martes 17 mayo, 2022
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La Parada: receptor rey de la chatarra venezolana

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“Chatarrería. Se compra”, este letrero es fácil leerlo cuando se retorna a Venezuela, por el puente internacional Simón Bolívar. Antes de llegar a la mitad del tramo formal, quien voltee la mirada, a la derecha, lo divisa.
En ese punto neogranadino, del corregimiento de La Parada, en el municipio de Villa del Rosario, al menos cuatro puntos se dedican a comprar la chatarra, que llega en carretillas, directamente por los caminos verdes, mejor conocidos como trochas.

Muchos venezolanos viven de vender chatarra en La Parada. (Foto/Jonathan Maldonado)

“Pagamos a 1.100 pesos el kilo de chatarra”, aseguró uno de los dueños de un local dedicado a este negocio en la zona mencionada. Las estructuras están cercanas a los caminos alternos, razón por la que es fácil su ubicación.
La chatarra venezolana pasa exclusivamente por las trochas. Los horarios nocturnos son los más usados, pero también con la luz del abrasador sol de la frontera, son visibles y escuchados.
Cuando los puentes internacionales estaban cerrados para el paso peatonal, la única vía de acceso y regreso de Colombia eran las sinuosas rutas, puentes no oficiales que eran comunes para la mayoría.
En esos tiempos se escuchaba “¡Cuidado, ahí vamos, abran paso!”, un grito que advertía a los transeúntes que un golpe con ese peso de la chatarra podía ser bastante perjudicial.
La gente se solía orillar una vez escuchaba la frase. Ahora, con un puente abierto, con ciertas limitaciones por la modalidad del ´pico y cédula´ y la exigencia del carnet fronterizo, los caminos verdes lucen más despejados y sin tanto tráfico para los chatarreros.
Las cantidades de trozos de metales que llevan para vender en Colombia son considerables. La mayoría va en grupos de tres o cuatro personas, pues para maniobrar el vehículo se necesita apoyo y fuerza.
“La mayoría nos asociamos y hacemos el viaje”, lanzó un ciudadano, proveniente de Capacho, cuya identidad prefirió mantener resguardada. “Nosotros nos echamos varias horas para llegar a la frontera, ya que nos venimos a pie, maniobrando la carretilla”, dijo.
El hombre, junto a sus compañeros, prefiere ir de madrugada. “Hay menos vehículos a esa hora por la vía y ya nos acostumbramos”, agregó, quien lleva año y medio en la práctica de un oficio con riesgos.
“Una vez se nos volteó la carretilla. Fue en una especie de rampa, perdimos el equilibrio”, relató mientras recalcaba que dos veces a la semana suele hacer el viaje desde Capacho hasta La Parada.

“Recolección de la chatarra”

El caballero y sus compañeros recorren varios barrios de los Capachos comprando chatarra. “Hay gente que suele tener y la vende”, indicó, al tiempo que dejaba claro que las ganancias dan para llevar la comida al hogar, y “otras cositas más”.
“Lo que más queda es cansancio y agotamiento, mas no dinero. Las ganancias, como le dije, dan para sobrevivir”, manifestó desde San Antonio del Táchira, ya rumbo a la trocha.
En otras ocasiones, lo que recogen de trozos de metales solo alcanza para realizar un solo viaje a la semana. “No todas las semanas es lo mismo”, reiteró.
Aunque la fuente consultada es oriunda de Capacho, sus otros compañeros son del centro del país y llegaron a la zona hace más de dos años, en busca de mejores ingresos.
Y es que frente a los salarios que imperan en Venezuela en los trabajos formales, muchas familias han optado por vender chatarra en La Parada, Colombia, un negocio con cierta rentabilidad.
Jonathan Maldonado

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