martes 2 junio, 2020
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En carretillas o carros para mercado, así buscan el agua en la frontera

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Hay comunidades que sobrepasan el mes sin el vital líquido. En los barrios Miranda y Curazao, ya transcurrieron más de 20 días sin agua.

En el barrio Lagunitas hay cuatro puntos donde extraen agua de pozo


Jonathan Maldonado

En las últimas semanas, ha sido común ver a ciudadanos recorriendo las calles de San Antonio del Táchira en busca de agua de pozo, ya que por sus llaves no sale ni una gota desde hace más de 20 días. Las imágenes son variadas: algunos usan carretillas para hacer más aliviado el trayecto; otros solo dependen de la fuerza de sus brazos para alzar los pipotes.

Las formas de las vasijas y sus tamaños son diversos. Hay quienes, impedidos de cargar mucho peso, usan sus carros de mercado para depositar decenas de botellas de plástico, que emplean para llenarlas del vital líquido. Quienes tienen vehículos o motos, si están surtidos de gasolina, se ven menos ajetreados para movilizarse hasta un llenado.

Sin embargo, el cuadro más repetido es el de la gente caminando por agua. La necesidad los mueve a diferentes lugares en la ciudad fronteriza. Los que están cerca de estos puntos hacen cortos trayectos. El drama se intensifica para los que deben hacer la travesía desde barrios lejanos, y a pie.

Barrios como Curazao, Lagunitas, Miranda, el casco central de la ciudad, entre otras comunidades, están a punto de cumplir el mes sin agua. Otros, los más desafortunados, sobrepasan los 30 días sin que exista repuesta oportuna por parte de Hidrosuroeste. Las quejas parecieran no surtir efecto, pues la indolencia, según los vecinos, arropa a las instituciones.

“Esto es un sufrimiento”, aseguró la señora Gladys Rubio, del barrio Curazao. En su hogar, lleva más de 25 días sin agua, razón que la obliga a cargar tobos desde la sede de Hidrosuroeste hasta su casa. Pese a todo, ve positivo vivir a dos cuadras de la institución. Otra opción es el estacionamiento, que está a media cuadra, “allí también nos regalan agua”.

“El agua de pozo la uso para bañarme, lavar la ropa, los platos. Para consumir, compro un botellón”, apuntó la dama, al tiempo que exigió una pronta solución. “Esta situación es muy dura. A esto se suman los constantes cortes de electricidad y la escasez de gas. Yo no tengo cocina eléctrica, debo pedirle el favor a los vecinos”, aseveró.

La historia de Marlene Mendoza, costurera de 60 años, está signada por el mismo sentimiento de angustia e indignación. En su barrio, Miranda, ya van más de 20 días sin agua. “Mi esposo alista cuatro tobos, se va a la sede de Hidrosuroeste y los llena”, señaló.

“Con esa agua cocino, nos bañamos y lavamos lo más esencial, pues hay que ahorrarla”, destacó quien va vaciando cada pipote en el tanque de su hogar. “Ahí la depositamos. Cuando se acaba, volvemos a buscar en tobos”, sentenció.

Cisternas hacen su agosto

Quienes se benefician de las prolongadas suspensiones de tan importante servicio son los dueños de los camiones cisterna. A ellos se les ve acudir frecuentemente a los establecimientos que trabajan con agua de pozo, donde llenan sus tanques y, por cada servicio cobran hasta 40.000 mil pesos.

En el barrio Lagunitas, por citar un ejemplo, existen alrededor de cuatro pozos establecidos como negocio. Sirven para el rebusque de muchas familias que, ante la necesidad, venden este tipo de agua.

“No todos tenemos para cancelar un servicio de carrotanque”, indicó Flor López, quien prefiere ir con sus recipientes hasta los llenados. “A los ciudadanos de a pie, gracias a Dios, no nos cobran. Uno se beneficia”, remarcó, ya cansada, pues había realizado tres viajes. “Esto es terrible”, subrayó a modo de colofón.

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