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Vivir en Venezuela y trabajar en Colombia

María Teresa Silano diariamente va y regresa de Colombia. (Foto: Jonathan Maldonado)

María Teresa Silano Orozco, de 36 años, vive en Llano de Jorge, zona sur del municipio Bolívar, y trabaja en la ciudad de Cúcuta, en Colombia. A diario, esta ciudadana cruza el puente internacional Simón Bolívar. El tener doble nacionalidad le permite obviar el ´pico y cédula´, modalidad que solo aplica para venezolanos.
Silano sale de su casa en moto. Una vez llega a San Antonio del Táchira, se dirige a un estacionamiento cercano a la avenida Venezuela, donde guarda su vehículo. “Llevo dos años trabajando en Colombia”, soltó la joven, ataviada con una camiseta de color negro, licra negra y suéter rosado.
El hecho de trabajar en suelo neogranadino y vivir del lado venezolano no le incomoda. “Me he adaptado fácilmente”, señala quien por varios meses tuvo que emplear las rutas alternas o trochas para poder cumplir con su jornada laboral, pues el puente estaba abierto solo para casos humanitarios.
En la actualidad, Mary, como la mayoría de sus conocidos le llaman, maneja un local de venta de juguetes en el tercer piso de Alejandría. “Es arrendado. Tengo familia que trabaja en Colombia y, por medio de una hermana que tiene más de cinco años trabajando en el edificio, logré tener esto por cuenta propia”, puntualizó.
Laborar en Colombia le ha sido rentable, ya que los ingresos son netamente en pesos y le permiten solventar gran parte de los gastos de su hogar. “Acá lo que se mueve son los pesos, ya los bolívares no se manejan”, recordó desde la aduna principal de la ciudad fronteriza y a escasos metros del tramo binacional.
“Los más difícil era pasar por los caminos alternos”.
Desde que restablecieron el paso peatonal por el puente de San Antonio, el pasado 25 de octubre, Silano tuvo mayor descanso, pues ya no tenía que utilizar los caminos verdes. “Lo más arriesgado era cuando había crecidas del río por las lluvias”, manifestó quien arriba a su trabajo a las 8:00 a.m. y retorna a las 7:00 p.m., hora colombiana.
Otro punto que hacía más compleja su ruta laboral era regresar de noche a Venezuela por los caminos alternos. cuando el puente se hallaba cerrado por la pandemia. “Por ser mujer es más complicado, ya que a esa hora pasan más que todo ´trocheros´, pero igual yo asumía el riesgo”, dijo.
Antes de la juguetería, probó suerte en almacenes de ropa; incluso trabajó en un local de comida, atendiendo a los comensales. “Lo que gano lo invierto, sobre todo en comida, ya que por tener casa propia no gastamos en alquiler”, subrayó, al tiempo que dejó claro que cuando la persona quiere trabajar, “surge en lo que le salga”.
“Mientras que vaya con ganas de trabajar, en Colombia tiene las puertas abiertas”, prosiguió Silano, para luego especificar que mucha gente realiza la misma ruta, a diario, para cumplir con la jornada laboral.
En Venezuela también ganó experiencia. Cuando ganar en bolívares aún era rentable, llegó a trabajar en un local de venta de ropa, ubicado en la avenida Venezuela, y en una empresa de venta de repuestos para carros en la parroquia El Palotal. “Eran otras épocas, y el dinero alcanzaba”, subrayó.
Mary Silano realzó el carácter respetuoso de los cucuteños. “Pienso seguir trabajando allá”, acotó mientras aseguraba que el trajín la ha agotado un poco, pero hay “que aprovechar la oportunidad frente a la situación que estamos viviendo”.
La joven toma todos los días un carro por puesto que la deja a una cuadra de su trabajo, en el centro de la ciudad de Cúcuta, en Norte de Santander, Colombia… Silano espera poder seguir pasando por el puente internacional Simón Bolívar. “Ojalá y no lo vuelvan a cerrar”, remató. (JM)

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