viernes 29 mayo, 2020
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La música es el mejor camino para vencer la soledad y la ansiedad de estos tiempos

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“En estos tiempos en que debemos estar aislados, la música es el mejor camino para defendernos de la soledad, el aburrimiento y la ansiedad. Cante, así le suene mal. Baile, así sea con una escoba. Vibre al ritmo, y su mente estará de nuevo bajo control”, recomienda Woldemar Sánchez, músico y profesor de Música


Humberto Contreras

Mucho antes de que el hombre hiciera su aparición sobre la faz de la Tierra, ya existía la Música. El desplazamiento de las aguas de los riachuelos, el batir de las alas de las aves, el bullir del viento entre los árboles, sonidos que el ser humano aprecia con agradable sensación, existían antes de que  nuestra especie apareciera en el Jardín del Edén.

Y una vez el Hombre en el planeta, esos sonidos fueron parte de su vida, en todo momento.  La cadencia rítmica del discurso que nos da la Madre Naturaleza cada día, fue captada por la mente de nuestros antecesores primigenios, que se dejaron llevar por el impulso muy de adentro, instintivo, de acompañar esos sonidos con movimientos de su cuerpo, y así se empezó a disfrutar del contoneo.

Desde ahí, música y baile son esencia de la vida humana. En la alegría y en el dolor. En la compañía y en la soledad. En la opulencia y en la pobreza. En la soberbia y en la humildad. Y nada mejor para un espíritu en soledad, que apelar a la música para hacer ligeros esos espacios como los que estamos viviendo ahora, en condición obligatoria, porque se trata de una acción para preservar la vida. Literalmente.

La guitarra. El teclado o el cuatro, son buenos para que el profesor contagie su música (Foto/Tulia Buriticá).

Y Woldemar Sánchez, es un buen ejemplo de lo que hace la música: Hace pocos días sacó su teclado al frente de su casa, en Altos de Gallardín, Palo Gordo, y comenzó un recital. Desde sus casas, los vecinos cercanos le aplaudían, y cuando dio por terminada su actuación, llegaron los comentarios de agradecimiento, porque la música había alegrado sus vidas. Y esa sensación de bienestar que quedó dentro de cada uno de sus vecinos, se prolongó por un buen rato.

Sánchez es músico y profesor de Música. Tiene en su casa una especie de academia que cuenta con varios alumnos. Ahora, en estos tiempos de cuarentena, les da clase por internet. Y todo va bien. Es hijo del recordado profesor Jesús María Sánchez, ya fallecido, quién en sus tiempos fue director del Instituto Autónomo Estadal de Música, desde donde promovió y logró la creación de la emisora Surcos Culturales Andinos, hoy Radiodifusora Cultural. También fue fundador de la Banda Filarmónica Experimental, y Director de Cultura de la Gobernación del estado.

De modo que Woldemar trae la música consigo, desde el vientre de su madre,  dice, y luego por formación en casa, donde logró que sus dedos aprendieran a danzar sobre el teclado de un piano de cola, a muy temprana edad. Tiene un grupo musical, Sanda Show,  que interpreta cualquier tipo de música, grupo con el cual ameniza fiestas y reuniones.

La sala de su residencia está convertida en una academia: varios teclados a disposición de sus alumnos, y los instrumentos que él usa a menudo. En cualquier momento, agarra su guitarra, su cuatro, o el ukelele, y comienza a cantar, porque también lo hace, y muy bien. No importa la hora, dice.

A veces me despierto en la madrugada y me provoca  tocar y cantar. Pero no lo hace porque no va a despertar a sus vecinos. Piezas de su propia inspiración, porque cuando le llega su Musa, está preparado para atenderla. De hecho nos interpretó composiciones suyas durante nuestra conversación.

Baile, así sea con la escoba y cante, aunque lo haga mal

El don de la música en el ser humano no es genético, dice Sánchez. No se necesita tener “dones especiales” para sentir y hacer música, y menos para entenderla y disfrutarla. Tengo alumnos que me llegan sin nada de conocimientos y, desde cero, aprenden a tocar instrumentos. El que les guste.

Se ha comprobado los efectos que tiene la música sobre el cerebro humano. Especialmente importante en cuanto a la salud, por ejemplo. A la tranquilidad del espíritu. La música clásica, instrumental o bailable. Hasta el rap y otros ritmos populares, tiene efectos reparadores en la mente humana.

Por eso, a bailar, así sea con una escoba, y cantar lo que se le ocurra, aunque no tenga voz de cantante y sienta que lo hace mal. Eso le transformará esos ratos de desasosiego, de incertidumbre, de desesperanza. Solo hay que hacerlo, y ya. La música es el remedio infalible.

Y su media naranja

Con Edeira comparte actividades además de la música. Artesanías, tareas del hogar. Menos cocinar (Foto/Tulia Buriticá).

Con mi esposa, no nos sentimos encerrados en casa. Ella también comparte la música conmigo. Canta y baila. Es mi perfecta media naranja. En cualquier momento del día lo estamos disfrutando.

Edeira Ramírez, es docente. También canta y acompaña a su marido en sus canciones cuando las bailan y las interpretan los dos solos en casa, o con  los ensayos de la banda y las clases a los alumnos.

Ambos dicen por separado que “se conectan”, tanto como se entienden y comparten. Claro que a veces uno se afloja, dice Woldemar, pero ella me alienta o yo lo hago con ella.

Para eso está la pareja, dice Ereida. Uno ayuda al otro a salir de esos momentos críticos que no se deben consentir.

En estos tiempos, dice, un arte o un oficio es indispensable para distraerse. La música, el canto, el baile, tejer, bordar, coser, pintar… en fin. Eso nos saca de presagios negativos y nos da vida. Si uno no sabe algo de esas cosas, pues se puede buscar en internet, en YouTube, un tutorial sobre lo que le interese, donde paso a paso le van enseñando lo que quiere.

Aprender algo ahora que hay un poco más de tiempo, y quizá mejor intención de hacerlo, es

Una forma de vencer la incertidumbre, la desesperanza que a veces nos arropa. Este es el momento de aprender algo que quizá se ha querido hacer y no nos hemos dispuesto a ello. Hacer algo productivo y que nos guste, nos mantiene la mente ocupada, sin duda. Finalmente, dice que ella se levanta con Dios y se acuesta con él. Me levanto y me arreglo como si fuera a salir, para estar en casa. Es parte de las acciones que debemos tomar para alejar la rutina.

Y para concluir, Woldemar y Ereida nos interpretaron un rap de su autoría, por lo  cual, al escucharlos y verlos, podemos decir que salimos de su apacible hogar completamente contagiados: De música y de vida. Un contagio que no requiere cuarentena.

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