Venezuela: las huellas de la insolencia

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“Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo” Sófocles.

En las décadas de los años 70, 80, 90 y primeros del siglo XXI, Venezuela estuvo cubierta de riqueza en todos los ámbitos. Los políticos de turno hicieron de las suyas. Las arcas fueron a dar a quienes tenían el poder político. La pobreza se desparramó en la espiral de la bonanza. Había bienes de servicios. Sí,pero mal administrados, Allí estaban. Funcionaban a media máquina. Hoy, después de 20 años, vamos hacia lahondonada. No queda nada sano. La paranoia se debate entre tomar como rehenes a los hombres y mujeres que recorren las calles en busca de sobrevivencia, o dejarlos que anden a su merced. La alucinación de apodera del país. Para los ciudadanos que merodean los organismos públicos, “pescando” una ayudita que les satisfaga sus derechos, no ven que llega la luz al final del túnel.

Cuando se escucha a un recién nombrado ministro decir que “Aumentamos salarios porque empresarios suben precios” (Piñate, 2018); o “Si quitamos el control de cambio, nos tumban” (Isturiz, 2018), no podemos dejar de pensar que el modelo que quieren para el país, es demoledor. No hay otra lectura. Si no, revisemos esta lista: calles, aceras y avenidas en deplorable estado; hospitales donde muchos pacientes fallecen por falta de medicamentos; hogares con racionamientos de electricidad y agua potable (ésta última en muchos hogares les llega color tierra); transporte público totalmente patético, donde niños, ancianos, hombres y mujeres tienen que montarse en camiones exclusivos para animales; el “bajarse de la mula” (corrupción), es una rutina diaria en muchísimas instituciones del Estado; diáspora de venezolanos hacia otros países buscando mejor calidad de vida; “matraqueo” de muchos funcionarios públicos; escasez de alimentos básicos en todo el territorio nacional; hogares que cierran sus puertas (muchas son rejas) a tempranas horas por la inseguridad que les acosa; niños y jóvenes dejan sus aulas de clase porque están obligados a colaborar con sus padres para el sustento del hogar; ciudadanos que dedican horas en una cola para surtir combustible en la nación petrolera que en otrora fue prestigio para el mundo; salarios de miseria que en ningún caso cubre la canasta alimentaria de la familia; una hiperinflación que destruye toda forma de subsistencia de los habitantes dela sociedad; invasión de viviendas deshabitadas por parte de personas carentes de viviendas; y  el etc. se pierde de vista.

Este lamentable panorama, que muchos miembros de la cúpula del régimen no quieren ver, o que no tienen la voluntad de satisfacer las necesidades de los ciudadanos, es público y notorio. Y lo que es peor, la argumentación que muchas veces esgrimen, se cae por su propio peso. Están allí. A la vista de todos. Finalizoesta nota con un pensamiento que creo pertinente para la ocasión: “Nadie puede transferir a otro más poder del que encerrare en sí, y nadie sobre sí goza de poder absoluto y arbitrario, ni sobre los demás tampoco, que le permitiere destruir su vida o arrebatar la vida o propiedad ajena”. John Locke.

El momento actual permite concluir que si hay huellas de insolencia y que las heridas nonos marquen para siempre. Punto. Queda abierto el debate. 

(Alfredo Monsalve López) /

alfredo.monsalve10@hotmail.com

@monsalvel