martes 26 mayo, 2020
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A pie, en cola, o en casuales unidades transeúntes emprenden su viacrucis

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Freddy Durán


Luego de la disposición emanada del Gobierno nacional de declarar toque de queda en dos municipios del estado, este martes santo el control de entrada y salida de vehículos se hizo más rigurosa.

Incluso un poco después del mediodía, a cien metros del elevado de Puente Real, se formó una congestión vehicular mientras los funcionarios policiales verificaban que los ocupantes de los vehículos llevasen tapaboca, y los camiones con mercancía cumpliesen con los permisos requeridos, entre ellos, la factura de los productos y las certificaciones comerciales.

La inminencia de los días centrales de la Semana Santa, más que resguardar a las personas en sus hogares, los obligó a adquirir lo fundamental para hacer llevadera la reclusión.

La circulación de vehículos seguía al mínimo, e igual la prestación del servicio urbano, estado las pocas unidades circulantes, el tope de pasajeros. En ciertos puntos de la ciudad, se veía un número nada insignificante de personas esperando por su respectiva ruta, o una compasiva «cola», un acto de generosidad muy raro hoy en día, mucho más cuando la paranoia por la enfermedad se acrecienta.

Conductores, pasajeros, y transeúntes llevaban en su gran mayoría tapaboca; algunos representados en simples trapos que se pusieron en la cara, y otros que si bien cubrían la cavidad bucal, dejaban al descubierto la nariz. Unos que pasaban por ser muy prevenidos, anulaban su protección, pues no se aguantaban las ganas de hablar en alta y ensalivada voz en una buseta, atestada de pasajeros.

Si bien la razón del desplazamiento se concentran en el abastecimiento de alimentos y otros productos de primera necesidad; ciertamente, muchos lo hacen por la necesidad de conocer cómo están sus seres queridos, pues fallas en internet, la telefonía, o en el flujo eléctrico, los mantienen por mucho tiempo incomunicados con ellos.

Otros aprovechan la cuarentena para ejercitarse en caminatas (Foto/Gustavo Delgado).

Otros que deben movilizarse son los trabajadores, cuya capacidad para transportar al personal, son limitadas, cuando no inexistentes, especialmente si habitan en las afueras de San Cristóbal. Uno que otro, lo hacen sencillamente para aprovechar la cuarentena ejercitándose con una buena caminata o trote.

A pie muchos cubren pequeños tramos, difíciles si son empinados, muy característicos de la capital tachirense. Otros bastante largos, que se extienden desde Palmira, Táriba, Paramillo, Capacho o El Corozo, cubiertos hasta en dos horas. Muchos no se amedrentan, y emprenden el camino tanto de ida, como de venida.

Otros penitentes

Propio de la Semana Santa, son las actividades de viacrucis, en las cuales una muchedumbre acompaña la representación de los pasos de Cristo rumbo a la Pasión y la Gloria; o la peregrinación, encabezadas por un sacerdote que lleva muy en alto el símbolo de la Cruz. Hoy en día, por decisión de El Vaticano, y en consonancia con las necesarias cuarentenas ordenadas por los gobiernos en muchos países, entre ellos Venezuela; ese tipo de celebraciones ha sido suspendido, mas no así los viacrucis íntimos.

Las procesiones de esta Semana Santa serán las que «se llevan por dentro» en muchos hogares, y la de aquellos penitentes habituales en las vías públicas de muchas poblaciones del Táchira, quienes cargan sus pensamientos de incertidumbre como su cruz, en un entorno de graves riesgos, que recorren con sus desgastados calzados.

Un cuadro de desgracias que incluye la agazapada inseguridad, el quedarse a la deriva en horas y lugares inconvenientes y no autorizados, el agotamiento por el cansancio en un intenso verano, a lo que ahora se suma un nuevo peligro, un enemigo invisible, y que puede viajar silencioso sobre su humanidad para causar desgracias en otros lugares.

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