viernes 2 diciembre, 2022
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Hora de Reflexión: la renuncia

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Alfredo Monsalve López


Yo, Alfredo Monsalve López, presidente de alguna “organización” oficial o privada, en cualquier país del planeta tierra, como buen amante del progreso y bienestar para quienes me eligieron para ese cargo, lo primero que haría (viendo la destrucción de la misma), es preguntar (como lo hizo en su momento el Capitán español Vicente Emparan el 19 de abril de 1810 cuando le pregunto al pueblo desde un balcón: ¿Ustedes quieren que yo los mande? A lo que respondieron con un NO, el sr Emparan aseveró: “si ustedes no quieren que yo los mande, yo tampoco” y se fue a freír cotufas”. Claro después le pusieron los “ganchos”. Punto. Y se acabó la vaina. Que otra persona se encargue de rehacer la “organización” que a todas vistas, está en el foso. Tan sencillo como que todos los días nace un compatriota. Me dirán algunos “socios” que primero están las ideas de nuestro proceder. No. Mil veces no. Primero están los súbditos. Primero están los ciudadanos que conforman la “organización”. Por tanto, como primera autoridad de esta “organización”, y observando el grandísimo rechazo por mi gestión al frente de la “empresa”, renuncio de ipso facto. No hay otra salida. Mi renuncia, ante cualquier circunstancia, pudiera ser el paliativo para que mi “organización” progrese. Para que sea una de las mejores de la región. Para que sus congéneres gocen de una verdadera felicidad. Si no lo hago, si no renuncio, pues no quiero a los ciudadanos que conforman la “organización”. Todo lo contrario. Estoy demostrando, ante el mundo, que primero están mis ideales (como dicen mis “socios”), antes que el ciudadano. No hay otra lectura.

Ahora, lea usted el Art. 233 de nuestra Carta Magna y se topará con una de las acciones que puede ejercer un presidente de Venezuela es “su renuncia”. Vuelvo a lo que he mencionado arriba. Nuestra República está fragmentada por los cuatro polos. Voy a tomar, como ejemplo, un pequeño ejemplo. Que, por muy diminuto que sea, es sumamente grave en cualquier nación del mundo. Es el hecho de que cada quien, cada ciudadano, cada individuo dedicado al comercio, hace lo que le venga en ganas con la gente que requiere sus servicios. Acoto, que hay excepciones, pero en general, nuestra “economía” se encuentra desasistida por la “gerencia” que está obligada a poner orden. Allí tienen ustedes mis amigos lectores, el caso de los billetes de 100 bolívares que Maduro ordenó sacar de circulación hace algunos años (dic 2016). ¿Quiénes lo “eliminaron” del mercado? los ciudadanos. El mencionado anteriormente dio cualquier cantidad de prórroga para que al final de cuenta desaparecieran por arte de magia. Ahora mismo, está ocurriendo el fenómeno de ¿cuál moneda utilizar? ¿Dólares, euros, pesos colombiano, bolívares? Aunque estos últimos ya no se ven. El comerciante los rechaza. Es decir, quien impone la moneda a utilizar en esta Patria malograda, es el ciudadano. Punto. Y ejemplos tenemos a granel. Las amargas experiencias, en cuanto al sistema económico se refiere, las llevamos a cuesta todos los días. Epa, y no voy a mostrar los millares de cartelitos de venta de rubros en las puertas de las casas en toda Venezuela. Ni el salario mínimo actual. Siento el dolor que recorre mi epidermis al manifestar lo que nos ocurre, pero como aseveró en su momento Gervasio Artigas: “Con la verdad ni ofendo ni temo”. Como poblador venezolano, es mi deber señalar las vivencias de nuestros compatriotas. Incluso, aquellos que vagan por otros países buscando el bienestar y la felicidad que le ofrecieron. Y para concluir mi comentario, yo, Alfredo Monsalve López, en esta tímida y aciaga situación país (tal como lo hizo el ya mencionado Emparan), renuncio a la “organización”. Tal vez otro venezolano lo haga mejor. Por lo que estamos pasando, cabe una pregunta obvia: ¿Quién está primero, la “revolución” o el ciudadano? Se abre el debate para una verdadera reflexión. Y … a cuidarse pues.

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@monsalvel

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