayuntamiento, algunos locales sociales y los pasillos que conducen a dos plazuelas. (Foto: web)

 

A 6 km al nordeste de Aranjuez (Comunidad de Madrid), es una antigua explotación agrícola creada en 1766 por Carlos III sobre los terrenos del pueblo de Villafranca, del siglo XII. Con una extensión de 1.126 hectáreas, tiene más de mil habitantes. Tiene los elementos de cualquier pueblo español: una plaza mayor, una ermita, un supermercado y dos bares.

El pueblo tiene como centro la Ermita o Capilla Neoclásica de San Isidro (1788), además de otras construcciones: la Casa Grande, la Real Bodega de Carlos III y su Cueva, así como otras edificaciones. A la muerte del Rey, el Cortijo cayó en decadencia, pues su hijo y sucesor, Carlos IV, no tuvo interés por las posesiones agrícolas.

El Cortijo fue desamortizado en 1868, en el reinado de Isabel II, y pasó a ser propiedad de particulares. En 1944, tras la Guerra Civil, el Instituto Nacional de Colonización les compra la finca con su poblado, la divide en parcelas de cuatro y cinco hectáreas, que vende a agricultores para la explotación agrícola. Hicieron sus casas, y así se formó el pueblo, que es uno de los llamados pueblos de colonización, de los cuales hay muchos en España, que tienen casi la misma arquitectura. En 1957, por ley, se constituyó en la Entidad Local Menor del Pueblo Real Cortijo de San Isidro, que tiene un ayuntamiento con su alcaldesa y cuatro vocales, elegidos por sus propios vecinos, pero depende administrativamente de Aranjuez.

Nota: Para la Real Academia, Cortijo es: Finca rústica con vivienda y dependencias adecuadas, típica de amplias zonas de la España Meridional (sic). En sus inicios, San Isidro era un cortijo propiedad del rey. (HC)

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