viernes 21 enero, 2022
InicioRegionalHay que recorrer caminos para conseguir productos vegetales a precios accesibles

Hay que recorrer caminos para conseguir productos vegetales a precios accesibles

679 views

Que un kilo de tomate varíe de seis mil bolívares a 18 mil, el mismo día, no parece lógico. Que el precio de las frutas, como la lechosa o la guayaba, tenga proporcionalmente la misma variación, no tiene explicación, aparentemente. Pero eso está sucediendo acá, en San Cristóbal.

No solo la hiperinflación desenfrenada está agotando la economía familiar del venezolano, es decir, la que nos mueve a organizar los presupuestos contando los “realitos” de que disponemos para calcular qué y cuánto vamos a comprar, para nuestro quehacer doméstico de la alimentación.

Detrás de ese fenómeno inflacionario, o mejor, simultáneamente con él, se mueve la tenaza de otro aspecto, como lo es la de los precios que establecen a motu proprio los mercaderes, sin control racional.

Hoy día, la compra de alimentos, en particular de los vegetales que se requieren para la dieta diaria, se hace en los puestos llamados “ferias de hortalizas”, los mercados ocasionales a cielo abierto que se establecen en diversidad de puntos distintos de la ciudad.

Son decenas de  mercaditos que se reparten en toda la ciudad, con la oferta de productos del campo, básicamente. A esos sitios, con la esperanza de conseguir mejores precios que en los mercados formales, acude la gente a hacer sus compras. Muchos adquieren lo que necesitan, y pagan sin más ni más, independientemente de que tengan o no el llamado punto de venta.

Pero quienes prefieren recorrer y buscar en varios sitios, cotejando precios, se dan con una realidad que justifica la búsqueda, para la cual, por supuesto, se debe disponer de vehículo: La diferencia abismal de precios de los productos entre los sitios de venta, no tiene relación lógica.

Mejores precios

Este sábado recorrimos, en efecto, varios puntos de venta, desde Palo Gordo hasta el conocido como mercado de Dimo, en la prolongación de la Quinta avenida, en La Concordia. En un principio, por ejemplo, como se dijo al empezar, el tomate se ofrecía a 18 mil bolívares el kilo; el pimentón a 12 mil. Papa y cebolla de cabeza, a diez mil. Frutas como lechosa, patilla y guayaba, a siete y ocho mil bolívares.

En el punto instalado en una a urbanización, por ejemplo, al preguntar por los precios, decían: “de la patilla pa’rriba, a cinco mil el kilo de lo que agarre. Y pa’bajo, a diez mil”. El sitio donde estaba la patilla era el punto que dividía la pendiente donde estaba organizada la muestra de los diferentes productos a la venta. Eran dos precios, nada más. Pero tomate, cebolla, papa y otros, estaban a diez mil.

Pero los mismos productos se conseguían en otras partes, a menos precio, incluso a veces a menos de la mitad. En Dimo, tres vendedores consecutivos, ofrecían el tomate a siete, ocho y nueve mil bolívares, respectivamente. Otro vendedor lo tenía a doce mil, e incluso en un tercer puesto, pedían catorce mil.

¿Por qué semejante diferencia? Uno de los vendedores explicó que todo dependía del precio al que se lo compraran al “camionero”. Esa, al parecer, es la medida.

Igual, a precios bajos, se conseguía lechosa a cuatro mil el kilo, guayaba a dos mil quinientos; plátano, de siete mil, en los sitios caros, a 3 mil quinientos; pimentón a siete mil; zanahoria de cinco y seis mil bolívares, a tres mil; papa hasta en 5 mil, y así sucesivamente.

La conclusión es, sencillamente, que se debe organizar un tour completo para obtener los mejores precios a la hora de comprarlos.        

Humberto Contreras

- Advertisment -